Los insultos del tuteo

Tras varias décadas de ostracismo, el tratamiento de usted vuelve a ganar adeptos en las relaciones interpersonales. Hubo un tiempo en que ni los matrimonios se tuteaban, no digamos nada de los hijos con respecto a sus mayores, ante los que estaba feo incluso encenderse un cigarrillo. Las familias, se usteen o se tuteen, no han cambiado demasiado en la esencia ni en el funcionamiento, lo que sí ha cambiado es que ustear se extiende con extraordinario vigor entre los desconocidos. Que se lo pregunten si no a la jefa de Podemos de Andalucía, Teresa Rodríguez, que exigió en su día el tratamiento de usted en tanto que porta la condición de autoridad pública. Arrea. La máxima autoridad andaluza de Podemos, además, engarza con coherencia los tiempos verbales, lo cual no deja de ser de un indudable mérito. Los temores de Rodríguez, al fin y al cabo, son los que sufrió en su vida Jacinto Benavente, a quien no pocos confundían entre señor y camarada. El nobel madrileño, tan comediante como burgués, decía que los hijos, a fuerza de llamar al padre papá y a la madre mamá, luego papuchi y mamuchi, acabarían llamándolos poco menos que paparrucha y mamarracho. He ahí la cuestión. Desde luego se trata de un temor legítimo. Hay partidos políticos en los que nunca se sabe bien quién es hijo de quién y qué tratamiento se merecen los unos para con los otros. Y por eso Teresa Rodríguez reclama con ardor el usted al tiempo que tutea con inquina a Pablo Iglesias, padre putativo y líder supremo, frente a quien Diego Cañamero se cuadra como un recluta en Sajalín. El protocolo es para quien se lo gana. Rodríguez sabe que ella se lo merece, pero, al ser tan comediante como liberal, defiende la libertad de expresión de Spiriman, ese médico granadino que ha convertido el exabrupto en bella arte.