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¿Por qué los pájaros no se caen de las ramas cuando se quedan dormidos?

Quedarse dormidas puede ser un asunto de vida o muerte para las paseriformes

  • Suelen elegir ramas secas, abrigadas del viento y lejos del alcance de los depredadores
    Suelen elegir ramas secas, abrigadas del viento y lejos del alcance de los depredadores

Tiempo de lectura 2 min.

05 de agosto de 2016. 22:04h

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Jorge Alcalde.  5/8/2016

No pueden hacerlo todas las aves, pero algunas, las paseriformes, pueden volar a los árboles y sustentarse sobre las ramas. Muchas, de hecho, se quedan dormidas sin miedo a caerse de las alturas.

Digamos de antemano que las paseriformes son las más comunes de las aves, casi la mitad de los animales alados del mundo pertenecen a este orden. Son las que vulgarmente llamamos pájaros. Una de sus características anatómicas más singulares es la disposición dactilar. Tienen cuatro dedos, tres hacia delante y uno, a modo de pulgar, que va en dirección contraria. Eso es lo que les permite agarrarse a las ramas de los árboles y a superficies muy inclinadas. Curiosamente, la disposición de sus plumas les permite cubrir esta parte de su anatomía cuando duermen o cuando hace frío, por eso no solemos ver el truco que la naturaleza ha ideado para ellos.

Y es que quedarse dormido puede ser un asunto de vida o muerte para estos pájaros. Para hacerlo suelen elegir aquellas ramas que están secas, abrigadas del viento y que además se encuentren lejos del alcance de depredadores. Pero además han de agarrarse con firmeza a su percha. Las patas de los paseriformes cuentan con dos tendones poderosos llamados flexores. Uno de ellos recorre la parte trasera de la pata uniendo los dedos al músculo de detrás de hueso tibiotarso. Este tendón se relaja cuando la pata está estirada y se tensa cuando la pata se dobla. Cuando los pájaros se duermen, doblan las patas para descansar y para que las plumas lleguen al suelo creando una suerte de manta protectora del frío en el interior. Con las patas dobladas, el tendón está en su máxima tensión, tira hacia atrás de los cuatro dedos y éstos se cierran como una pinza poderosa. Si el ave se despierta, levantará el peso del cuerpo, extenderá las patas y, de esta forma, el tendón liberará la garra.

Este mecanismo de acción no sólo sirve para dormir seguros. Las aves, que no son más que dinosaurios con alas y chiquititos, heredaron la anatomía que tenían los grandes raptores. Aquellos animales poderosos contaban con tendones similares que, al impactar con su presa y doblarse, generaban el cierre a gran velocidad de las garras para así matar a la víctima.

Algunos de nosotros, que no somos dinosaurios pero ya peinamos canas, recordaremos cuando nuestras abuelas llevaban gallina a casa y nos enseñaban las patas antes de cocinarla. ¿Quién no ha jugado a tirar una y otra vez del prominente tendón trasero para ver cómo las garras se iban abriendo y cerrando fantasmagóricamente?

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