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Hay vida después de Zara

Marta Ortega asistió ayer por primera vez a los desfiles gracias a su novio, Carlos Torretta, mientras que Menchén Tomás destacó por sus volúmenes y estampados, como lo hicieron también los Ailanto.

Marta Ortega asistió ayer por primera vez a los desfiles gracias a su novio, Carlos Torretta, mientras que Menchén Tomás destacó por sus volúmenes y estampados, como lo hicieron también los Ailanto.

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García Madrid se estrena en la MBFWM. Ni le tiemblan las piernas, ni ha tenido problemas para dormir. Lleva once años en este negocio y tiene las ideas claras: «El objetivo de mi desfile es vender, no que me pongan en un museo», afirmaba ayer. Por eso su oferta se ajusta a lo que un buen armario de hombre necesita. «Hago una revisión de la sastrería clásica», asegura, de ahí que a la chaqueta de un esmoquin azul le ponga las solapas de color verde, que a un blazer en lana fría con estampado de cuadros le acabe los puños con tres botones o que las mangas sean ligeramente más cortas para que sobresalgan los puños de la camisa. También «moderniza» la chaqueta cruzada colocándole bolsillos de plastón. Y por último, algo muy meritorio en este caballero de fina estampa, que tiene en cuenta la responsabilidad social y el respeto por el medio ambiente, nunca trabaja fuera de la Comunidad Europea y ya tiene cuatro puntos de venta propios.

El ailanto es el árbol del cielo y, por tanto, el de los dioses y casi como dos divinidades celestiales llegan los gemelos Múñoz, Aitor e Iñaqui, que venden el 80 por ciento de su producción en Japón y Estados Unidos, y que ahora entrarán como una llamarada celestial en Dubai. Una compradora se ha enamorado de su colección y las jequesas se cubrirán de Ailantos la próxima primavera. Son licenciados en Bellas Artes «y nuestro fuerte es el estampado, es lo que nos gusta crear con acuarelas, témperas o pasteles, luego lo llevamos a las telas, donde hacemos “patchwork”, bordados o le metemos hilos tensados. Pasamos un mes creando las telas, luego, hacemos los diseños», comentaban. También son paisajistas y sus viajes por todo el mundo son para descubrir ese mundo vegetal que luego convierten en estampados. Para su última colección se fijan en la pintora norteamericana Jessie Arms Botke y reinterpretan las aves exóticas de sus cuadros. De ahí que el negro de sus vestidos sea el de la grulla coronada, el coral de las faldas el del flamenco y el azul de sus trajes largos, el del pavo real. Los tejidos que entran en este paraíso onírico vegetal son satenes y bambulas de seda, crepe listado en viscosa, plumeti con acabados metalizados y devoré de terciopelo.

Ana Locking lleva su larga melena teñida de rojo: «Ha sido casual. Yo lo achaco a que estoy tan cansada que el rojo me da energía», asegura. La diseñadora siempre hace desfiles muy conceptuales y en esta esta ocasión nos llevó a un mitin político norteamericano con una inmensa cabeza de Donald Trump que recibía a las modelos a pie de pista. Ellas se dividían en políticos, «preachers», según la nomenclatura de la diseñadora, y en votantes, «believers». Para la línea política, «hago una sastrería clásica reinterpretada con chaquetas con mangas tres cuartos y camisas de hombre convertidas en vestidos», afirma. E incluso una referencia a los «bustier» que Gaultier le hacía a Madonna. Para los votantes la vida es más libre, con vestidos largos, solapas con vivos de colores, lurex, encajes, tejidos brocados, enormes «pailletes», chalecos abiertos sin espalda y «bodies» con nido de abeja.

Llegó el día

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Sabíamos que por fin un miembro del mundo Inditex tendría a bien sentarse en un desfile de la pasarela que patrocinan. Ese día llegó, gracias al amor. Sin dar declaraciones a los medios y vestida de Zara entraba Marta Ortega de la mano de Carlos Torreta para ver lo que han creado para la primavera-verano 2018 los que podrían ser en un futuro su cuñada y suegro, María y Roberto Torreta. Un bloque de siluetas ajustadas y otro con vestidos holgados, sujetos con tirantes, escotes en pico, faldas terminadas en un gran volante al estilo de los trajes hippies de los setenta, tejido jersey con efecto metalizado y mucha napa. Por su parte, Menchén Tomás realiza un viaje al interior de sus sueños con rayas, flores y verdes con fucsias y mostazas, la paleta de un mercado de especies. «Hago un trabajo de patronaje oculto para dar volumen, pero sin que se vean los cortes. El plisado lo hacemos a mano y parece que se infla, creando un volumen fantástico», comentaba Olga Menchén, directora creativa y fundadora de la firma. Sus pantalones son piratas pero también como un libro que se abren; el vestido puede ser camisero largo en exquisita seda blanca y la falda pantalón para un traje de noche que no pasará indiferente en ninguna alfombra roja.