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El enésimo sonrojo viajero

La derrota en Gerona del Sevilla (1-0), incapaz de crear una sola ocasión ante un adversario en caída libre, confirma que al equipo de Caparrós le viene grande la lucha por la cuarta plaza

  • El portugués Carriço y el delantero del Girona Portu / Foto: Efe
    El portugués Carriço y el delantero del Girona Portu / Foto: Efe
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Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

28 de abril de 2019. 18:47h

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Lucas Haurie Sevilla. 28/4/2019

Lo que no puede ser, no pueder ser; y además, es imposible. «El Gallo» dejó, además de una carrera legendaria como matador de toros, un adagio al que conviene recurrir cuando huelgan mayores explicaciones. Y se podría rellenar todo el espacio reservado a esta larga crónica dando motivos por los que el Sevilla, en este declinante ejercicio 2018-19, no es un equipo con marchamo «Champions». Ojo, que todavía podría ser cuarto con un poco, o un mucho de suerte, pero eso no convertiría a esta banda apestosa en un buen equipo. En el campo de un Girona que estaba en plaza de descenso y no ganaba desde que San Narciso libró a la ciudad de la francesada, perpetró el mismo ridículo que en Villarreal, Huesca, Praga o Vigo, entre otros. Puede dejar detrás a dieciséis más torpes que él, vale, pero eso tampoco significaría que es un gran equipo.

No puede serlo, o sea, el conjunto que encadena vodeviles casi cada vez que se va de viaje. Se jugaba media Liga de Campeones en sus dos salidas a la hora de almorzar, dos encuentros consecutivos en Getafe y Girona de los que regresa de vacío y tras dos espectáculos indignos. Eso deparó en Montilivi, frente a un conjunto gerundense que reclamaba el descabello porque se presentó al encuentro como uno de esos grupos deprimidos que se despeñan sin remisión. Lo confiaron todo los de Eusebio, que había rozado la destitución el jueves tras su sexta derrota consecutiva, a un inicio vigoroso, consciente de que el Sevilla es mucho de la mandanga cuando no juega al calor de su gente.

En esos minutos iniciales desperdició Stuani un mano a mano de los que suele embocar y envió Bernardo dos cabezazos con aviesas intenciones, pero uno se estrelló en el larguero y otro se topó con la mano salvadora de Vaclik. Joaquín Caparrós, un fan del fútbol de porcentajes, lo fiaba todo a la eficacia de sus puntas, reencontrada contra el Rayo y que se echó de menos en la única ocasión digna de tal nombre, un contragolpe de Munir que se estrella con la salida oportuna de Munir y el posterior remate de Ben Yedder, quien se precipitó y chutó fuera cuando el portero local no estaba bajo los palos y sólo un defensa guarnecía la línea de gol.

Sería preceptivo recrearse con esa doble oportunidad porque ninguna otra tuvieron unos futbolistas andaluces fúnebres como el negro de sus camisetas y grises como el color de sus bocamangas. Salieron en la segunda mitad con la idéntica disposición que en la primera, pésima, hasta que llegó el gol de Portu. Banega, 50% desidia y 50% imprecisión, perdió el balón ante Pere Pons, fingió una falta para no tener que seguirlo y fue su par, diez segundos después, el que asistió al murciano al término de un contragolpe en el que Roque Mesa rodó por el césped al notar un soplido y los dos centrales recularon como juveniles. Un espanto de jugada.

Quedaba, no obstante, más de media hora. Tiempo de sobra para remontar y no digamos para arañar un empate que, visto con perspectiva, habría sido de platino. Ben Yedder largó un zambombazo sin ángulo que repelió Bono y ahí se terminaron las ofensivas sevillistas. Sí pasaron algunas cosas, sin embargo, y ninguna buena. Se lesionó Carriço sin que parezca en disposición de reaparecer hasta el curso próximo; se ganó dos partidos de suspensión, como mínimo, Banega, uno por la quinta amarilla y otro por una roja directa en la última jugada, prueba definitiva de su desquiciamiento, si es que hiciese falta. Los minutos de Bryan demostraron que está verde, a no ser que salga a favor de querencia como contra el Rayo. Y Franco Vázquez, ay, Franco Vázquez. Los mudos son ahora sus defensores, que no encuentran ni un solo argumento para justificar sus encendidas alabanzas.

Valencia y Getafe le dan vidilla

La derrota del Sevilla en Montilivi no tuvo nada de definitivo debido a los tropiezos de Valencia y Getafe, que no movieron el statu quo en la pelea por la cuarta plaza. El equipo che no pudo en Mestalla con un Eibar que aguantó el empate a cero hasta el minuto 93, cuando un gol de Charles le dio los tres puntos. Los de Bardalás, por su parte, perdieron 2-1 en el campo de la Real Sociedad, don marcaron William José, Oyarzá-bal y el visitante Saiz.

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