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Rosario Flores: «Si en el escenario me olvido de alguna letra me la invento»

Durante el verano no descansa. Dice que es «una época de mucho trabajo», por eso recuerda los de su infancia como «las vacaciones de verdad». Tras toda una vida en el foco público, mañana debuta en el Teatro Real junto a Niña Pastori, India Martínez, José Mercé y muchos más.

  • Rosario Flores
    Rosario Flores

Tiempo de lectura 8 min.

27 de julio de 2017. 03:31h

Comentada
Patricia Navarro 27/7/2017

iene del Teatro Real. Desanda el camino que volverá a hacer mañana. Es el día. La noche de Flores. Rosario a secas. No lo hace falta más a la pequeña del clan que se rodea de amigos. «Será una noche gloriosa», afirma. Acaba de venir de hacer las Américas. Camina con naturalidad, aunque la gente retuerza el cuello para seguirla con la mirada. «Soy famosa desde que era chiquitita. Lo mío es un caso abstracto. No soy consciente todo el rato de lo famosa que soy. Me olvido totalmente». Es la hora de la buena siesta española cuando nos encontramos, y precisamente esa es la obsesión de Rosario antes de un concierto: «Dormir mucho y beber agua». Descuenta las horas para actuar en el Real mientras nos abre su anecdotario. Una «monstrua».

–¿Cómo le tiene su cita con el Teatro Real?

–Con muchos nervios y con mucha ilusión. Va a ser la primera vez que trabaje allí y será una noche gloriosa. Noto ya el gusanillo, el runrún dentro.

–¿Las tablas no se hacen con el runrún?

–Ese no se pasa en la vida.

–Viene de América, va al Real. ¿De vacaciones ni hablamos?

–Vengo de América y estoy encantada. Soy súper conocida con «La Voz Kids» de México y los niños de allí me quieren. No podía ni andar por la calle. Hemos estado en Costa Rica, Santo Domingo, Argentina y ahora me voy a San Francisco, Nueva York...

–¿Playa? ¿Piscina? ¿Vacaciones?

–¿Te puedes creer? No me dan vacaciones con el calor tan horroroso que hace, pero estoy contenta.

–De poder, ¿dónde se perdería?

–En mi casa. Yo que viajo tanto y cojo tantos aviones y estoy en tantos hoteles... Cuando tengo descanso no quiero ver uno ni loca. El hotel más bonito de mi vida es mi casa.

–¿Qué se llevaría en los viajes y no puede?

–A mis hijos, mi familia.

–¿Quién le echa flores a Rosario?

–Me echa flores todo el mundo por la calle, me dicen que soy muy bonita con los niños, todo el mundo me echa piropos. Además de la ola de cariño que dejó mi madre y mi hermano y la familia. Me siento muy querida en España.

–¿Y no es agotador eso de ser famosa?

–Forma parte de mi vida. Soy famosa desde que era chiquitita. Lo mío es un caso abstracto. Me olvido de que soy famosa, salgo por la calle sola y la gente me conoce, pero me siento con mucha libertad. No soy consciente todo el rato de lo famosa que soy. Me olvido totalmente.

–¿En qué momento pagaría por volverse invisible?

–Igual cuando tienes un día malo y tienes que ir a algún sitio con mucha gente. Por ejemplo, a un aeropuerto, y tú tienes una pena. Pero esos días tienes que poner una sonrisa aunque no quieras. Por suerte son pocos, la vida me trata bien.

–¿Qué le ha dado la televisión y no los escenarios?

–Que los niños me quieran y que me conozcan personalmente un poquito más; hay un perfil de gente a la que no hubiera llegado de otra manera.

–¿Dígame quién es la monstrua más monstrua?

–Aquí mismito la tienes. Eso quedará para siempre. Me encanta.

–¿A qué se puede comparar el subidón del escenario?

–A nada. No hay deporte, ni tirarte en paracaídas ni una adrenalina fuerte que se le compare. Yo no lo cambio por nada. Cuando viajo y echo de menos a mi familia, piso el escenario y de pronto se me olvida todo. Tiene una energía buena.

–¿A quién se encomienda antes de salir a escena?

–Miro al cielo. Los ángeles deben estar cansados de mí. Les pido que esté todo bien. Mientras duerma y tenga voz, no hay ningún problema. Pero cantar sin voz es una tortura china.

–¿Cuál es su receta mágica para cuidarla?

–Dormir mucho y beber bastante agua. El día que trabajo, cerca de los tres litros, porque durante el concierto pierdo dos kilos en agua. Si la garganta se me queda seca, chungo.

–¿Cuánto es dormir mucho?

–Si duermo ocho o nueve horas, maravilloso; mínimo siete.

–¿A qué le gustaría hincharse en esta época del año?

–A ir a la playa, a tomar el sol, a estar con mi familia y no hacer absolutamente nada. Pero los veranos los tengo mal. Es una época de mucho trabajo y nunca he podido veranear lo que he querido.

–¿Qué es lo peor que le ha pasado sobre un escenario?

–He tenido de todo, desde un «Hola Valencia» cuando estaba en Barcelona, hasta salir al escenario y, antes de decir hola, me he tropezado y caído. También me he quedado en tetas cantando, me he caído de culo, me he equivocado con las letras muchísimo. De todo. Y de todo se sale.

–¿Y el tema gallo?

–Te puede salir en cualquier momento. La tortura más grande es que tengas que cantar veinte canciones y tengas voz para dos.

–¿El «show» siempre continúa?

–Ya tienes que estar malo para que no. Y lo curioso es que en el escenario se olvida todo. Puedes estar constipada y estornudando y cuando sales no estornudas ni una vez. Es la energía del escenario que te envuelve.

–¿El flamenco es o se es?

–El flamenco es y se nace, es una manera de vivir, de conciencia, de libertad muy grande. El gitano está fuera de la sociedad, ahora más y espero que cada vez menos, pero su libertad de cantar a la vida sin ningún tipo de ambición... Tienes que nacer para eso.

–¿A qué se refiere con que espera que esté menos fuera?

–Quisiera ver a una enfermera gitana, un piloto gitano, un médico gitano, porque son muy listos y tienen la misma capacidad que los payos, aunque también forma parte de ellos que se vayan involucrando más. Pero aún falta mucho.

–¿Orgullo gitano?

–Mi orgullo gitano es el arte que tienen. Mis padres me enseñaron que lo mejor de los gitanos es el arte.

–¿Qué hay de Lola en Rosario?

–Todo lo que venga de Lola bienvenido sea. En el escenario, especialmente, la recuerdo mucho. Creo que tengo un poco de su energía y su baile.

–¿A qué suena su infancia?

–A rumba catalana. La de mi padre.

–¿Qué había en esas vacaciones, las de la infancia?

–Esas fueron las de verdad. Las recuerdo en Marbella, con muchos abrazos, mucho amor con mis hermanos y una niñez muy bonita.

–Cuando le da al «play», ¿qué escucha?

–De todo, me gusta el flamenco, el soul, lo antiguo, lo moderno...

–¿Qué hacemos con el reggeaton?

–Me gusta para bailarlo y ya les he dicho que cuidadito, que con el «Mia mamma» hago yo un reggeaton en dos minutos.

–¿Cuál es la última fiesta gitana que se ha pegado?

–Pues no me acuerdo, hará un mes, antes de irme a América.

–¿Qué se canta por ahí?

–Si estoy con mis músicos pues canciones mías; si estoy con Antonio Carmona, algunas suyas y si no esas canciones de los gitanos en fiesta.

–¿Cuál es esa canción que siempre tiene que cantar?

–Hay muchas, pero quizá «Qué bonito».

–¿Y le sigue gustando?

–Es una de mis preferidas.

–Si se le olvida la letra de una canción en mitad de un concierto...

–Me la invento. Unas veces mejor que otras...

–En el Teatro Real no estará sola.

–Qué va. Vienen muchos amigos.

–Bebe y La Niña Pastori...

–Y Ana Torroja, José Mercé, José López, India Martínez, el Niño Adrián...

–¿Qué le falta al guiso?

–Que vengan a verme si quieren conocer a la verdadera Rosario. Esa se ve en directo. Nada que ver.

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