Almonte

Entre Bretón, Carcaño y el «caso Wanninkhof»

La Fiscalía ve «una red tupida de pruebas» y la defensa argumenta que «no hay ni una sola objetiva» en la última sesión del juicio con jurado

El procesado por el doble crimen de Almonte, Francisco Javier Medida
El procesado por el doble crimen de Almonte, Francisco Javier Medidalarazon

La Fiscalía ve «una red tupida de pruebas» y la defensa argumenta que «no hay ni una sola objetiva» en la última sesión del juicio con jurado

La verdad judicial no necesariamente coincide con la verdad oficial o la verdad investigada. Los ejemplos son múltiples en la crónica negra. Para los investigadores del «crimen de Almonte», el único autor posible del doble asesinato es Francisco Javier Medina, el acusado que se enfrenta a 50 años de cárcel. La última sesión del juicio con jurado popular en la Audiencia de Huelva concluyó ayer con el encausado, visiblemente emocionado, defendiendo su inocencia y mostrando su deseo de que «cojan al verdadero asesino». Un tribunal popular debe dictaminar ahora si las pruebas existentes son suficientes para probar la autoría por parte del acusado de un crimen que emparenta, en parte y según la investigación, con la venganza pasional de un caso como el de José Bretón, con las dudas razonables existentes en la causa contra Loli Álvarez –el «caso Wanninkhof»– y por los vacíos en el relato y el puzzle de difícil encaje de las horas y ubicaciones del «caso Marta del Castillo». De hecho, Miguel Carcaño fue quien sentó una «jurisprudencia» inversa mostrando que, ante las lagunas de una investigación, el silencio o directamente la mentira mantenida puede suponer una vía de escape.

El fiscal habló ayer de «una tupida red» de pruebas contra Medina, algo en lo que coincidieron las acusaciones particulares. La defensa, por su parte, sostiene que «no hay ni una sola prueba objetiva».

De los testimonios de casi 120 personas, entre peritos y testigos, se debe dictaminar si Fran Medina asestó más de 150 puñaladas a Miguel Ángel Domínguez y su hija María, de 8 años, el 27 de abril de 2013, en el marco de un «crimen pasional». La mujer y madre de las víctimas, Marianela Olmedo, era pareja del presunto asesino en el momento de los hechos. Para las acusaciones, «el ADN –apareció en tres toallas, aunque la defensa sostiene que fue por «transferencia» de su entonces pareja– es concluyente». «Le incrimina de forma tajante». «Miguel Ángel era una bellísima persona y un padre ejemplar. Le dije (a Marianela) que se tenía que aclarar: irse con uno u otro», señaló el acusado. La defensa sostiene que estuvo «siempre» en el supermercado –en el que trabajaba tanto la víctima, como su esposa, el acusado y también su ex pareja– y que salió al tiempo que sus compañeros. «Ni vistiendo a Fran aquella noche con el uniforme y las facultades de Superman podría haberlo ejecutado». El crimen se cometió entre las 21:52 y las 22:02, según la UCO. Dos vecinos situaron a Fran Medina fuera del supermercado entre las 20:00 y las 20:25. El visionado de las imágenes de la empresa presenta al acusado a las 20:40 cobrando en caja hasta las 20:47 horas; a las 21:00 pasa por la línea de cajas; y a las 21:38 se visualiza un carro y unos pies que, según la defensa, «son del acusado». La ex novia de Medina señala que lo vio en la tienda a las 21:40 y a las 22:00 saliendo con Marianela. Otros compañeros no lo recuerdan. Por su parte, Marianela se presentó en el juicio como víctima de violencia psicológica. El fiscal señaló que el acusado «movido por los celos, acabó con su principal rival sentimental llevándose por delante a la pequeña por reconocerlo». Los psicólogos, por una parte, señalan que el acusado es una personal normal y sencilla, descartando el carácter agresivo; mientras que peritos de la acusación remarcaron su carácter violento y celoso. Las huellas del número 44 (el detenido usa un 42), la ausencia de pelos o sangre y el supuesto regreso al lugar del crimen de madrugada para «hacer la cama» y una marca a la niña son otros de los interrogantes por resolver. El jurado tiene la palabra.