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Oneto

El extravagante flequillo de José Manuel Oneto Revuelta, «Peponeto» para el siglo y el oficio periodístico, fue con toda probabilidad una excelente baza para convertirse en un tertuliano profesional, pues ésa fue su principal ocupación a raíz de su incorporación al elenco que lideraba cada tarde en TVE, allá por los últimos ochenta, otro legendario periodista andaluz: Jesús Hermida. Muerto ayer en San Sebastián a los 77 años, este isleño de San Fernando hizo de esa cascada de cabello su carta de presentación y, rubicundo como Camarón, su más ilustre paisano, el carisma de ese peinado imposible lo trascendió: en el equipo de rugby que nos forjó la personalidad durante la adolescencia, motejamos como «Oneto» a un ala de centro de gravedad bajo que hacía caer su pelo sobre un ojo por el método del lametón de la vaca. Nunca supimos cuál era su nombre ni, se lo puedo jurar, casi nadie en aquel vestuario sabía nada sobre el director de Cambio 16. La televisión lo había convertido en un icono pop y eso desvirtuó, aunque no lo supiésemos hasta mucho después, la enorme valía profesional de un sabueso que olisqueaba los vientos políticos como el gorrino detecta las trufas gracias al olfato. Su docena larga de libros, en la más ortodoxa tradición del reportaje en gran formato, suponen un tratado condensado de la Historia de España –diseccionó el 23-F mejor y más meticulosamente que nadie– desde la muerte de Franco a la caída de Felipe González a quien, como tanta gente, primero adoró y luego le causó una profunda decepción. Con la diferencia de que él fue de los primeros en darse cuenta de que idealista vencedor de las elecciones de 1982 escondía a un trilero totalitario en el fondo de su personalidad. No le hace bien a ninguna profesión la pérdida de sus referentes. A ésta, menos que a ninguna.

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