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¿De verdad hay una cara en Marte?

  • ¿De verdad hay una cara en Marte?

Tiempo de lectura 4 min.

02 de septiembre de 2018. 03:06h

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Jorge Alcalde.  2/9/2018

A veces, el sueño de la ciencia produce monstruos. En este caso, caras de monstruos. A lomos de la sonda Viking 1, un orbitador de la NASA, volaban algunas de las esperanzas más excitantes de la carrera espacial estadounidense en plena madurez aventada por la guerra fría y los fracasos del enemigo soviético. La Viking debía realizar una somera inspección visual de la superficie marciana con la finalidad de encontrar los mejores emplazamientos posibles para el aterrizaje de su sucesora, la Viking 2, que, ella sí, tocaría suelo. El 25 de julio de 1976, la sonda tomaba fotografías de la región marciana de Cydonia, un área de panzas y llanos que ofrecía una relativa seguridad en contraste con otras zonas más meridionales de Marte, escarpadas y peligrosas. Los técnicos del Jet Propulsion Laboratory en Pasadena que recibían en Tierra las imágenes estaban acostumbrados a procesar cientos de fotos aburridas y terriblemente iguales. Por eso debió de ser para ellos un motivo de alborozo, un martillazo en sus tediosas jornadas de trabajo, la llegada de la muestra 070A13, la primera de una serie de capturas cada vez en mayor resolución que arrojaban los monitores lo que indiscutiblemente se asemejaba a una gran cara, con los ojos profundos, la nariz griega y una boca tranquila y misteriosa, ensombrecida en su mitad izquierda por los estragos de un sol demasiado bajo.

No podría ser otra cosa que un efecto óptico sobre el relieve de una protuberancia rocosa, pero alguien intuyó que aquella imagen podría tener un efecto mediático gigantesco: todo el mundo iba a enterarse de lo que Estados Unidos estaba haciendo en las proximidades del planeta rojo. Otra victoria propagandística de la NASA estaba en ciernes, pues no tardaron en emitir una nota de Prensa algo rocambolesca. «La gran formación rocosa en el centro de la imagen, que remeda una cara humana, está formada por sombras que dan la ilusión de ser ojos, nariz y boca», concluían.

La nota no podía ser más aséptica pero, evidentemente, la inclusión de la referencia a la cara humana la convirtió casi de inmediato en la fuente de una de las más jugosas cascada de historias de la mitología extraterrestre. La cara de Marte se convirtió en todo un icono popular. Ha protagonizado películas, dado lugar a voluminosos libros, aparecido en las portadas de todas las revistas importantes y, lo que es peor, avivado todo tipo de especulaciones sobre la presencia de civilizaciones en el planeta vecino.

¿LA LACTANCIA TAMBIÉN ES BUENA PARA LA MADRE?

La lactancia materna no únicamente resulta beneficiosa para los bebés, sino que existen cada vez más pruebas de las virtudes que le aporta también a la madre. Varios estudios informaron recientemente de que la lactancia podría reducir las tasas de cáncer de mama, de ovario y riesgo de desarrollar diabetes del tipo 2. Las conclusiones de estas investigaciones apuntan, por otra parte, a los aspectos positivos que la lactancia materna tiene sobre ciertas enfermedades cardíacas y otros factores de riesgo cardiovascular específicos en las mujeres. Estos beneficios pueden durar incluso hasta la vejez de la madre.

¿De verdad hay una cara en Marte?

¿NOS LATE EL CORAZÓN MÁS DEPRISA AL ENAMORARNOS?

Sí. Este mecanismo es muy similar al que sentimos cuando nos invade el miedo: corazón desbocado, rodillas con flojera, sensación de irritabilidad muy característica en la boca de nuestro estómago. Todo esto depende de nuestro sistema nervioso vegetativo, que es el que rige las funciones corporales que no dependen de nuestra voluntad, como es la intensidad del ritmo cardíaco. Cuando nuestro cerebro detecta algún tipo de amenaza, o en el caso del amor, la presencia del «objeto de deseo», se desencadena un conjunto de reacciones encaminadas a poner el cuerpo en condiciones de atención y velocidad de

reacción máximas.

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