Laponia: Cari Lapique, toda la familia en el país de Papá Noel

El pueblo de Santa Claus impresiona a los pequeños y los mayores

Cari Lapique junto a sus nietos, de los cuales se siente orgullosa. Está encantada de ser «la abuelona»

El pueblo de Santa Claus impresiona a los pequeños y los mayores.

Lleva toda la vida viajando porque le fascina, pero ni un segundo tardó en decantarse por un destino muy concreto cuando le preguntamos. Tenía todos los componentes para ser su viaje soñado: familión al completo y a hacer feliz a los nietos. «Laponia. Qué bien lo pasamos, qué maravilla. Fuimos en noviembre para celebrar el cumpleaños de mi hija Cari. Toda la familia entera. Ni te imaginas». Conociéndola, lo hacemos un poco. «Soy “la abuelona’’ y me hace feliz». Nada le gusta más que estar con sus cuatro nietos. Y llevarlos a conocer el país de Papá Noel fue el plan perfecto. «Primero viajamos al norte de Finlandia para ver la aurora boreal. El hotel era precioso. Dormíamos en una especie de iglús, pero sin serlo porque con los niños tan pequeños tampoco se puede, tenían que estar bien acondicionados. Espectacular.

Y luego hicimos una excursión por la nieve con trineos y perros que los niños estaban como locos de contentos, aunque como van a toda castaña, a veces se asustaban un poco. Son pequeñitos todavía, pero lo disfrutaron una barbaridad. Hubo un momento en el que ya cuando nos íbamos, Carlitos casi se nos pierde: los perros empezaron a tirar con él solo en el trineo y salieron pitando, pero los organizadores reaccionaron rápido y pudieron pararlos. Se quedó en un susto. El nuestro, porque Carlitos estaba muerto de risa». Siendo el mayor, como es, y con el carácter fuerte y atrevido que tiene –su madre, Cari Goyanes, suele decirlo–, es fácil de creer. «Allí se pueden hacer mil planes. Pescamos en lagos helados, fuimos en motos de nieve e hicimos muchas excursiones que previamente nos había organizado la agencia de viajes Nuba.

Pero, obviamente, la visita estrella fue al pueblo donde vive Papá Noel, los niños casi se mueren de la ilusión. Es un espectáculo cómo está montado aquello, madre mía de mi vida, es la perfección. Un pueblo de cuento, de película. Vienen los elfos y las hadas a recogerte al hotel, te llevan al pueblecito, unos paisajes de ensueño, y llegas a la casa de Papá Noel, está el reno Rudolph, le escribes una carta, después te recibe y estás con él un rato... Los niños estaban desmayados. Eso sí, un frío tremendo. Pero allí te dan todo para que estés abrigado y tampoco tuvimos problema. ¡Hasta las cejas de ropa encima de la propia ropa de esquí! Pero de verdad que fue fantástico. Muy recomendable. A la vuelta hicimos noche en Helsinki y también nos encantó. Pequeñito, pero precioso.

Y es muy animado, muchos restaurantes con música y la comida buenísima. Se come mucho reno y no está nada mal, la verdad. Fue un viajazo». Ahora, cuenta, está como loca por hacer un safari con los niños, pero quizá cuando sean un poco más mayores. «Y con amigas viajo también todo el tiempo, me divierte mucho, pero son otros planes. Hace poco estuvimos en Miami, pero lo típico: sol y compras, que nos encanta». Lo suyo ahora es «ser abuelona y disfrutar de los nietitos».