¿Y si la KGB mató a Albert Camus?

El italiano Giovanni Castelli publica un libro con nuevas pruebas sobre la muerte del Premio Nobel

El gran Fausto Coppi, doble ganador del Tour de Francia, falleció en 1960 de malaria. Sin embargo, quién sabe por qué, la noticia llegó a Francia desvirtuada, de resultas de la cual el «campionissimo» había muerto en accidente de tráfico. «No hay nada más absurdo que morir en un accidente de tráfico», declaró Albert Camus el 3 de enero de aquel año. Justo al día siguiente, el cadáver del Premio Nobel yacía entre un amasijo de hierros, a orillas de una carretera a 100 kilómetros de París, enclaustrado junto a su editor Michel Gallimard en un deportivo Facel Vega FV3B. Gallimard había perdido el control del vehículo en un recta, bajo la llovizna y a 180 kilómetros por hora, hasta dar con un árbol.

Se dio por hecho que fue un accidente, a pesar de que la calzada estaba en buen estado, era ancha y no había apenas tráfico. Solo recientemente se ha puesto en cuestión la versión oficial. El poeta y escritor italiano Giovanni Catelli ya alertó en 2011 en el «Corriere de la Sera» de que el autor de «El extranjero» pudo haber sido asesinado por la KGB soviética. En España se publicó en 2017 su ensayo «Camus debe morir» y ahora ha salido en varios países una ampliación de sus investigaciones titulada «La muerte de Camus». Según su teoría, los servicios de inteligencia soviéticos lo tenían en el punto de mira desde que en 1956 se mostrase tremendamente crítico con la invasión de Hungría. En 1960 habrían logrado trucar el automóvil en el que viajaba Camus para provocar una muerte que pareciera accidental. La orden directa de liquidar al escritor provendría de Dmitri Shepilov, ministro de asuntos internos de la Unión Soviética.

Catelli se basó en lo relatado por el poeta y traductor Jan Zábrana en sus diarios de 1980. «Escuché cosas sumamente extrañas de parte de un hombre que sabía mucho y lo constataba con fuentes firmes», declaraba el checo. Supuestamente, añade, «armaron el neumático con una herramienta que eventualmente lo atravesó cuando el automóvil viajaba a alta velocidad. Parece que le tomó tres años a la inteligencia llevar a cabo la orden. Lo lograron eventualmente y de tal manera que, hasta hoy, todos pensaron que Camus había muerto a causa de un accidente automovilístico ordinario. El hombre se negó a decirme su fuente, pero afirmó que era completamente fiable». Catelli añade ahora en «La muerte de Camus» nuevos indicios, testimonios del abogado francés Jacques Vergès. El letrado Guiliano Spazzali informó a Catelli que el galo sabía de aquel amaño.

Es público y notorio que Camus y la URSS no eran los mejores amigos. El Nobel se colocó en frente del totalitarismo soviético en una época en la que casi toda la intelectualidad estaba de su parte. En 1957, año en el que obtuvo el galardón, declaró contra la situación de Boris Pasternak, autor de «Doctor Zhivago», en Rusia, silenciado y censurado. Su apoyo fue fundamental para que éste lograra el Nobel al año siguiente, un premio que tuvo que fue forzado a rechazar. Asegura Paul Auster en el prólogo del libro que «una vez asimilada la evidencia presentada por Catelli, se hace difícil no llegar a la misma conclusión terrible. Por lo tanto, el “accidente automovilístico” ahora debería clasificarse como “asesinato político”».