Los problemas de impuestos de Meghan Markle

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15 de abril de 2018. 23:55h

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15/4/2018

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Después de su boda con el príncipe Harry, Meghan Markle obtendrá un título nobiliario (los expertos indican que será duquesa de Sussex), su familia recibirá un escudo real y disfrutará del lujoso estilo de vida de su esposo, cuyo padre cubre todos sus gastos y que además percibe cerca de 450.000 euros anuales de la herencia que dejó su madre, Diana de Gales. La ex actriz aporta su propia fortuna al matrimonio, valorada en casi cinco millones de euros (llegó a cobrar hasta 50.000 por cada episodio de «Suits»). Pero tanta bonanza podría ser la causa de un gran quebradero de cabeza para ella y para la familia real británica, cuyo patrimonio se vería escrutado por el Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

El «Wall Street Journal» publicó este fin de semana un artículo en el que la periodista Laura Saunders ofrece consejos financieros a Markle. «¡Felicidades por encontrar a tu príncipe azul! No quiero ser el hada mala de la fiesta, pero tenemos que hablar seriamente sobre tus impuestos», escribe Saunders, y pasa a enumerar los problemas a los que podría enfrentarse la futura duquesa. Según explica, los estadounidenses que residen fuera de su país deben pagar sus impuestos en Estados Unidos, aunque sus ingresos se produzcan en el extranjero. Markle estará al tanto de esta norma, puesto que vivió durante años en Canadá mientras rodaba la serie, pero ahora que se casará con un británico la situación se complica.

Por ejemplo, aunque Markle y Harry no pagan nada por vivir en Nottingham Cottage, su hogar dentro del Palacio de Kensington, ella tendrá que declarar el valor de la residencia. Más aún, si Isabel II le regalara o prestase una joya –una tiara para lucir el día de su enlace, por ejemplo–, también tendría que notificar al IRS. Lo mismo se aplica para cualquier tarjeta de débito o crédito vinculada con una cuenta bancaria del príncipe en la que tenga más de 10.000 dólares (8.000 euros).

Renunciar a su nacionalidad

Según Saunders, no se verá necesariamente obligada a pagar tasas más altas por estas normas, pero sí se enfrentaría a enormes multas en el caso de dejar de declarar algún ingreso, aunque sea por error. Una opción para librarse del problema es renunciar a su nacionalidad estadounidense una vez que obtenga la británica, pero el proceso podría tardar entre tres y cinco años. Así, al menos a mediano plazo, la pareja tendrá que prestar especial atención a su declaración de impuestos. Además, en caso de que deje de ser estadounidense deberá pagar uno llamado «tasa de salida» que se aplica a cualquier persona con bienes valorados en dos millones de dólares (1.600.000 euros) o más.

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