Luis Alfonso, un nacimiento para olvidar una muerte

  • Luis Alfonso de Borbón y María Margarita Vargas, en un acto de la Fundación Querer
    Luis Alfonso de Borbón y María Margarita Vargas, en un acto de la Fundación Querer

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02 de febrero de 2019. 04:33h

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Paloma Barrientos.  2/2/2019

Nació el 25 de abril de 1974, el mismo día en que en Portugal se conmemoraba la Revolución de los Claveles. El pasado 30 de enero se cumplieron 30 años de su muerte en Vail, una estación de esquí en Estados Unidos. Un accidente calificado por todos los que le conocieron de inexplicable. El cable que segó su vida nunca tendría que haber estado en ese lugar. Una tragedia más en la vida de un niño de catorce años muy unido a su padre. Tenía todas las papeletas para haber sido un joven conflictivo y un adulto resentido. A los cuatro años, sus padres se separaron y se quedaron bajo la custodia del duque de Cádiz. Un hombre triste que rememoraba el abandono que padeció de niño cuando sus padres, el infante don Jaime y Emanuela Dampierre se divorciaron. «En ninguno de los nuevos hogares de mis padres teníamos sitio Gonzalo y yo», afirmó el duque. En cambio Luis Alfonso estuvo arropado por la familia de su madre y de ella desde la lejanía de París. La muerte del hermano le volvió más retraído. «Durante mucho tiempo continuó hablando de Fran como si estuviera vivo y no quería que se tocasen sus cosas», contaba Manuela Sánchez Prat, la «seño», que siempre estuvo a su lado. Seis meses después murió la hija de Jean Marie Rossi en accidente náutico en Bahamas. Al enterarse de la nueva adversidad, la tía Mariola dijo: «Son demasiadas desgracias para un niño tan pequeño. Ojalá se recupere pronto».

Aún quedaba la gran convulsión. La muerte de su padre. Ese día el médico de la familia, García Lestache, tuvo que administrarle un sedante. Resultó impactante observar cómo mantuvo el tipo en el funeral presidido por los Reyes en las Descalzas Reales. La clave la volvió a dar el doctor: «Es un chico muy entrenado en la adversidad, por eso es tan fuerte. El destino le ha puesto sus condiciones antes de tiempo, pero es recio y duro. Saldrá adelante». La predicción se cumplió. En contraposición a esa manera sombría de ver la vida del duque de Cádiz, el hijo es lo contrario. Un hombre optimista que apostó por la felicidad y la encontró en Margarita Vargas. Con ella ha formado un hogar feliz que en breve ayer aumentó con la llegada de su cuarto hijo. Como ya sucedió con los anteriores alumbramientos, el bebé ha nacido en Estados Unidos. La primogénita Eugenia lo hizo en Miami, los mellizos en Nueva York igual que lo hará el recién nacido que, según confirmaron los padres, es un varón. El matrimonio tiene un apartamento en Manhattan donde también se ha instalado Carmen Leonor, la madre de Margarita.

Es vicepresidente del Banco Occidental de Descuento de Venezuela cuyo dueño es su suegro. Tras su matrimonio la pareja vivió en Caracas enclaustrados y rodeados de guardaespaldas. El día que se mudaron a Madrid sabían que a cambio de esa libertad, él tendría que viajar a menudo a Venezuela.

Llevan doce años casados. El décimo lo celebraron con una gran fiesta ambientada en los años 20 en una finca cercana a Madrid. No hubo exclusiva. Cada vez que hay un acontecimiento importante ceden las imágenes. Lo hicieron con la boda. El barón de Alacuas, Federico Trenor, al que el duque de Cádiz nombró albacea, se encargó de la gestión para que nadie pudiera comercializar con la intimidad de su protegido. Su historia de amor comenzó por casualidad. Luis Alfonso acudió a una boda en Miami y allí conoció a Francisco D’Agostino que más tarde se casaría con Victoria Vargas, hermana de Margarita. En el enlace de los que hoy son sus cuñados conoció a su mujer que tenía 17 años y aún iba al colegio. No había WhatsApp, pero si correo electrónico y empezaron a escribirse. Viajes de ida y vuelta del duque de Anjou. Al cabo de los años, Margarita tenía 21, decidieron casarse. Una boda en Dominicana donde los padres de Margarita superaron las expectativas que se espera de una gran fortuna.Todos estos años han servido para demostrar que Luis Alfonso planteó su vida al revés que su padre, que no pudo o no supo ser feliz. El duque de Anjou aparcó un pasado complicado de tragedias e infortunios para dar gracias a la vida.

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u historia de amor comenzó por casualidad. Luis Alfonso acudió a una boda en Miami y allí conoció a Francisco D’Agostino que más tarde se casaría con María Victoria Vargas, hermana de Margarita. Fue un flechazo. Margarita tenía 17 años y aún iba al colegio. Al cabo de los dos años decidieron casarse en Dominicana, en la urbanización La Romana.

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