Una herencia millonaria que congela la sonrisa a sus familiares

No han transcurrido ni tres días desde la muerte de Lina Morgan y ya comienzan a desatarse las polémicas en torno a su herencia y a sus desencuentros familiares. Los que conocimos muy bien a la artista sabemos que no se hablaba con la poca familia que le quedaba y que en vida ya pidió a Daniel Pontes, su hombre de confianza, que en el día de su muerte impidiera la entrada de esos familiares a su capilla ardiente. Y eso es lo que sucedió el jueves en el Teatro La Latina. La orden era muy clara: «Esas personas no pintan nada aquí». «Si los descubrimos dentro o alguien nos avisa de su presencia tenemos que pedirles que abandonen inmediatamente el recinto, porque no son bien recibidos. Eso sí, hay que evitar cualquier escándalo a la vista de todo el mundo», nos desvela uno de los responsables de la seguridad de ese día.

Lina era la cuarta de cinco hermanos, y se llevó muy bien con la tercera y con el quinto, Julia y José Luis. No así con el resto. Según personas cercanas a la actriz, «Lina nunca perdonó al resto de sus hermanos que chantajearan económicamente a su madre, aunque también se dice que la artista simplemente quiso enterrar su infancia infeliz».

Marcadas por las drogas

Una sobrina nieta de la fallecida, Estefanía Ruiz (cuya madre era Carmen, la hija de Emilio López, hermano de Lina), explicó en su día en una publicación que su madre, su hermana Olga y ella iban al teatro invitadas por su tía y que la relación se rompió cuando su progenitora pidió ayuda a la tía Lina al separarse de su padre. La artista se ofreció a adoptarlas a cambio de darle una vida cómoda a Carmen y parece que ésta se negó y nunca más volvieron a tener contacto. Las vidas de estas tres familiares no han sido fáciles. Están marcadas por ciertas adicciones e incluso se llegó a hablar de abusos sexuales y de drogas.

Otro sobrino, Julio López, intentó ver a su tía en el Hospital Beata María Ana en diciembre de 2013, un mes después de su ingreso, y Pontes, por orden de su jefa, le impidió la visita. Daniel manifestó entonces a varios medios que tenía en su poder los documentos legales que demostraban que era el tutor legal de Lina Morgan y que ella no deseaba ver a sus sobrinos. Además, censuró que Julio hablara con los medios antes que con él, porque «le habría dado las explicaciones oportunas». Julio y su tía llevaban muchos años sin tener el menor contacto y hay quien se hace eco de un episodio familiar en el que el primero solicitó ayuda económica a Lina para la operación de su hijo. Dicen que fue José Luis, el hermano de la fallecida, quien, al negarse ésta a costearla, pagó todos los gastos a sus espaldas. Y cuando ella se enteró puso el grito en el cielo.

Otro sobrino, Emilio, estuvo trabajando para la empresa de reformas y decoración de la que eran socios Lina, su hermano José Luis y Ángel Gutiérrez, por entonces gerente del Teatro La Latina, y, según nos cuentan, podría haber sido despedido por «su actitud conflictiva». En total, nos indican que serían seis los familiares directos de Morgan, entre sobrinos y sobrinos nietos, los que se han quedado fuera de la herencia.

De «tonta del bote», nada

En cuanto al testamento, nos llegan cifras contradictorias. Unos estiman que son unos cuarenta millones de euros, cantidad que parece desorbitada, mientras que otros hablan de diez, que tampoco se ajusta a la realidad, porque, como ya publicamos en su momento en este diario, Lina Morgan recibió sueldos millonarios por sus apariciones en televisión: seis por la serie «Compuesta y sin novio» y 300.000 euros por cada uno de los 70 episodios que se emitieron de «Hostal Royal Manzanares». Es decir, 21 millones por toda la serie. A estos ingresos se sumaría la venta del Teatro La Latina, que se cerró por más de 7 millones. Además, poseía una vivienda de 300 metros cuadrados en el barrio madrileño de El Retiro valorada en más de un millón doscientos mil, más una amplia colección de joyas y abrigos de piel.

El que fuera gerente de La Latina, Ángel Gutiérrez, que era despedido tras un duro desencuentro con su jefa, ha contado que «a Lina le gustaba mucho jugar dinero en casinos y, por poner un ejemplo, en quince días se gastó veintiocho millones de pesetas en el Casino Monte Picayo. A este respecto, lo único que puedo decir es que en noviembre de 2006, fecha en la que rompimos la relación laboral, ella tenía en el banco cuatrocientos noventa millones de pesetas». Gutiérrez asegura que «lo que explicó Julio de que Lina le negó el dinero para la operación de su hija es cierto. A Estefanía y a Olga me encargué de no dejarlas entrar en el teatro por orden de su tía, porque decía que sólo querían sacarle el dinero, que a su madre ya le habían sacado mucho, pero que ella no iba a darles ni un céntimo. Por otro lado, tampoco le gustaba recordar sus orígenes humildes y algunos familiares, con su sola presencia, hacían justo eso».

Entre sus herederos están algunas de las personas de su círculo íntimo, como el mismo Daniel Pontes y su personal de servicio de toda la vida, su chófer y la empleada del hogar. También recibirán parte de la herencia algunas entidades benéficas y religiosas con las que Lina colaboró a lo largo de su vida, entre ellas, la ONG Mensajeros de la paz, de su querido amigo y confidente padre Ángel, una iglesia del barrio de La Latina, en el que ella nació, y una congregación de monjas que tiene su sede en un edificio junto al domicilio de la misma Lina, en un barrio cercano al Parque de El Retiro. Lina Morgan fue la «tonta del bote» en la ficción, pero una mujer muy lista en la vida real. Lista y ahorradora.