Los caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén reciben a sus nuevos valores

El cardenal vallisoletano Carlos Amigo ofició la ceremonia bajo la atenta mirada de los caballeros de la Orden
El cardenal vallisoletano Carlos Amigo ofició la ceremonia bajo la atenta mirada de los caballeros de la Orden

Un sacerdote, doce caballeros y una dama entrarán hoy a formar parte (serán cruzados) de la milenaria Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén. Y lo harán por vez primera en Valladolid. En concreto, en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en una ceremonia denominada de cruzamiento, antiquísima pero no anticuada, además de muy vistosa y ostentosa. En ella, los nuevos valores de la Orden, formada por 340 caballeros y 85 damas en toda España -diez de ellos de nuestra Comunidad- harán su promesa sobre la espada y las espuelas de Godofredo de Bouillón, el que fuera líder de la primera cruzada que conquistó Jerusalén en 1099 y defensor del Santo Sepulcro en el nuevo reino que se creaba en ese momento.

A estos elegidos les colocarán la cruz patriarcal de doble travesaño de la Orden de las lugartenencias españolas, que lucirán con orgullo en su pecho, y se vestirán con el hábito de coro de Canónigo Honorario de Calatayud y la capa negra o blanca, según sean caballeros o damas, con la quíntuple cruz potenzada. Como punto de referencia el Santo Sepulcro, lugar de la Resurreción de Jesucristo, los nuevos caballeros y damas de esta Orden se comprometerán a defender los derechos de la Iglesia y de los cristianos en Tierra Santa, que engloba a Israel, Palestina, Jordania, Chipre, Egipto y Siria. «Y es que, ser católico en estos lugares no es nada fácil, porque te señalan a ti y a tú familia, a tu gente y tu propia casa», señala a LA RAZÓN José Luis Emperador, delegado de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén en Palencia.

Y es que, cuando se creó el Estado de Israel, en 1948, el 20 por ciento de la población era cristiana, porcentaje que en estos momentos apenas llega al 2 por ciento, y del 1,2 por ciento en los territorios ocupados de Palestina. Una cifra aún más baja se da en la ciudad de Belén, en la que apenas hay un cristiano de cada cien, por los setenta de cada cien que había hace sesenta años. De ahí la función de esta milenaria Orden fiel el Sumo Pontífice e instituida para la custodia del Santo Sepulcro, cuyos objetivos pasan por velar por la propagación de la Fe en Tierra Santa, proteger los derechos de los cristianos, y, sobre todo, financiar al cien por cien los gastos e inversiones del Patriarcado Latino de Jerusalén. Por ejemplo, el pasado año este Patriarcado recibió entre doce y catorce millones de euros por parte de las aportaciones de los caballeros y damas de la Orden de todo el mundo. Dinero con el que pueden costear hospitales, escuelas, seminarios, centros de acogida, residencias de ancianos, proyectos de ayuda, labores de investigación e incluso facilitar un puesto de trabajo a los cristianos que viven en Tierra Santa. «Ayudamos a que esta gente pueda tener una casa y un empleo para evitar que emigren a otros países y que el cristianismo desaparezca de estos santos lugares», explica José Luis Emperador, para quien el hecho de formar parte de esta Orden -fue investido caballero en junio de 2008- es un privilegio, pero, sobre todo, es algo que le mantiene activo, vivo y útil, y que da sentido a su vida.

Renovación espiritual

Pero los actos de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén en Valladolid comenzaron ayer con la ceremonia de Vela de Armas y la Vigilia de Oración en la iglesia de San Pablo de la capital vallisoletana. Un día gélido pero que no impidió que más de doscientas personas participaran de este singular acto en el que se leen una serie de lecturas que recuerdan las tradiciones, la historia y la espiritualidad de la Orden y en el que los caballeros y damas renuevan sus compromisos y obligaciones como defensores de los valores cristianos en el mundo.

El Gran Prior de la Lugartenencia, el cardenal vallisoletano Carlos Amigo ofició esta ceremonia, acompañado de del Gran Prior Emérito, José Manuel Cardenal Estepa y Llaurens, y por el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, que finalizó con las habituales promociones de los diversos grados de la Orden: desde Caballero a Comendador de Comendador a Gran Oficial, y, de éste último, a Gran Prior.