Política

Socialismo y Constitución

La Razón
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Esperanza Oña, vicepresidenta del Parlamento andaluz y alcaldesa de Fuengirola, ha desentrañado este fin de semana en un brillante, moderado y cartesiano artículo la razón nuclear de por qué es tan difícil cualquier reforma constitucional. Y no sería otra que la ambigua indefinición del PSOE respecto al modelo de Estado y a la existencia misma de la nación española, concepto éste que, recordemos, el propio ex presidente Zapatero afirmó considerar discutible. En su reposada columna –alejada de cualquier vehemencia que, en ocasiones, no le ha propiciado ningún bien–, Oña desmonta con habilidad la idea de que es el Partido Popular el que mantiene secuestrado cualquier intento de reforma constitucional. Una novación jurídico política que requeriría –para no convertirse en voladura de la actual Carta Magna– de unos consensos mínimos que si PP y PSOE quisieran (suman el ochenta y cuatro por ciento de la representación popular), podrían alcanzar. Ahora bien, ¿dónde han estado o cuál ha sido la actitud de los socialistas en los últimos quince años ante las proclamas y veleidades independentistas de los nacionalistas vascos, catalanes o gallegos? ¿Qué quiere significar el PSOE cuando presume de situarse en una posición equidistante entre el nacionalismo español y los nacionalismos periféricos? ¿Es el ininteligible federalismo cooperativo solidario apuntado por el presidente andaluz Griñán homologable al federalismo con pretensiones de pacto fiscal que reivindican los socialistas catalanes? Es obvio que la Constitución habrá de ser reformada más pronto que tarde y que será la estimulante tarea que aguarda al futuro Rey Felipe VI. Su padre contó hace treinta y cinco años con el apoyo de una inteligente clase política. De momento, lamentablemente, la inestabilidad de un partido menguante y a la vez necesario como el socialista hace imposible abrir ningún melón.