La escapada mexicana de Marichalar

Viajó al país latinoamericano para inaugurar una nueva sastrería de la que es socio y acudió a ver torear a Enrique Ponce.

  •  Jaime de Marichalar (dcha.), junto a Federico Zanolla
    Jaime de Marichalar (dcha.), junto a Federico Zanolla
Madrid.

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15 de noviembre de 2018. 23:39h

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Carmen Duerto.  Madrid. 15/11/2018

Jaime de Marichalar, el ex duque de Lugo, aunque en la intimidad sea un hombre «quisquilloso» con la Familia Real, en público tiene mucho que agradecerle a su ex familia política porque aún vive de los réditos que adquirió al vincularse con la Infanta Elena. Ahora pasea por el mundo su egregia figura, dada su condición de socio de una firma textil que crea trajes de hombre y quieren situarse como los Savile Row hispanos.

Pues bien, Marichalar felicitaba a su ex suegra, la Reina Sofía, vía «what's app» y luego ponía rumbo a México. Tenía dos motivos para cruzar el charco, el primero por negocios, para inaugurar en el centro comercial Palacio de Hierro Polanco una tienda de «Bcorner» de la que es socio. El lunes en México no tuvo inconveniente en posar en el «photocall» que le habían preparado. En España siempre se niega a hacerlo. En México le recibieron como una figura casi «regia» y eso le debió llevar a aceptar posar con una llamativa corbata, que recordaba el punto de color naranja que le puso su ex suegro al último posado gris en la escalera de La Zarzuela con motivo del almuerzo por los 80 años de Doña Sofía.

El otro motivo que Marichalar tenía para viajar era acudir a la inauguración de la temporada taurina en la Monumental de México. El empresario pudo cesar en su convivencia con la Infanta Elena, pero no por ello abandonar su afición por la fiesta nacional. Y tal y como informa a LA RAZÓN desde México la abogada y aficionada taurina, Lizzete López Fernández, que estaba presente en la plaza de toros a poca distancia del padre de Froilán, «el domingo La Plaza México inauguró la temporada grande con un cartel a la altura: el rejoneador portugués Diego Ventura, el español Enrique Ponce y los mexicanos Octavio García y Luis David Adame. Don Jaime asistió, aparentemente solo». Al parecer, Ponce «pasó con más pena que gloria ante un público mexicano que le recibió y despidió entre pitidos. Al finalizar la corrida –según nos informa Lizzette López– observé desde la barrera, donde yo me encontraba, que Marichalar se retiraba por el callejón, sin compañía y vistiendo un jersey de punto verde olivo de pico con bies y botones en combinación con un pantalón oscuro. Allí esperó a que la salida de la plaza de toros estuviese desahogada para retirarse con calma y sin levantar la mirada del suelo del callejón». Posiblemente aprovechó para saludar a Ponce. No es raro verle en las plazas de toros, sentado junto a Don Juan Carlos o Doña Elena comentando las faenas.

Gran regalo

Los toros y la moda son dos pasiones de Marichalar. Recordar que ocho años después de haberse casado en la catedral de Sevilla, a cuya boda acudió Bernard Arnaud, recibió un gran regalo del grupo LVHM, al ser normbrado consejero delegado de Loewe. La firma fue comprada por el holding de lujo un año después del enlace en 1995. Hace unos meses el propio Jaime de Marichalar explicaba en la revista «Vanity Fair» que se asoció con unos amigos porque su modisto de cabecera, Antonio Díaz, murió y andaba perdido porque «necesitaba un buen sastre».

El hombre para el que «la elegancia es una actitud» y al que no le gustan ni el negro ni seguir las modas y odia las tendencias, es un visionario. Su imagen vistiendo unos pantalones estampados subido a un patín bajando la madrileña calle Ortega y Gasset, seguido a la carrera por sus guardaespaldas es, quince años después, tendencia. Madrid está inundado de patinetes y los paramecios llevan la firma «low cost» Zara, que es, a su vez, otra de las pesadillas de Marichalar, las marcas de bajo coste que copian.

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