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El conde Murany o el rey Fernando I de los búlgaros

Dentro de su propia familia se referían a él simplemente como el «monarca»

  • Su astucia le valió, además, el sobrenombre de «Foxy Ferdinand»
    Su astucia le valió, además, el sobrenombre de «Foxy Ferdinand»

Tiempo de lectura 4 min.

22 de agosto de 2018. 06:37h

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Amadeo-Martín Rey y Cabieses.  22/8/2018

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El rey o zar Fernando I de los Búlgaros fue un monarca singular que logró convertir en 1908 el principado de Bulgaria en el Reino de los Búlgaros, fuera ya del control otomano. Su habilidad y astucia le valieron el mote de «Foxy» o «Foxy Ferdinand», aludiendo a la cuquería y sagacidad del zorro. Miembro del linaje de los Sajonia-Coburgo-Gotha que ubicaron sus vástagos en varios tronos europeos, él consiguió situar a Bulgaria en una buena posición en el contexto europeo.

Su nieto el rey Simeón II de los Búlgaros cuenta en sus recientemente publicadas memorias que su abuelo el rey Fernando utilizaba cuando viajaba el título de conde Murany, título de origen húngaro, que Simeón cedió a su hija la princesa Kalina, que posee gran admiración por el «Monarca», como llaman en familia a Fernando I. En efecto, en el otoño de 1889 Fernando decidió visitar Viena y París bajo el nombre de incógnito de conde Murany, que con el tiempo se convertiría de facto más en un título de cortesía que de incógnito. En la capital austríaca se encontró bajo ese nombre con el archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona imperial austríaca. El viaje tenía un profundo significado ya que dejaba ver a las potencias europeas que el entonces príncipe de Bulgaria podía dejar su país sin miedo de complots, bandidos o radicales macedonios. No obstante, Fernando sabía que era objetivo de asesinos, por lo que usaba falsos itinerarios y llevaba un chaleco metálico de protección, además de una adiestrada guardia personal.

Fernando gustaba especialmente de usar ese título de conde Murany cuando visitaba sus grandes posesiones en Hungría para cazar. Era lógico, pues la abuela paterna de Fernando, la princesa húngara Antonia von Kohary zu Csabrag und Szitnya auf Murany, casada con Fernando, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha, era al mismo tiempo condesa Murany. Los Kohary fueron inmensamente ricos. La madre de Fernando, la princesa Clementina de Orleáns, también. Eso permitió a Fernando vivir desahogado toda su existencia.

Aficiones

Nuestro protagonista abdicó en 1918 y, hasta su muerte en 1948, se dedicó a sus aficiones, entre las que se encontraba la botánica, la entomología, la filatelia y la ornitología. Había logrado conservar una buena parte de su fortuna. En enero de 1928 estuvo en la República Argentina y visitó el Jardín Botánico Municipal de Buenos Aires. La nota del diario porteño «La Prensa» del 26 de enero de 1928, relataba que el ex zar Fernando de Bulgaria, Conde de Murany «admiró especialmente la “Victoria Cruziana”, especie argentina algo mejor que la “Victoria Regia” brasileña, y que no conocía». Años más tarde, en 1930, asistió al VII Congreso Internacional de Ornitología celebrado en Amsterdam, y en 1934 al VIII Congreso celebrado en Oxford del 2 al 6 de julio de ese año. En ambas reuniones se inscribió y viajó de incógnito como conde Murany, si bien su identidad no era un secreto para los miembros del congreso. Precisamente al dejar el trono quiso organizar su vida en el exilio entre sus propiedades de Hungría, Austria y Eslovaquia, pero cuando el tren llegó a Budapest se le informó de que no podría ir
a su propiedad de Murany en Hungría. No obstante, siguió siempre usando ese título condal.

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