Los Alba terminan el año con la herencia repartida

Dos años después de la muerte de Cayetana, un 20 de noviembre de 2014 en Sevilla, podemos afirmar que los hijos y el viudo han cerrado el frente abierto con el testamento de la Duquesa, aunque la relación entre ellos es distante.

Los seis hijos de la Duquesa de Alba, el viudo, cuñados y nietos, en el funeral de Cayetana

Dos años después de la muerte de Cayetana, un 20 de noviembre de 2014 en Sevilla, podemos afirmar que los hijos y el viudo han cerrado el frente abierto con el testamento de la Duquesa, aunque la relación entre ellos es distante.

Después del susto inicial, recién fallecida Cayetana, cuando nadie esperaba encontrarse con un testamento con el que no contaban, que no tuvo más consecuencias porque era antiguo y quedó invalidado, se pasó al reparto de «flecos». Sobrepuestos del susto, los herederos de la Duquesa, que siguen sin estar bien avenidos, se pusieron a tratar el espinoso tema de qué hacer con la cantidad de muebles, pinturas y cientos de objetos que Cayetana acumulaba en sus palacios y que no habían sido repartidos en vida y tampoco estaban inventariados, como propiedad de la Fundación Casa de Alba, que es el organismo que reúne el grueso del patrimonio de la Casa y es el legado que se pasa de duque de Alba a duque de Alba.

Cayetana no es que tuviera el síndrome de Diógenes, es que le gustaba comprar y comprar, desde un Renoir a unas flores de plástico, no le hacía ascos a nada. Y son esas «pequeñas cosas», que sólo los ricos en patrimonio pueden calificar sin enrojecerse como de «menores», las que han tardado dos años en terminar de repartir. Con la llegada del otoño, los herederos se llevaron sus lotes de «flecos» a casa y al viudo se le hizo su transferencia de dinero en metálico. Con este desenlace se acaba el reparto de la herencia que dejaba Cayetana de Alba en noviembre de 2014, cuando fallecía en Sevilla.

Y por qué tanto tiempo, se preguntarán. Porque había que hacer seis lotes equitativos de múltiples objetos de muy diversos valores y no siete, pues Alfonso Díez prefirió no llevarse ningún lote en especie para que tales recuerdos quedaran sólo a recaudo de los hijos y a él se le ha pagado en «cash», una vez hecha la valoración de su séptima parte. Tan sólo se ha quedado un fleco suelto, más bien una madeja, pero de ese no hay fecha de solución porque el desenlace no depende de los seis herederos, sino de que aparezca un comprador fiable. Nos referimos al cuadro «Mujer con sombrero de cerezas», de Renoir, que lleva coleando desde 2011, cuando Cayetana repartió el grueso de la herencia en vida, para que los hijos cediesen ante sus deseos de casarse con Alfonso. Se trataba de los bienes materiales que quedaban fuera de la jurisdicción de la Fundación Casa de Alba y del viudo, de ahí lo del reparto a seis. Las tierras, fincas, acciones, casas y joyas las asignó directamente Cayetana a cada uno de sus herederos en vida, igual que el Renoir, pero el cuadro necesitan venderlo bien para poder repartir ese dinero entre los seis hijos.

Para organizar los lotes de una forma equitativa se contó con una casa de subastas de reconocido prestigio y para calcular el dinero en metálico con el que saldar cuentas con Alfonso Díez, se necesitó de la gestión de los abogados de ambas partes. Alfonso, al parecer, no ha querido involucrarse en esas cuestiones crematísticas y ha delegado en su abogado de confianza. También afirman que se ha portado como un caballero y que mantienen la cordialidad con él. Aun así, en el último funeral en Sevilla en recuerdo de Cayetana, su viudo no se alojó en Dueñas, donde montó su gimnasio en el garaje y criaba gallinas, sino en el hotel del duque de Segorbe en las Casas de la Judería. Se mantiene el hermetismo sobre la cantidad cobrada en metálico mediante transferencia por Alfonso Díez. Hay fuentes que indican que ha podido llegar a un millón de euros por año que estuvo casado, lo que podría dar una cifra que supera los tres millones. De esta forma, Alfonso cierra una etapa, que inició hace más de 37 años cuando conoció a Cayetana y con la que entonces jamás pensó que se casaría.

El patrimonio de la Casa de Alba se ha ido forjando enlazando por matrimonio más de 50 títulos que han ido aportando el patrimonio acumulado que hoy forma la Fundación Casa de Alba. Esa ingente cantidad de propiedades requiere a un personal cualificado para su mantenimiento, seguros, conservación y medidas de seguridad, que garanticen el buen estado que han tenido en vida de Cayetana de Alba, una mujer con fama de austera por formación y también por obligación para mantener su costoso patrimonio inmovilizado.

Me pareció curioso, un día estando en el palacio de Liria, en Madrid, que tuvieran las fuentes de la entrada principal paradas y a eso de la una de la tarde se pusieran de repente en marcha. Me explicaron que la duquesa estaba a punto de llegar y que sólo se encendían cuando entraba o salía Cayetana para no gastar. Aunque luego me contaría, a lo largo de una entrevista que mantuvimos, que de vez en cuando se daba pequeños caprichos como tener un coche tirado por mulas para pasearse por la Feria de Sevilla o pagarle billetes de avión a las tortugas para que viajasen con ella en un asiento cercano.

Carlos Fitz-James Stuart Martínez de Irujo, 19º duque de Alba, es consejero delegado de varias sociedades culturales y familiares, presidente de Hispania Nostra, el Instituto Valencia de Don Juan y presidente de la Fundación Casa de Alba, una entidad dedicada a la cultura constituida el 14 de mayo de 1975 por Cayetana Fitz-James Stuart para salvaguardar su importante patrimonio, que incluye los palacios de Monterrey en Salamanca y Liria en Madrid. Hay que decir que el palacio de Dueñas, en Sevilla, le correspondió al primogénito en el reparto de la herencia en vida de doña Cayetana. Atribuirle esa propiedad a su hijo mayor, Carlos, le produce una incomodidad tremenda al duque, que siempre se encarga de aclarar «que Dueñas me lo dejó mi madre a mí, no a mi hijo». A los palacios hay que añadir las colecciones de pintura, mobiliario, tapices, esculturas y la biblioteca de donde salió uno de los documentos que la Fundación Casa de Alba quiso vender en Londres hace unos años para conseguir liquidez, pero el Tribunal Superior de Justicia denegó la petición de exportación y venta. De esta forma, la carta manuscrita de Cristóbal Colón, valorada en 21 millones de euros, nunca podrá salir de nuestro país y la Fundación Casa de Alba, cuya gestión sólo le atañe al primogénito, deberá buscar otras vías de liquidez para la manutención de los bienes de la colección.

Han estado dos años los «flecos» coleando. Una herencia sin repartir que estaba compuesta por objetos y pinturas de Liria y muebles de Monterrey y que fue tasada tan elevadamente que se buscó una valoración más baja y de ahí es de donde salió el 26 por ciento del tercio de mejora que le correspondía a Alfonso Díez, como viudo de la duquesa de Alba. Ese caudal hereditario que quedaba por dividir en siete lotes ha sido repartido hace unos meses y sus propietarios ya han rendido cuentas con Hacienda por ese incremento patrimonial. Un patrimonio que Alfonso Díez incrementaba antes del verano, cuando su hijastro Carlos, el primogénito de Cayetana, hizo el último pago de la hipoteca que tenía la casa de Sanlúcar de Barrameda que Cayetana le regaló un año antes de fallecer. La casa rondó los 450.000 y se compró a plazos, unos pagos que, una vez fallecida Cayetana, asumió Carlos Fitz-James. «Es un compromiso personal que adquirí con mi madre antes de fallecer y yo me he encargado de pagar mensualmente la hipoteca». Una casita que costó además unos 150.000 euros con la reforma que le hizo el arquitecto amigo de la familia, Diego Noguera, y que ahora está a la venta. Alfonso siempre dijo que quería cobrar el dinero que le correspondía en metálico porque deseaba comprarse una casa más grande que el ático en el que vive ahora en el barrio madrileño de Chamberí. Igual para 2017 tiene como objetivo disfrutar de una casa nueva, dinero no le faltará.