• Meghan Markle
    Meghan Markle

La primera duquesa de Sussex

El ducado fue ostentado solo una vez por el príncipe Augusto Federico en 1801

Los príncipes Harry y Meghan se han convertido en marido y mujer y en duques de Sussex. En ese bello condado del sur de Inglaterra, de verdes praderas y cortados acantilados, pasé cinco veranos de mi vida. El ducado, inspirado en el nombre del condado, fue ostentado antes por otro miembro de la familia real británica. El primer duque de Sussex, desde 1801, fue el príncipe Augusto Federico, barón Arklow y conde de Inverness, sexto hijo de Jorge III. Sus dos enlaces contravinieron la Ley de Matrimonios Reales de 1772 y su descendencia fue considerada ilegítima.

Su segunda esposa, Cecilia, recibió el título de duquesa de Inverness, pero el ducado de Sussex retornó a la Corona al morir Augusto Federico en 1843. Ni Augusta, hija del IV conde de Dunmore –primera esposa de Augusto–, cuyo matrimonio fue anulado, ni Cecilia, hija del conde de Arran, segunda mujer del primer duque de Sussex, pudieron usar el título que sí lleva ya Meghan, primera duquesa consorte de Sussex de la historia. Ninguna de las dos esposas de Augusto Federico fueron aceptadas en la familia real británica, aunque la segunda pudo vivir en el palacio de Kensington. Harry se trasladó allí en 2012, al Nottingham Cottage, dentro del complejo de dicho palacio. Ahora vivirán en una zona más espaciosa del propio Kensington.

San Jorge, patrono de Inglaterra y de la caballería cristiana, preside la capilla donde se han casado, en el castillo de Windsor, lugar que da el nombre actual a la dinastía desde que Jorge V, en plena Primera Guerra Mundial, decidió evitar el demasiado alemán de Sajonia-Coburgo-Gotha. Desde tiempos de la reina Victoria, tatarabuela de Isabel II, del duque de Edimburgo, del Rey Don Juan Carlos y de la Reina Doña Sofía, entre otros, se puso de moda casarse en esa residencia. Ahora bien, es evidente que, fruto de los modernos tiempos, la procedencia de los invitados de las antiguas bodas es muy diferente a la de las nuevas. En esta hemos visto, entre los 2.640 asistentes, a cantantes, deportistas, actrices... mezclados con miembros de la realeza, casi solo británica, y la nobleza. No se han visto brillantes uniformes carmesí cargados de condecoraciones, y sí muchos chaqués negros o los muy ingleses y grises «morning suits», como el portado por el príncipe de Gales. Solo una carroza, la de los novios, y hasta el color de los Rolls Royce y Bentleys, ha sido no solo negro sino también burdeos. La novia lucía la diadema de filigrana de diamantes «Queen Mary» y el novio, un oscuro uniforme de gala de los Marines, en el que ostentaba la placa de comendador de la Real Orden de Victoria y los pasadores de las medallas conmemorativas de los Jubileos de Oro y Diamante de Isabel II y la del Servicio Operativo en Afganistán.