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Los Alba ¿y una más?: María Josefa Fernández, la supuesta hija de la Duquesa

La saga ha terminado un año de subes y bajas. El enfrentamiento entre el jefe de la Casa y su hermano Cayetano se hace cada vez más evidente.

La saga ha terminado un año de subes y bajas. El enfrentamiento entre el jefe de la Casa y su hermano Cayetano se hace cada vez más evidente.

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Fue Jesús Aguirre quien hizo suya la frase «nosotros los Alba» para explicar momentos, situaciones y hechos vividos por la familia de su mujer que él se tomaba como propia. El segundo marido de Cayetana, la duquesa más duquesa en la jerarquía nobiliaria, lo utilizaba casi como un genérico y así se quedó como referencia. Sobre todo como aglutinador familiar, ya que los tres hijos mayores (Carlos, Alfonso y Jacobo) cambiaron el orden de los apellidos y los pequeños (Cayetano, Fernando y Eugenia) mantuvieron el Martínez de Irujo de Luis, el padre. De ahí que en estos momentos de distanciamiento entre los hermanos el «nosotros los Alba» sirva de hilo conductor para explicar cómo acabaron y empezaron este nuevo año los hijos de la duquesa con buenas, regulares y malas noticias. En el primer apartado, el noviazgo de Carlos, el segundo hijo de Carlos Fitz-James Stuart, con Belén Corsini, una joven discreta, inteligente y con un currículum académico espléndido. A este aspecto sentimental hay que sumar el éxito que supuso en 2018 la apertura del palacio sevillano de Dueñas al público. Una idea del actual titular de la Casa que no gustó a algunos de los hermanos.

Por otra parte, las noticias regulares han repercutido en los miembros de la saga nobiliaria de forma colateral aunque también de manera directa. La ausencia del controvertido empresario Fernando Palazuelo en la boda de su hija Sofía con Fernando, el heredero, supuso una complicación importante igual que los desencuentros entre algunos de «nosotros los Alba». Y quizá la noticia más desagradable haya sido la aparición de Josefa, una mujer de 75 años que asegura ser la hija secreta de la duquesa y, para demostrarlo, presentó el mes pasado una demanda de maternidad en un juzgado de Asturias. Este asunto puede ser uno de los temas más llamativos de este 2019 que acaba de empezar.

Cambian las relaciones familiares

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La desaparición de la matriarca, como sucede en muchas familias y más en las sagas carismáticas como ésta, marcó un antes y un después en la vida cotidiana de sus herederos, que se manifiesta públicamente en las fiestas más representativas y familiares como pueda ser la Navidad. Aparentemente los dos primeros años sin Cayetana se mantuvo la tradición. El nuevo duque invitaba a todos sus hermanos, sus parejas y sobrinos, que acudían a la cena de Nochebuena y después asistían a la Misa del Gallo en la capilla del palacio de Liria. Esta costumbre la ha mantenido Carlos Fitz-James Stuart igual que la ceremonia en recuerdo de su padre y, desde este año, también a la duquesa. De hecho, esta liturgia fue uno de los desencuentros más importantes entre el primogénito y Cayetano Martínez de Irujo, que organizó un funeral en Sevilla al que no acudieron ninguno de los hermanos. El duque de Alba como titular de la Casa lo hizo de otra manera que no gustó al conde de Salvatierra. Carlos, un hombre que ha hecho de la discreción su santo y seña, tampoco está muy de acuerdo con algunas de las declaraciones públicas que realizó el que fue el hijo preferido de Cayetana. Cuando había que manifestarse con respecto a esa falta de unidad entre hermanos lo explicaba muy sutilmente: «Las cosas han cambiado y es cuestión de acostumbrarse, nada más».

Esos cambios fueron, quizá, mucho más llamativos este año, donde los sube y baja de «nosotros los Alba» han sido más habituales. No hubo reuniones familiares con todos los miembros de la saga. Cayetano se marchó a Kenia como todos los años y después, el 31, organizó una fiesta de fin de año en su finca Las Arroyuelas con flamenco. Eugenia estuvo pendiente de su hija hasta que le dieron el alta médica. Una vez repuesta Tana, se marchó con su padre a Sevilla para repartirse las fiestas como todos los hijos de parejas divorciadas. La duquesa de Montoro prefirió compartir estos días con Narcís Rebollo y su familia, como ya hizo el año pasado. Su hermano mayor los invitó a ambos al palacio de Liria, pero declinaron el encuentro familiar. El actual jefe de la Casa Alba simpatiza con el novio (o marido) de Eugenia, al que considera un hombre hecho y derecho que le ha dado tranquilidad y sosiego a su hermana y reconoce que ya tiene su vida independiente.

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Quizá el más apegado al duque sea Fernando, que sigue viviendo en Liria. Así lo dejó dicho la duquesa y así lo ha mantenido Carlos, que sabe que su hermano es el menos conflictivo y se amolda a todas las circunstancias. Es un nexo de unión invisible: «A mí no me gustan los conflictos y procuro evitarlos», decía hace un mes cuando Eugenia destapó uno de los secretos familiares contando por primera vez lo mal que lo pasaron con Jesús Aguirre, el segundo marido de su madre, sobre todo, los más pequeños (ella y Cayetano). En cuanto a Jacobo y Alfonso, la relación con el resto y entre ellos se ha vuelto muy inconstante. No les gusta la presencia mediática y tienen su propio entorno familiar al margen de «nosotros los Alba».