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Vacaciones de clausura, ¿un nuevo turismo?

Varios conventos de Sevilla abren sus hospederías como una forma de obtener ingresos para poder subsistir y mantener los edificios históricos

Varios conventos de Sevilla abren sus hospederías como una forma de obtener ingresos para poder subsistir y mantener los edificios históricos

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El origen de las hospederías de los conventos y monasterios está en dar cobijo a religiosos de paso y a familiares de la propia comunidad. Pero el paso de los años ha hecho evolucionar este planteamiento para acoger, normalmente, «a grupos de oración o personas con inquietud que quieren conocer, de primera mano, cómo es la vida de la comunidad», según explican desde el convento de San Clemente. O como sucede en el de Marchena, «acogemos a personas que vienen a trabajar o que quieren conocer los alrededores».

En España se calcula que hay en torno a 600 monasterios y conventos, de los que 24 están en Sevilla y solo cinco de ellos ofrecen el servicio de hospedería. El Convento de Santa Rosalía, que cuenta con cinco habitaciones dobles y cuatro individuales; el de San Clemente, con seis; Espíritu Santo, Las Jerónimas, con 12 individuales, dos dobles, una habitación para movilidad reducida y un apartamento para dos personas; o La Purísima Concepción de Marchena (Hospedería Santa María), con ocho dobles y cuatro individuales.

Celdas adaptadas

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Las habitaciones son celdas de convento que cuentan, como comenta sor Consolata, de la Hospedería Santa María de Marchena, «con baño individual, aire acondicionado, calefacción y, además, cambiamos las sábanas cada semana y las toallas cada dos días». En la mayoría de los casos este servicio ha surgido porque, según explica sor Inmaculada, «no teníamos otra solución. Ahora estamos contentas y los que nos visitan también se van muy contentos» pero, como recuerda, «todo esto se hizo con mucho esfuerzo y mucha fatiga». Algunos han tenido que solicitar préstamos porque, como reconocen las hermanas, «no teníamos ni un duro» para poder acondicionar las instalaciones y gracias a la entrada y salida de huéspedes y a la voluntad, en algunos casos, «hemos pagado los préstamos y sobre todo los intereses». Algunos de ellos tienen fijado un precio por habitación, 30 euros al día por persona o 50 euros si se quiere pensión completa. En cambio otros, como es el caso de San Clemente o de las Jerónimas «aceptamos la voluntad, lo que buenamente puedan y quieran dar», comenta sor Esperanza del convento Las Jerónimas. Los ingresos que obtienen con este servicio han ayudado a las hermanas a pagar los préstamos pero la hospedería también tiene sus gastos, «un cristal que se rompe, una puerta antigua y lo que más notamos es la luz», explica sor Inmaculada. «El que viene a nuestra casa no le importa gastar más o menos luz o agua así que no todo son ganancias» reconoce la hermana pero asegura que «estamos contentas porque es un medio de vida».

Algunos de los conventos tienen página web, correo electrónico o recomendaciones en portales como Tripadvisor. Pero lo que de verdad les funciona es «el boca a boca». «Normalmente los que vienen repiten y mandan a sus familiares y amigos», explica sor Consolata. Así conoció María José Medina este tipo de alojamiento. «Se lo habían recomendado a un amigo, estuve en el convento de Santa Rosalía por primera vez en 2012 y he vuelto a repetir hasta en tres ocasiones más», comenta. «La cercanía, el precio –pagué 25 euros la primera vez y ahora unos 30 euros por noche–, y que está muy bien comunicado» son los motivos por los que María José escogió este convento y comenta que su experiencia con las hermanas ha sido «muy buena». Y lo que es más importante, «repetiría otra vez en lugar de ir a otro tipo de alojamiento» porque, como reconoce «es una forma de ayudar a las hermanas a mantener un edificio que de otra manera es difícil debido a la falta de subvenciones».

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