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Un mundo mejor nuestro que suyo

Tiempo de lectura 2 min.

05 de julio de 2018. 18:48h

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Lucas Haurie.  6/7/2018

Gervasio Iglesias, rey Midas del audiovisual andaluz, consiguió que la Warner, nada menos, produjese la peripecia cinematográfica de los compadres, esos dos personajes de acendrada sevillanía que Alfonso Sánchez y Alberto López popularizaron en una desopilante saga distribuida por internet. Hace unos años, su opera prima «El mundo es nuestro» había constituido un suceso extraordinario gracias a las armas que empuñan los artistas preñados de talento y cortitos de dinero: un guion brutal y una asombrosa capacidad para tapar con bricolaje las carencias presupuestarias. «El mundo es suyo», acompañada por una estruendosa trompetería publicitaria, enseña retazos de esa frescura de los comienzos pero no termina de romper en comedia de trapío, como sin duda habría merecido la agudeza de unos personajes redondos que retratan al natural a la raza hispalense: embustera, clasista, aparentadora, floja e hipócrita. Salvan la cinta las magníficas cualidades interpretativas de los protagonistas, y también de secundarios que están sembrados como Selu y Love, dos genios del Carnaval gaditano que provocan la carcajada general en cuanto asoman su careto. Para un liberal, el cine sólo tiene sentido como industria pingüe, así que no se trata aquí de denostar las mal llamadas películas comerciales. Santiago Segura con su media docena de Torrentes y el bombazo de «Ocho apellidos vascos» conforman la vanguardia de una generación de realizadores (Juan Antonio Bayona o nuestro Alberto Rodríguez a la cabeza) que al fin ha entendido que la excelente factura no está reñida con el favor del público, sino que son elementos casi siempre coincidentes. Sánchez y López no han estado esta vez del todo redondos, pero son creadores solventes con una credibilidad acumulada que les granjeará nuevas oportunidades.

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