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El rey Luis Felipe de los franceses

Usó los alias de conde de Neuilly, Monsieur Lebrun y profesor Chabos, entre otros

  • Su pueblo también le apodó de distintos modos, como «Poire» (pera), por la forma de su cráneo
    Su pueblo también le apodó de distintos modos, como «Poire» (pera), por la forma de su cráneo

Tiempo de lectura 4 min.

21 de agosto de 2018. 05:41h

Comentada
Amadeo-Martín Rey y Cabieses.  21/8/2018

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Antes de llegar al trono francés en 1830, Luis Felipe de Orléans, entonces duque de Chartres, corrió muchas peripecias. Una noche del verano de 1793 dos hombres pobremente vestidos, con un saco medio desinflado por todo equipaje, llegaron a la hospedería del Monte Saint-Gothard. Tocaron a la puerta y pidieron alojamiento. El portero, encontrándolos con mala pinta, les envió al granero vecino, con los sirvientes y los cocheros. Los viajeros eran el duque de Chartres y su servidor Baudouin. El hijo de uno de los hombres más ricos de Francia, primo del Rey, dormiría sobre la paja de un establo.

Llegaron a Schaffhausen en cabriolet, luego a Zurich, instalándose en el Hotel de l’Epée, y a Frankfurt, donde se enteró del arresto de su padre Felipe Igualdad. En el lago Zug se hicieron pasar por irlandeses. Pero algunos emigrados le reconocieron, los periódicos se hicieron eco, el Senado de Berna intervino y les pidieron que abandonasen la villa. Recurrían a mil estratagemas para evitar ser descubiertos. Las cartas de Luis Felipe al general de Montesquiou eran firmadas con el nombre de «Kembel», uno de sus pseudónimos, ya que en esa época cambiaba de nombre como de camisa.

Pero no podía continuar huyendo, así que se instaló en Reichenau, cantón suizo de Grisons, y tomó el nombre de incógnito de «Chabos». Allí fue profesor en un colegio que dirigía un republicano llamado Jost. El «profesor Chabos», que enseñaba lenguas vivas y matemáticas y, a veces historia, geografía y dibujo, cobraba 1.400 francos al año. Solo Jost y un par de personas conocían su identidad. Tuvo un hijo, Louis Chabos, nacido en Milán en 1794, fruto de su relación con la cocinera Marianne Banzori, que llamaba a Luis Felipe «Chabosli». Utilizó también el nombre de M. Corby, con el que había simulado ser secretario de Montesquieu. En 1795, en la Laponia finlandesa vivió en el valle del río Tornio bajo el nombre de «Müller» como huésped del vicario luterano.

«REY PARAGUAS»

Durante su reinado recibió motes como el «Rey de los banqueros» por su facilidad para hacer negocios. En eso compartía sobrenombre con el famoso financiero Jacques Laffitte, que además de ser llamado «el rey de los banqueros» era llamado «el banquero de los reyes». Luis Felipe fue también «el Zorro Blanco» o el «viejo Zorro Blanco» debido a su astucia diplomática, el «Rey Burgués» y el «Rey Paraguas», a causa de sus aficiones burguesas y al hecho de llevar paraguas, cosa inédita en un soberano hasta el momento; y el «Rey Ciudadano» y el «Rey de las Barricadas», por las revueltas que le llevaron al trono y le apartaron de él. Le motejaban «Poire» (pera) tanto por la forma de su cráneo como porque coloquialmente esa palabra significaba entonces loco. Su padre renunció a su nombre y a su título cuando fue elegido diputado por
París en la Convención.
Desde entonces Luis Felipe, que después de la batalla de Valmy había sido ascendido
a general de división, se llamará «Ciudadano Chartres» o «Général Égalité» y su hermana será «Mlle. Égalité». En las cartas a su padre, firmaba «Égalité fils».

En 1848, al perder la corona, huyó con su mujer, la reina María Amelia, en dirección a Dreux con pasaporte bajo el nombre de Monsieur y Madame Lebrun. Un viandante les ayudó a cerrar
la portezuela del fiacre en el que escaparon.
Al agradecérselo, el monarca oyó está respuesta: «No hay de qué. Espero este día desde hace dieciocho años». Llegaron de incógnito a El Havre, desde donde se embarcaron a Inglaterra con pasaporte británico a nombre de «M. Smith». La reina seguiría siendo Madame Lebrun, simulando no conocer

a su marido.

El monarca depuesto escribió a la reina Victoria de Inglaterra que el «Conde de Neuilly», es decir, él mismo, solicitaba la hospitalidad de ese país. Algunos le daban irónicamente el título de «le comte de Neuilly-brûlé», refiriéndose al incendio del palacio de Neuilly, en Neuilly-sur-Seine, tan amado por los Orleáns, adquirido por Luis Felipe en 1819.

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