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«Me preocupa la obsesión por presentar la Transición como un engaño»

«Qué nos ha pasado, España», las luces y sombras de 40 años de democracia

«Me preocupa la obsesión por presentar la Transición como un engaño»
«Me preocupa la obsesión por presentar la Transición como un engaño»larazon

«Qué nos ha pasado, España», las luces y sombras de 40 años de democracia

Fernando Ónega, como buen periodista, tiene el don de la oportunidad. Esta semana se cumplen 40 años de las elecciones de 1977 que nos devolvieron la democracia y ya está en las librerías su última obra, «Qué nos ha pasado, España» (Plaza & Janés), una radiografía de los profundos cambios que ha experimentado el país, con sus luces y sus sombras.

–¿Hemos cambiado para mejor o para peor?

–Para mucho mejor. Entre otras cosas porque hemos terminado con el terrorismo de ETA, con el golpismo y con la miseria, aunque queden focos muy voluminosos. En España hubo un cambio social de plena modernidad. Creo que el balance es positivo. Luego queda un poso de decepción, de ahí el subtítulo del libro –«De la ilusión al desencanto»– causado por tres factores: la corrupción, la crisis económica y las heridas que deja abiertas, y la inquietud por Cataluña.

–En el libro analiza los cambios políticos y sociales de España en estos últimos 40 años. Nada más y nada menos.

–Me pareció interesante hacer un repaso y una interpretación de lo ocurrido para que no se pierda en la memoria y tengamos conciencia de los aciertos y de los errores. Había que ponerlo todo en su conjunto para tener una perspectiva de lo que ha sido este país.

–¿Quedan cosas nuevas que contar de la Transición?

–Se ha contado todo. Pueden quedar pequeñas anécdotas o sucedidos personales, pero lo fundamental está contado. Si queda algún secreto del 23F yo no lo sé. Si lo supiera lo hubiera contado. Lo que me preocupa como ciudadano es la obsesión por revisar la Transición, por presentarla como un engaño o por lo menos como un apaño de unos cuantos. Me parece un signo peligroso, un engaño al país y una maniobra para tratar de cambiar el sistema, atacando lo que han sido sus bases.

–Se produjeron muchos cambios políticos, pero los más importantes tenían que ver con las mentalidades. ¿En qué ayudó el destape?

–Fue un asomo a las libertades. Por las redacciones circulaba el dicho «con Fraga hasta la braga». Se experimentó hasta dónde permitía la democracia y la libertad. No tiene mayor trascendencia histórica.

–Alfonso Guerra dijo en 1982 que a España no la iba a conocer «ni la madre que la parió». ¿Acertó en su vaticinio?

–Acertó y lo recojo en algún punto del libro. La España de 2016, y la parte que toco de 2017, no tiene nada que ver con la del 77. Las familias han cambiado y las relaciones sexuales. Si nos dicen que algún día íbamos a ver matrimonios entre parejas del mismo sexo hubiéramos llamado al loquero para que recogiera al que decía eso. Sin embargo, hoy en día es una realidad aceptada en su mayoría, al menos así lo interpreto yo. Han cambiado las costumbres. También hemos cambiado de moneda y de Rey, y ahí queda eso. Hemos cambiado el sistema de partidos políticos, o por lo menos su presencia parlamentaria. Hemos descubierto que somos un país bastante tolerante. Etcétera, etcétera, etcétera.

–Habla en el libro de «la gloria y caída del socialismo». ¿El PSOE ha salido herido de las últimas primarias?

–Antes de las primarias se decía que el PSOE se jugaba su unidad, sobre todo si ganaba Pedro Sánchez. Ha ganado y el partido no se ha roto. Es una buena noticia, o al menos es noticia. La socialdemocracia está en crisis en toda Europa, independientemente de que hubiera primarias o no. No creo que las primarias sean el mejor sistema. Las heridas van a depender de cómo Sánchez hace su equipo o sus equipos, y de la capacidad que tengan los que se han opuesto a Sánchez de poner en práctica su filosofía sobre el socialismo.

–¿Ha llegado el momento del ocaso de Susana Díaz como líder nacional?

–La palabra ocaso me parece exagerada. Lo que sí ha llegado es el momento de que Susana Díaz se plantee cuál es su futuro político. Si se contenta con seguir en Andalucía, ganando las próximas elecciones, o mantiene alguna aspiración nacional. Pero eso depende de ella.

–En un mensaje de Twitter caben 140 caracteres. ¿Es posible lanzar una buena idea política con esa extensión?

–En este tiempo sí. Estamos en el tiempo donde los políticos dan titulares de prensa. Un titular es más corto incluso que un tuit. Lo que no se puede explicar es un programa ni una filosofía para resolver los problemas del país. El abuso del tuit como forma de comunicación puede desvirtuar el discurso político, que precisamente no atraviesa su mejor momento en cuanto a su brillantez y originalidad.

–La frase «puedo prometer y prometo», pronunciada por Adolfo Suárez, le sigue persiguiendo. ¿Cómo surgió?

–Me sigue persiguiendo gozosamente. Surgió en una reunión donde estaba Adolfo Suárez, su vicepresidente del Gobierno entonces, el general Gutiérrez Mellado, y este servidor. Estábamos pensando el discurso de petición de voto de las elecciones del 15J y debía tener algún problema de credibilidad porque dijo «quiero transmitir que lo que vaya a prometer estoy en condiciones de cumplirlo, y tengo voluntad de cumplirlo». Puse música a esa letra pensada por Adolfo Suárez.

–¿Ve talento en los políticos actuales o todo es producto del marketing?

–Hay marketing y talento. Sin marketing no se puede hacer nada en este terreno. Respecto al talento, hay demasiados jóvenes para que podamos hacer una valoración. Me parece injusto comparar la brillantez del primer Parlamento de las Cortes Constituyentes con lo que se ve ahora, y ciertamente ahora se ha perdido la brillantez, elegancia y prestancia de las Cortes de Carrillo, Fraga, Felipe González, Suárez y otra mucha gente. No se puede pedir a Pablo Iglesias, que es un chavalín, o a Albert Rivera que tengan los mismos resultados que han tenido los clásicos de la política española.