Cultura

José Ángel Mañas: “El Kronen nació en un ambiente libertario que ya no existe”

Retoma el universo de la novela que le hizo célebre con una segunda parte que transcurre 25 años después, «La última juerga», que ha recibido el Premio Ateneo de Sevilla

El escritor José Ángel Mañas. Foto: Cristina Bejarano.
El escritor José Ángel Mañas. Foto: Cristina Bejarano.

En contra de lo que mucha gente piensa, José Ángel Mañas nunca había recibido un premio literario. «Historias del Kronen» fue la novela debut de un joven escritor que se convirtió en fenómeno, y fue finalista del Premio Nadal de 1994 y supuso el primer paso de una carrera que conformó un cosmos en «Mensaka» y «Ciudad rayada». Veinticinco años después del Kronen, Mañas recibe el premio Ateneo de Sevilla por su continuación, «La última juerga».

–¿Por qué esta continuación?

–Si alguien no ha leído la anterior, aquí tiene una «road movie» carpetovetónica, delirante, que cuenta el reencuentro de dos amigos 25 años después, aunque uno de ellos está muy enfermo. Para quien conozca el Kronen hay otras resonancias. Me insistían y yo me negaba constantemente a volver. Para escribir necesito personajes y una anécdota.

–¿Qué anécdota?

–El arranque lo tenía, era una broma que he dicho muchas veces. Si volvía, tendría que ser con un personaje en estado terminal. Quería que fuera una novela muy suelta: si te pesa la mano y te sientes agarrotado o con demasiado respeto a la historia, te estrellas. La sorpresa fue que salió como un tiro, como si el personaje estuviera esperando salir. Otras las he peleado y las he rehecho. Pero las buenas salen a chorro y luego pones el oficio.

–Sitúa el fútbol de trasfondo.

–Quería darle importancia al deporte porque igual que el Siglo de Oro coincidió con la decadencia política, la edad de oro del deporte español ha coincidido con un momento turbulento. Era un espejo del año 92, en el que transcurría la primera del Kronen.

–Pero los tiempos no se parecen en mucho.

–A finales de los 80, Almodóvar y McNamara cantaban en la TV pública «Quiero ser mamá» y el Kronen corresponde a los últimos coletazos de ese clima libertario o irresponsable, si quieres. Eso ya no existe.

–¿La corrección política le interesa o le aburre?

–Creo que el equilibrio es una lógica de contextos y el arte es un contexto carnavalesco. Ahí no puedes poner límites. Otra cosa es el espacio social de la columna y ahí debe aplicarse.

–Por ejemplo, lo que diga en una entrevista...

–Las mismas barbaridades dichas aquí o por el personaje en una novela son cosas distintas. Y creo que ese espacio libre no nos lo podemos cargar, porque es la válvula de escape de una olla a presión que es la sociedad.

–Hoy se analizan mucho las obras de ficción. Seguramente esta novela sea machirula.

–Entro en esa categoría, lo sé. A mí me encanta Doris Lessing y veo a Spike Lee que hace sus películas de y sobre negros y chico, creo que es lógico que mis novelas tengan una tendencia masculinista. Podría cambiarlo, una vez puse una narradora muy cabrona, pero tu prisma es el que es. Yo no tengo complejos, la verdad. Que cada uno vaya por donde quiera. Hay mucha más preocupación por esto entre los jóvenes, pero a mí me la refanfinfla.

–Todos son hombres.

–Yo entiendo que en el audiovisual, que tiene una exigencia de éxito enorme, al final tengas que meter personajes masculinos y femeninos. Pero la literatura es muy personal.

–El humor engrasa el texto.

–Lo necesitaba para que el personaje, que es desagradable, tenga un puntito que te caiga bien.

–Sale en la historia Jose Ángel Mañas.

–Como Hitchcok, siempre me saco como un detallito. No es narcisismo, es para separar el narrador del autor. ¡Y el protagonista se hace un turulo con la tarjeta que le doy! (risas). El personaje se ríe de todo y de mí el primero.

–Tiene banda sonora esta novela, como el Kronen.

–Si... Acabé echando pestes del indie porque me pareció que algunos eran de un pijerío insoportable. Siempre analizo el éxito del trap y del reguetón en esos términos. Te hablan del idioma de la calle y lo pillas. Jota, que es un letrista más que correcto comparado con lo que se hizo, es un tipo con una hipersensibilidad que te engancha y que te permite conectar con él y ha sido el primero en darse cuenta de que Yung Beef tiene la misma sensibilidad.

–Le veo muy puesto...

–Me interesan ciertos «traperos», investigué para una serie que iba a hacer. Es música de la crisis.

–Habla del esnobismo del indie, ¿y el literario?

–Pedanterías. Pero hoy en día el intelectual ya no intenta deslumbrarte con Joyce y Kieslowski, sino que te dirá que se sabe los diálogos de Tarantino y los grupitos más guays... ese es el nuevo esnob. Pero eso no es malo, ¿eh?, hoy en día vale todo, perfecto.

–¿Su relación con los cenáculos literarios...?

–Poca. Hay escritores que me caen bien, pero con otros desconecto, como si hablo con un cura. La tertulia es una competición entre señores que son como los raperos de hoy, a ver quién la tiene más larga, pero en cultureta.