«Harper’s Bazaar», 150 años a cargo de Madonna

La mítica revista de moda celebra su más de medio siglo de existencia eligiendo a las 150 mujeres más estilosas del mundo, de las cuales la cantante de «Like a Virgin» se lleva la palma y ocupa la portada de su número especial de febrero

  • LA RUBIA ATÓMICA No duda en vestir su mejor armadura para hablar del inculto de Donald Trump
    LA RUBIA ATÓMICA No duda en vestir su mejor armadura para hablar del inculto de Donald Trump

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14 de enero de 2017. 14:36h

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Julio Valdeón 14/1/2017

«Harper’s Bazaar» cumple 150 años. Hay que celebrarlo. En estos días nublados, cuando parece que no quedará una publicación sobre la Tierra, su pervivencia ofrece cierta esperanza. No, no sonrían: aunque el motor fundamental de «Harper’s» sea el negocio de la moda, siempre ofreció caramelos. Dio cobijo a fotógrafos como Richard Avedon, Man Ray y Robert Frank. Andy Warhol enviaba ilustraciones. Entre los autores que han escrito en sus páginas figuran Henry James, Jack London y Norman Mailer. Seymour Hersh publicó su reportaje sobre la masacre de My Lai. Tampoco digo que «Harper’s Bazaar» sea el «New Yorker» o «Les Temps Modernes». Su longevidad se explica por una férrea dedicación a asuntos menores, del culo de las modelos a los tocados y faldas de los modistos, y de ahí a los consejos para mantener terso el cutis y la penúltima dieta a base de tubérculos. Pero más allá de tanto reportaje deshuesado, late una pulsión –no sé si freudiana– por hacerse perdonar la frivolidad a base de permitir que escriba, fotografíe y dibuje gente de gran talento. Un 90% de tontería y un 10% de oro. Algo es algo. Especialmente ahora, cuando va siendo imposible encontrar espacios para publicar por algo más que el «me gusta/no me gusta» de tu novia en Facebook.

Tampoco es cuestión de ponerse excesivamente listillos. ¿Cómo no disfrutar una publicación que llevó en portada a Lauren Bacall y Audrey Hepburn? Siguiendo una tradición que en los últimos años incorporó a Lena Dunham, Drew Barrymore, Julianne Moore, Nicole Kidman, Penélope Cruz, Kate Moss, Beyoncé y Lady Gaga, los editores han recurrido para el aniversario a uno de sus comodines: Madonna. La italoamericana ha respondido con una estupenda sesión, a cargo de Luigi & Lango, y una entrevista en la que saca a pasear la metralleta. La misma con la que hace ya 34 años, al ser preguntada en un plató de televisión sobre sus proyectos de futuro, puso cara de niña buena y ojos de gata ronca y susurró: «Dirigir el mundo».

Están, primeramente, las declaraciones políticas. Mientras la mayoría de sus colegas nos aleccionan respecto a la última colonia que han patrocinado, la rubia atómica no duda en vestir su mejor armadura para hablar del ínculto Trump y la que se avecina. Cuenta que pasó la noche de las elecciones orando junto a su agente. Como las divas son así de exóticas y especiales, una rezaba el Corán y la otra, o sea, Madonna, el Zóhar, es decir, el libro cabalístico por antonomasia. Descontada su devoción por Shimon bar Yojai, hay que reconocerle el valor: «Hicimos de todo: encendimos velas, meditamos, rezamos, ofrecimos nuestras vidas a Dios para siempre, por si valía de algo. Me fui a dormir y, desde esa noche, me despierto cada mañana igual que cuando has terminado una relación y alguien te ha roto el corazón. Te despiertas y por un segundo sólo eres tú y luego recuerdas que “Oh, la persona que amas acaba de romperme el corazón, estoy devastada y rota, y no tengo nada”. Así es como me siento cada mañana. Me levanto y me digo: “Un momento. Donald Trump es el presidente. No fue un mal sueño. Ha sucedido”. De alguna forma es como si te abandona un amante y también como si estuvieras atrapada en una pesadilla». Para Madonna, la gente del negocio calla porque teme perder seguidores y/o dar pie a que alguien pregunte que a quién le importa la opinión de un cantante y que el próximo disco lo va a comprar su tía.

También tiene chicha su declaración de intenciones. ¿Por qué no pasa de los estudios de grabación, las giras y las películas y se dedica a disfrutar de los millones? Si nadie le pregunta eso a Steven Spielberg, si nadie se lo preguntó a Picasso, ¿por qué a ella sí? Por machismo, responde. Por misoginia. Porque escuece que haya sobrevivido cuatro décadas y demostrado que el escándalo, lejos de ser un fin, fue apenas una herramienta más en el nutrido arsenal de quien compartió trono con Michael Jackson y Prince, cuando reinaba la MTV, y ha visto pasar las décadas sin levantar el pie del acelerador. Sí, es muy posible que no entregue un buen disco desde hace 15 años, aunque nadie puede discutirle su centralidad en el canon del pop. Sus herederas le copiaron los encajes, los vídeos, los besos, los desnudos, la parafernalia, los exabruptos y las portadas, pero siguen bajo su sombra porque les falta el elemento clave, el ingrediente imprescindible: las canciones. Buenas canciones. Y de esas, hay que reconocerlo, Madonna tiene, o tenía, unas cuantas.

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