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Esta moda es una ruina

El próximo viernes abre la Pasarela Cibeles. La lista de morosos de la Agencia Tributaria está llena de nombres relacionados con el mundo de la moda. El más sorprendente es el de la sociedad matriz de Victorio y Lucchino, con una deuda de 2.657.954 euros. Junto a los andaluces, nombres como Kina Fernández, Fun and Basic o Artesanos Camiseros. Otros diseñadores viven de sus licencias más que de sus diseños. La crisis vuelve a golpear al mayor escaparate de la moda patria

  • José Luis Medina y José Víctor Rodríguez saludan al término de un desfile en Cibeles
    José Luis Medina y José Víctor Rodríguez saludan al término de un desfile en Cibeles / Efe
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

14 de febrero de 2016. 18:30h

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C. Duerto.  Madrid. 15/2/2016

A una semana de la MBFWMadrid, conocida como los desfiles de Cibeles y con L&V, Kina Fernández, Fun and Basic, Artesanos Camiseros (que compraron la firma Elio Berhanyer), Balanzo Textil, Ciberpiel Ubrique, Ferrys, Pepe Peñalver Internacional o Saez Merino Textile (creadores de los famosos vaqueros Lois, Caroche y Cimarrón), en la lista de morosos que la agencia tributaria hizo pública hace unas semanas, hacemos balance. La más sorprendente es, sin duda, la morosidad de 2.657.954 euros que debe la sociedad matriz de Victorio y Lucchino, V&L Costura, diseño y moda S.A, ubicada en la que los diseñadores afirman que es la casa natal de Velázquez. Ni José Luis Medina, ni José Victor Rodríguez quieren hablar de deudas o embargos, delegan en su responsable de comunicación. «Es una de las empresas que tienen. No están arruinados y no quieren entrar en detalles, ni tampoco desean aclarar nada de este asunto que es de hace mucho tiempo». Hubo un tiempo en el que los andaluces desfilaron en Cibeles, junto a Kina Fernández, cuya sociedad Volvoreta, debe al fisco 1.678.300 euros y que ve la luz gracias a Col del Rosso, la firma de su hija María Álvarez, que funciona muy bien. No es el caso de Ferrys, que debe 7.032.309 euros, Artesanos Camiseros, 2.951.602 euros o los 2.119.287 millones de euros de morosidad que adeuda Fun & Basic, S.A.

Aunque Pablo Iglesias se vista con esmoquin y pajarita «como gesto de respeto al mundo de la cultura», la alcaldesa Ada Colau se haya comprado cinco prendas de la firma catalana Yerse o Doña Letizia frecuente el «made in Spain» de Felipe Varela, son gestos de lo que ahora se llaman «influencers» que pueden ayudar, pero no cambiarán mucho el panorama de la moda española. No porque no haya talento, que lo hay y mucho, o porque ronronee la crisis, que lo acaba de pronosticar el mayor coleccionista de marcas de lujo del mundo, Bernard Arnault: «Por supuesto, habrá otra crisis», aunque el gurú no sabe cuándo. Él, por si acaso, ha impulsado que se lance el primer perfume Louis Vuitton para acceder a más público. En otros contextos, las celebridades arrastran multitudes; sirvan como ejemplo Victoria Beckham con sus dos líneas de moda, Kendall Gener y su hermana con su firma «Kendall & Kylie» o el rapero Pharrell Williams, que es ahora copropietario de G-Star RAW. En España, por mucho que el textil se asocie al famoseo, no consiguen aumentar cifras. La empresa número uno en textil es Zara y va por libre. Desde hace unos años Inditex tiene el gesto de financiar la pasarela de moda española MBFWMadrid, conocida por todos como Cibeles. Es un detalle tan altruista, que pone el dinero y no pide, aparentemente, nada a cambio. Ahora Mango quiere seguirle la pista; ha dejado los desfiles y se propone renovar las prendas cada quince días y, para su línea Violeta, han prescindido de su musa «curvy», Vicky Martín Berrocal.

Hubo un tiempo, cuando éramos ricos, que había subvenciones y «champán para todos»; de ahí salieron como hongos multitud de marcas de moda, pero con la crisis hubo que rendir cuentas y se acabaron las subvenciones. En Galicia se llegó a casos tan delirantes como llevar a desfilar a la Semana de la Moda de París a una delegación de diseñadores gallegos subvencionados «gratis total» y, como añade Laura Ponte, «es no darse cuenta del mundo que está viniendo, la globalización, las nuevas tecnologías... O te pones a fabricar en China con volúmenes y una competitividad brutal o adquieres el tamaño que puedes manejar. Quizá hay para todos, pero hay que dimensionarse». La modelo gallega que también fue diseñadora, conoce el terreno textil. «Hubo un tiempo en el que a los diseñadores españoles les daban 250.000 euros dos veces al año y luego se gastaban 20.000 en la colección, sin tener una realidad detrás y todo por mantener un nombre. En Galicia, por ejemplo, no se dejaba morir a algunos nombres por miedo a qué dirán del textil gallego. Claro que hay que apoyar, pero tiene que existir un comité real y dejarse de amiguitos», confiesa Ponte. Así no se crea industria y así se echa el cierre.

Larraínzar dejó deudas pendientes, se dio de baja temporal de la ACME, la Asociación de Creadores de Moda Española, y está ocupado en un restaurante de Marbella. Antonio Pernas desfiló en Cibeles desde 1991 y formó parte del llamado grupo disidente, los diseñadores que querían revolucionar el «establishment textil» y contraprogramaban a Cibeles. En 2005 la marca la compró el grupo textil Caramelo y, finalmente, Antonio Pernas desapareció. Por el contrario, el grupo Cortefiel, dueño de Pedro del Hierro, otro histórico de Cibeles, no tiene intención de dejar morir la firma, sino de relanzarla y, para ello, están redecorando, con la ayuda de Lázaro Rosa Violán, todas las tiendas. Carmen March, después de cerrar su firma, fichó por Pedro del Hierro, pero no ha durado. Sin embargo, Josep Font, que perdió su firma, desarrolla su potencial creativo para del Pozo, que abandonó el nombre de Jesús por el camino a Nueva York, donde la firma española está instalada con un considerable éxito y pertenece a Perfumes y Diseño. Miguel Palacio, que vistió a Doña Letizia en varias ocasiones, con el finiquito de Hoss Intropia, liquidó su marca y puso rumbo a México, de vacaciones, encontró en el Caribe su lugar y también a unos artesanos que hacen cosas maravillosas, así que anda planteándose diseñar allí. Elio Bernhayer cerró sin continuidad. Roberto Verino ha decidido abandonar Cibeles y desarrollar sus ventas on-line. Lemoniez ha encontrado en su línea infantil «Señorita Lemoniez», el salvavidas, y El Corte Inglés se le apareció a Juanjo Oliva y a Jorge Vázquez. Delfín se ha hecho una marca que licencia en sábanas, coches, alfombras o zapatos. Ion Fiz diseña ropa interior para Alma Bloom. Moises Nieto, con Ecoenves. Andrés Sardá fue comprada por un grupo belga. Teresa Helbig crece a su medida humana y no se deja tentar, y María Barros refuerza el diseño en Carolina Herrera. Así vamos con el «made in Spain» que en pocos días se subirá a su pasarela de referecnia.

El error; irse fuera para fabricar más barato

En la Generación 43 hay un caso de realismo clarividente, el de la firma Dolores Promesas. Sin socios capitalistas, con líneas de crédito y reinvirtiendo beneficios, Alicia Hernández, a sus 43 años arriesga: «Hemos crecido un 18% en el último año. La industria de la moda no está bien, la clave de nuestro éxito es que Dolores siempre quiso ser española, fabricar aquí, creo que el fracaso de algunos ha sido irse fuera buscando producir más barato y así tener más margen. Eso les ha generado problemas con las entregas y la calidad. Aquí tenemos gente que trabaja sus ocho horas, cotizamos, pagamos impuestos y utilizamos telas de calidad, eso repercute en el escándalo. Es imposible vender un vestido a 40 euros. Nuestra media es unos 150». Miguel Marinero deja de ser sólo peletero para dar el salto al textil, en Cibeles presenta su colección cápsula para mujer y Antonio Alvarado lanza colección de baldosas y revestimientos para paredes inspiradas en la sastrería inglesa.

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