El patriotismo de Montoro

La Razón
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Sin explicarlo, probablemente porque no ha sabido y porque hubiera sido imprudencia ante los mercados, el ministro andaluz Cristóbal Montoro lo único que ha hecho es apelar al patriotismo para que España, finalmente, haya sido rescatada por los propios españoles. Un patriotismo, de naturaleza tributaria, que en efecto ha supuesto cierto sacrificio a las clases medias. Ahora bien, ¿acaso la patria no exige a veces determinadas renuncias individuales? ¿Acaso era preferible que hubiéramos sido intervenidos desde el extranjero? Quizás haya llegado la hora de desmontar el falso mito del milagro de 1996, una manida mercancía averiada de carácter político que, como envenenado «boomerang», algunos pretenden volver contra el actual PP obviando que la situación de endeudamiento privado, de déficit público y de quiebra financiera que el Gobierno encontró a principios del pasado año era infinitamente peor que la herencia de Felipe González con una economía entonces que, aun con desequilibrios importantes, registraba crecimientos positivos desde 1995. Y existe una segunda especie, tan adulterada como desmentida, sobre las supuestas bondades de una drástica reducción de la administración pública. Una medida sencillamente suicida en una etapa recesiva puesto que el despido de cientos de miles de empleados públicos no provocaría sino deprimir más la demanda y aumentar el gasto en prestaciones por desempleo, presionando por tanto el presupuesto y dificultando a corto plazo cualquier disminución de impuestos. Ahora bien, Aznar y Aguirre encuentran cada vez más eco a sus declaraciones no por casualidad. Apuntan cuestiones de interés para cuando cambie el ciclo y se aprovechan del inefable consejo de ministros del 26 de abril en el que la vicepresidenta y los dos ministros económicos – ellos sabrán el cómo y el porqué– tanto daño hicieron, también, a Mariano Rajoy.