Díaz supedita la «exploración» de pactos a la unidad de España

Díaz confirmó que Antonio Pradas será el nuevo coordinador de la Interparlamentaria, en lugar de Miguel Á. Heredia
Díaz confirmó que Antonio Pradas será el nuevo coordinador de la Interparlamentaria, en lugar de Miguel Á. Heredia

La presidenta de la Junta y secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz, no se siente «satisfecha» con el resultado electoral que su partido obtuvo el 20D –90 diputados–. Lo admitió ayer ante los asistentes a la primera Interparlamentaria del año de su formación, pese a que, como no perdió la oportunidad de recordar, ella se anotara en aquella cita con las urnas la cuarta victoria consecutiva en Andalucía. Cree que los socialistas deben abrir una «reflexión» en torno a lo que no supieron ganar en diciembre, pero también que tener que repetir los comicios generales sería «un fracaso como país». Desde ese punto de partida y en el caso de que tuvieran que asumir la responsabilidad de conformar el futuro Gobierno central, el viaje para intentar alcanzar el reino de la Moncloa, no puede poner en riesgo señas de identidad. Por ello, tiene claro dos cuestiones, a anotar por el secretario general del partido, Pedro Sánchez, a quien Díaz no nombró, pero sí recordó que de su federación, «un pilar importante», son 22 de los 90 diputados socialistas y 22 de los 67 senadores.

¿Cuáles son sus directrices? De un lado, «hay que decir con rotundidad no a Rajoy» y «a quién esté al frente del PP», matizó cerrando la puerta a acuerdos con futuribles sustitutos del presidente del Ejecutivo en funciones, porque los populares «han cargado contra derechos básicos». «También vamos a exigir», planteó del otro, «que aquéllos que quieran sentarse con nosotros a explorar otras alternativas, no pongan sobre la mesa ni la autodeterminación ni que el derecho a decidir ser otra cosa distinta que el proyecto común que es España», advirtió, en referencia a Podemos y a Cataluña. En otras palabras, se aferró a la «nítida» hoja de ruta marcada entre ruido de sables por el Comité Federal del 28D, al entender que «es lo mejor que pueden ofrecer», aunque dejó la puerta entreabierta a canales inexplorados, siempre que se garantice la defensa de la unidad de España y la igualdad, en derechos y obligaciones, de todos sus habitantes.

Y es que, asevera, le resulta difícil «pensar» que haya fuerzas de izquierdas que «en estos momentos hablen de guiños», de «lo territorial», con miles de familias por debajo del umbral de la pobreza o en un Estado en el que existen «niños que no tienen garantizado lo básico». «Me cuesta entender –insistió- que quienes se consideran de izquierdas o quieren arrogarse la voz de la gente –nueva alusión a Podemos– no estén poniendo por delante de la frontera, de los muros entre unos y otros, la necesidades de los ciudadanos». Y sin dejar las atribuciones ajenas, la líder de los socialistas andaluces reconoció que le ha «sentado muy mal», «profundamente mal», que «algunos hace tan sólo unos días dijesen, como la portavoz de Podemos en Andalucía –su íntima rival Teresa Rodríguez– que la decencia al Parlamento ha llegado cuando ellos han entrado».

No es una bagatela, a su juicio, la hilera de hombres y mujeres que entraron por la puerta del Congreso de los Diputados en 1977, entre los que citó a Enrique Tierno Galván, Nicolás Redondo, Ramón Rubial, Santiago Carrillo, Rafael Alberti, o Dolores Ibárruri, «la Pasionaria»; quienes, por encima de ideologías, «buscaron la reconciliciación en este país», pese a que algunos habían estado en la cárcel por defender las libertades. Nombró además a Adolfo Suárez y Manuel Clavero, como ejemplos de los que querían ya desde entonces que España «fuera mejor para todos». «Nadie tiene derecho a arrogarse la decencia, la honestidad», zanjó tras el repaso histórico. La socialista rechazó además la idea de que en la Transición la izquierda se vendiera «a cambio de unas migajas» o que ésta fue «un candado». Por eso considera que quien amalgama ideas de ese tipo y las lanza, sin tener en cuenta lo conseguido por la sociedad española durante las últimas décadas, «mal va a buscar el acuerdo».

«Encañonaba» de nuevo a Podemos, cuyo primeros pasos en el Congreso no dudó criticar. «No son alentadores», sostuvo, dado que, a su juicio, no deberían reclamar tener «el cuádruple de voz y representación –los Grupos Parlamentarios que exigen para sus socios territoriales–», que la que le han otorgado los ciudadanos en las urnas. «Quien condiciona cualquier alternativa de Gobierno en España a la proporción en el poder que ostente en una Cámara, mal camino está trazando al conjunto de los ciudadanos», deslizó, para volver a enviar un recado a la formación morada de Pablo Iglesias, de cara a presuntas negociaciones de investidura.

Al margen de esas componendas, o no, defendió la necesidad de reformar la Constitución española pero «no para encajar a nadie, sino para encajarnos a todos» y que ésta permita encarar el futuro en mejores condiciones en «el horizonte de un país moderno», así como blindar a la ciudadanía ante posibles rodillos que pretendan llevarse los derechos de las personas por delante. ¿Qué hace falta para ello? Según Díaz, «más socialdemocracia», o dicho de otra forma: «Más PSOE». En ese sentido, recalcó a los suyos que ese partido «tiene sentido cuando es útil a la gente» y, si no lo es, «no sirve». Con todo, antes había proclamado que en concreto el PSOE andaluz es un «factor de estabilidad», de «cohesión social y territorial», para dar por sentado que la federación que dirige «estará a la altura» de la «importante responsabilidad» que tiene en la coyuntura actual. Tras su discurso, sólo falta saber, si no cambia nada en el panorama pos 20D actual, cómo se cuadran círculos.