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Pensar y luego hablar

Tiempo de lectura 2 min.

06 de marzo de 2018. 19:56h

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Este sabio consejo no es algo que yo practique habitualmente. Más bien lo contrario. Pero en mi disculpa he de añadir que aunque trabaje en distintos medios y lo que diga pueda ser escuchado por muchas personas –al tratar generalmente temas amables– mis meteduras de pata no tienen mayor trascendencia. Y en último caso sólo a mí perjudican. En el artículo de ayer hablaba de la metedura de casi todo el cuerpo, no sólo de la pata, del portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid en el asunto referido sobre Almodóvar. Pues bien, hace unos días el arzobispo titular de Madrid, el cardenal Carlos Osoro –la gran esperanza blanca del catolicismo español al que muchos importantes miembros de la Iglesia no dudan en señalar como sucesor del Papa Francisco–, en la presentación de un libro sobre el fundador del Opus Dei, apoyó abiertamente la huelga feminista del día 8. Pero la sorpresa fue cuando añadió que la virgen María también lo haría. Quiero dejar claro otra vez que soy creyente por la vía sevillana, para que lo entiendan. Es decir: recorrido de sábado tarde: Iglesia del Salvador, maravillarse con el Cristo del Amor en su quinario y por primera vez en el altar mayor, pero en su paso, y la sangre que te corre como en Domingo de ramos. Segunda estación: el Señor del Silencio en besapié, con la elegancia, la clase que posee esta hermandad desde hace siglos. Tercera estación : el besamano de nuestra señora del Mayor Dolor y Traspaso, con su hijo el del Gran Poder mirándola con todo amor desde arriba. Última, capilla de la Universidad, quinario del Cristo de la Buena Muerte, la perfección. Ahí están mis credenciales. El cardenal anduvo desafortunado. Su apoyo al paro feminista, bien; pero meter a la santísima Virgen en la política es un error. Habló antes de pensarlo. No se escuchó su voz cuando L’ Osservatore Romano señaló el maltrato que sufren monjas que atienden a prelados y sacerdotes, que son tratadas como criadas, sin sueldos o con muy escaso pago a pesar de tener algunas estudios superiores. Eminencia, esta historia no encaja con su fervor por la huelga en favor de la mujer.

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