Justicia ininteligible

Como todos los organismos jurídicos contaminados por los nombramientos políticos, es decir, todos menos los juzgados de primera instancia, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía es un chiringuito partidario en el que las sentencias se intuyen en cuanto se conoce la adscripción del ponente. Según la cuadra en la que pace el togado, así evacuará (considérense todas las acepciones de tan polisémico verbo) sus autos y providencias. Esto es aceptable, mientras la sociedad civil no logre cambiar las reglas del juego, en lo tocante a sus amos los aforados y en asuntos de marcado tinte ideológico como el triste caso del juez Serrano «versus» el «lobby» feminazi. Pero escapa a toda lógica la absolución por el TSJA de Óscar Riquelme, probado autor del denominado «crimen del botellón» y condenado por ello a más de doce años de prisión. Se retorció la norma hasta dar con algo vagamente parecido a un defecto de forma para beneficiar al (presunto) asesino, una especie de retruécano legal imposible o de triple mortal sin red anonadante para onanistas del Derecho y más alucinante todavía, aunque por distintos motivos, para la familia de la víctima, cuya persistencia en ejercer la acusación particular ha hallado oídos en el Supremo. Se seguirán preguntando ahora los magistrados por qué los ciudadanos no confían en la Administración de justicia. Pues miren ustedes, señorías, porque muchas veces no hay dios que entiendan en qué carajo están pensando mientras redactan sus papeles. Dicho sea con el debido respeto, naturalmente.