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El coche eléctrico y la industria del automóvil

  • Un coche en una estación de repostaje eléctrica. Una imagen habitual en países como Suiza y cada vez más frecuente en España
    Un coche en una estación de repostaje eléctrica. Una imagen habitual en países como Suiza y cada vez más frecuente en España

Tiempo de lectura 4 min.

03 de junio de 2018. 20:08h

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José Manuel Cansino.  4/6/2018

Siguiendo la estela de otros municipios como el de Hamburgo, el Ayuntamiento de Madrid ha decidido que los vehículos diésel fabricados antes de 2006 y los de gasolina anteriores al 2000 no podrán circular próximamente por las denominadas Áreas de Prioridad Residencial del Centro de la ciudad. Los compradores de coches parece que están anticipando una hostilidad institucional contra el vehículo diésel. Así, los representantes de la industria española del automóvil agrupados en Anfac publicaban el pasado viernes que solo un 35,3 por ciento de los automóviles matriculados en mayo fueron diésel. Esta cifra es más baja incluso que la del mes de marzo, que registró el peor dato de vehículos matriculados propulsados por gasóleo desde 1996.

La transición a un nuevo parque de vehículos es una cuestión particularmente sensible para España desde dos perspectivas; el cumplimiento de los compromisos internacionales en la lucha contra el cambio climático y la importancia de esta industria para nuestra economía.

Respecto a la primera perspectiva, el transporte supone en España el 40 por ciento del consumo final de energía y es responsable directo del 25 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Tanto es así que los redactores del informe sobre transición energética española han señalado que será la electrificación masiva del parque de vehículos la que permitirá abatir las emisiones de GEI si se cumplen las estimaciones de demanda de vehículos alternativos para 2030. En este sentido las autoridades españolas aprobaron la denominada Estrategia de Impulso del Vehículo con Energías Alternativas (2014-2020) con un objetivo para 2020 de 150.000 vehículos eléctricos partiendo de una cifra de 10.000 vehículo en 2014 (ya eran 14.000 en 2017) sobre un parque total de vehículos de casi 23 millones. Con datos de 2015 el 57, 8 por ciento de ese parque tenía más de diez años de antigüedad. En consecuencia, buena parte tendría graves dificultades para cumplir las restricciones impuestas por el gobierno municipal de Madrid como avanzadilla de otros que están por replicar la norma avant la lettre; por ejemplo, Barcelona. Este tipo de norma reconoce, no obstante, que la industria automovilística de motores convencionales también ha hecho grandes esfuerzos en mejorar la eficiencia de los motores y reducir los niveles de contaminación. Los vehículos más recientes han disminuido el consumo de combustible por kilómetro reducido y también las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión. De hecho, el segmento que más crece es el de vehículos que consumen menos o igual a 4.8 l/km lo que supone un volumen de emisiones de 120gCO2/km frente a los 160 g CO2/km emitidos por los vehículos con un consumo superior a los 6.4 l/km.

En cualquier caso, la electrificación del transporte en España pasa por un cambio en la estructura del transporte terrestre de mercancías que reduzca el peso del transporte por carreteras y aumente el transporte ferroviario, algo que sin duda provocará una fuerte respuesta de los transportistas cuya capacidad para colapsar el tráfico es determinante. Por si esa dificultad no fuera pequeña, el comercio electrónico de los hogares y las empresas no hace más que crecer y ello acentúa la demanda de servicios de transporte y reparto de paquetería aunque con un tamaño promedio menor de lo transportado.

La segunda perspectiva a considerar en esta cuestión es la que atañe a la industria del automóvil en España. Los datos dicen que en 2015 la industria recuperó los niveles de producción previos a la crisis de 2008 y que en 2017 se esperaban fabricar tres millones de unidades. Esta capacidad de producción sitúa a España como la segunda potencia europea en la fabricación de vehículos y la octava a nivel mundial. En total son más de 44 modelos los que se fabrican en España, más de 20 de manera exclusiva, y con destino final a más de 170 países diferentes. Pero hay más porque la industria española de fabricación de motores y cajas de cambio también es un referente mundial que fabrica más de dos millones de motores y más de un millón de cajas de cambio al año. Los datos están tomados del informe «Energía y ciudades» publicado por el Club Español de la Energía.

La previsible penetración masiva de vehículos híbridos, híbridos enchufables y eléctricos puros va a tener un fuerte impacto económico y no sólo sobre la industria de fabricación de automóviles. Al fin y al cabo el sector de fabricación del automóvil ya fabrica casi todas las tecnologías disponibles para vehículos. Me refiero al impacto sobre sectores tales como el de reparación de vehículos, el de piezas de recambio, el del refino de petróleo y el de generación eléctrica. En los tres primeros el impacto se espera negativo y actualmente estamos trabajando en el grupo de investigación de la Cátedra de Economía de la Energía de la Universidad de Sevilla en su estimación. El impacto sobre el sector de generación eléctrica será, en cambio, positivo y coincidirá con el cambio que ya registra la matriz de generación española en la que cada vez la presencia de tecnologías limpias es más determinante.

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