Prisionero de la calle

«Aplaudo a Francia por no doblegarse a las exigencias del presidente iraní en su visita»

  • Lomana, en la fiesta «Mujerhoy» en el Casino
    Lomana, en la fiesta «Mujerhoy» en el Casino

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30 de enero de 2016. 19:35h

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31/1/2016

Tengo un amigo muy sevillano y muy gracioso, que es un verdadero zascandil. Dice que está prisionero de la calle. Me hizo mucha gracia esa contradicción –prisionero y calle– pero es cierto que sólo entra en su casa para dormir y, a veces, ni eso. En España, al contrario de nuestros vecinos europeos, lo habitual es salir –paseos, terrazas, el café con la partida de amigos, teatro, ci-ne–; lo extraordinario es quedarse en casa. Ese no parar, en parte se lo debemos al buen clima, pero también a una herencia árabe. Si ustedes han bajado a Marruecos habrán podido observar la cantidad de personas que deambulan todo el día sin nada que hacer. Pasean, se reúnen en corrillos, hablan, fuman el shisha, que también se llama cachimba, narguíle y otros muchos nombres, dependiendo del lugar, y así pasan la mayor parte del tiempo. La primera vez que fui a Fez observé lo parecidos que somos a la hora de pasear.

Hace tiempo, cuando yo era adolescente, en muchas ciudades españolas había un paseo donde la gente hacía kilómetros paseo arriba, paseo abajo... Ahí te cruzabas con el chico que te gustaba. Siempre íbamos en pandilla, ellos también, y empezábamos a coquetear, a mirarnos y no fallaba. Normalmente, terminabas ligando con él. Era todo muy naif y sencillo. En Fez, sucedía exactamente igual en el paseo con miraditas, ya que en Marruecos la mayoría de la población es bereber y no tienen ningún problema para relacionarse hombres y mujeres de una forma natural. Una mujer bereber jamás lleva su cara tapada. Por tradición, siempre son más libres y modernas y no suele existir la poligamia entre ellos. Todo lo contrario ocurre en la cultura árabe, por lo que mucha gente mete a todos en el mismo saco y no es así: los árabes llegaron a Marruecos con el califato Omeya y fundaron la ciudad de Fez en el siglo VIII (789) y su famosa universidad, del siglo IX (859), considerada la más antigua del mundo. En su biblioteca se encontró hace unos años un libro de memorias escrito en rojo que resultó ser del último rey nazarí, Boabdil, derrocado por los Reyes Católicos y obligado a rendir Granada el 2 de enero de 1492. Los nazarís siempre escribían en tinta roja y aquellas memorias encontradas eran de una enorme añoranza y melancolía del Al Andalus y, especialmente, de Granada. Se sabe que en su exilio la familia nazarí se instaló en Fez, por lo cual es bastante fácil deducir que eran las memorias desde el exilio de Boabdil. De la madre de este rey es la famosa frase, cierta o no, de «llora como un niño ya que no has sabido defender Granada como un hombre». Antonio Gala inspirándose en esto, escribió un maravilloso libro, que les recomiendo, llamado «El manuscrito carmesí».

Y ya que esta crónica se me ha ido por derroteros árabes, quiero aplaudir una vez más a Francia y su dignidad, al no doblegarse a las exigencias del presidente iraní Hasán Rohaní de que no se sirviese alcohol en la mesa y la comida fuese «halal» para cumplir con el protocolo musulmán en el almuerzo previsto con Hollande. Dicha comida fue cancelada después de que las autoridades francesas se negasen a cumplir las exigencias de sus invitados. ¿Se imaginan ustedes que nosotros fuéramos a Irán y en un almuerzo oficial pidiésemos paella y tintorro? ¿Y que nuestras mujeres fueran vestidas con pantalones y faldas cortas, según nuestras costumbres? Bravo por Francia y sus mandatarios sin complejos.

No así al Gobierno italiano, que ha sido capaz, para satisfacer a estos impresentables, que todavía se dedican al macabro sistema de ejecuciones públicas y ahorcamientos, de cubrir todas las maravillosas estatuas con desnudos en los museos capitolinos de Roma para no escandalizar a este inmoral en su recorrido por ellos. A esto lo llamo yo doble moral porque, después de tratar con muchos musulmanes, puedo decir que ellos y ellas, en sus fiestas privadas, se ponen ciegos a beber. Especialmente, en las altas esferas, cuando viajan a otros países. Eso lo sabemos bien los que pasamos el verano en Marbella...

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