«From my cold dead hands»

En su famosa defensa del derecho a portar armas, Charlton Heston proclamó que se las tendrían que arrebatar de sus manos muertas. Lo mismo podría haber dicho un celtíbero dos milenios atrás.

En su famosa defensa del derecho a portar armas, Charlton Heston proclamó que se las tendrían que arrebatar de sus manos muertas. Lo mismo podría haber dicho un celtíbero dos milenios atrás.

«Ese día, por casualidad, casaban los numantinos a sus hijas en solemnes bodas, y pretendiendo dos a una, hermosa, puso el padre de la doncella la condición de que se desposaría con ella el que trajese la mano diestra de uno de los enemigos». Este episodio se sitúa en 137 a. C., momento en que el cónsul C. Hostilio Mancino se puso al frente de las operaciones contra Numancia, solo para sufrir una ignominiosa derrota, con 4.000 arévacos infligiendo 20.000 bajas al ejército romano.

La mano derecha era entre los celtíberos, como entre muchas otras culturas de todo tiempo y lugar, una extremidad plena de significados. Como encargada de sostener el arma era símbolo de la capacidad militar del hombre y, por ende, de su capacidad política. Así, el historiador romano Floro indica que, cuando «[los numantinos] recibieron la orden de deponer las armas como condición para un tratado, los bárbaros recibieron esta exigencia como si se les amputasen las manos». Mano y arma como equivalentes, en un párrafo que remarca también el fuerte vínculo que existía entre un hombre y sus armas, como símbolos de su virtud, expresada ésta en términos fundamentalmente marciales. Así, cuando Catón, en 195 a. C., ordenó a los nativos de la Citerior, en la margen izquierda del Ebro, que se desarmasen, «este hecho les resultó tan intolerable que muchos se quitaron la vida ellos mismos, pues aquel pueblo indómito estaba convencido de que la vida sin armas no es tal». Según Estrabón, los lusitanos «amputan las manos derechas de los cautivos y las consagran a los dioses», y en el ámbito ibérico encontramos representaciones iconográficas de amputaciones de manos y testas en la estela de La Vispesa (Tamarite de Litera, Huesca) y en la del Palao en Alcañiz (Teruel), monumentos datados entre los siglos II y I a. C.

Entrelazando las diestras, además, se sellaban los pactos y se refrendaba la amistad: esa dextrarum iunctio tenía el mismo significado entre los romanos, que tomarían buena cuenta de esta dimensión simbólica de la mano derecha, y las amputaciones que a menudo los generales romanos ordenaron sobre los cautivos, como esos cuatrocientos jóvenes de Lutia traicionados por sus mayores, servirían sin duda como medida disuasoria, un cruel medio para amedrentar a los demás.

Para saber más

«Numancia»

Desperta Ferro Antigua y Medieval

n.º 41

68 pp.

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