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¿A qué llamamos Revolución del Vapor?

La introducción de esta tecnología tuvo lugar durante el siglo XIX

  • ¿A qué llamamos Revolución del Vapor?

Tiempo de lectura 4 min.

21 de agosto de 2018. 06:00h

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Jorge Alcalde 21/8/2018

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Se cuenta que el primer farero que contempló un barco de vapor en las costas irlandesas del cabo Clear dio la señal de alarma al confundir la columna de humo de la chimenea con un velero en llamas. No cabe duda de que el mundo estaba cambiando repentinamente y para siempre. Y el factor de cambio más radical en plena revolución industrial fue el transporte. De hecho, muchos expertos consideran que la introducción de la tecnología de vapor en las vías de transporte durante el siglo XIX es la aportación más determinante al desarrollo en toda la historia de la humanidad.

El protagonista indiscutible de este cambio es el ferrocarril. A pesar de que durante el siglo XVIII se habían realizado avances importantes en el tráfico rodado, el raíl del tren acaparó el mando de la revolución. La locomotora de vapor permitió prescindir de la lenta y costosa tracción animal, hizo que pudieran recorrerse distancias antes impensables, aumentó la velocidad de las comunicaciones y elevó la cantidad de mercancías transportables. Ciudades inconexas pudieron unirse por primera vez, mercados reducidos se expandieron por todo el mapa, se crearon nuevas relaciones comerciales, nuevos tratados de intercambio entre naciones. La fiebre se extendió por todo occidente. En 1830 solo Inglaterra utilizaba locomotoras de vapor y contaba con únicamente dos ferrocarriles. En 1832, Francia tendió sus primeros 50 kilómetros de vía férrea y en 1835 Alemania se unió a la moda con cuatro kilómetros de raíl. Bruselas, Rusia, Italia, Sajonia... España creó su primera línea férrea en la colonia cubana, entre La Habana y Bejual, en 1837.

Para el año 1870 Europa contaba con 100.000 kilómetros de vías férreas. En Inglaterra ya era posible viajar de Edimburgo a Londres en 12 horas.

Si en tierra el mundo cambiaba «a todo vapor» en el mar ocurría lo mismo. Los primeros modelos de navegación a vapor aparecen en 1830. En 1838 arriban al puerto de Nuevo de York los primeros y precarios barcos de vapor modernos. Pero en el caso de la navegación la evolución fue algo más lenta. Hasta 1870 los vapores no fueron capaces de superar en velocidad real a los barcos de vela. El avance fue posible por la incorporación de los primeros cascos metálicos que permitían una mejor adaptación de las hélices y con el diseño de barcos de mayor eslora. Rutas antes impracticables se hicieron más seguras y aparecieron los primeros correos capaces de navegar larguísimas distancias de manera eficiente. El mar también se beneficiaba de la revolución del vapor.

¿Qué forma tiene una lágrima?

La lágrima es una acumulación de líquido. En el minúsculo espacio de un lagrimal ocurre algo similar a lo que pasa en la boca de un grifo mal cerrado. El agua se acumula y crea una gota cada vez más y más pesada. Eso hace que la masa de líquido se desprenda a muy lenta velocidad. Durante unos instantes, mientras el peso de la gota no es suficientemente grande, las moléculas de agua permanecen pegadas a las moléculas de humedad del grifo. La gota se estira y cuelga justo unos instantes antes de caer. La parte superior de la gota contiene menos agua, como cuando llenamos de líquido un globo. Una lágrima, o una gota de grifo, es realmente un minúsculo globo de agua relleno de más agua. De ahí su peculiar forma.

¿A qué llamamos Revolución del Vapor?

¿De qué colores puede ser una playa?

Depende de algunas características de su arena: Lo fina que es, el lugar de la costa donde se deposita el material, el viento dominante en la zona, la inclinación con que se acumula, la dureza de la roca que conforma la costa...

El tono suele ser el de las rocas del entorno, que son arrastradas por el viento, y el de las que hay bajo el agua, que llegan por el empuje de las olas. Pero también hay restos de erupciones volcánicas pretéritas, de coral y conchas fragmentadas, e incluso de piedras preciosas que, a consecuencia de la erosión, dan un toque de glamour a la playa. El resultado es una paleta de tintes rojos, negros, verdes, rosas...

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