«Reduciremos esperas pero la prioridad continúan siendo los casos más graves»

Sáez Aguado asegura que recortar a un tercio la demora supone «un desafío» y que estamos mejor que la media

Antonio María Sáez Aguado, en su despacho de la Consejería de Sanidad

Sáez Aguado asegura que recortar a un tercio la demora supone «un desafío» y que estamos mejor que la media

Algo más de dos años. Es lo que lleva al frente de la Consejería de Sanidad Antonio María Sáez Aguado. Un 'todoterreno' del ámbito sociosanitario, con una experiencia que pocos pueden ofrecer en su hoja de servicios, que conoce al dedillo cómo funciona la administración y que busca a diario la manera de mejorarla. No hay fórmula mágica en una estructura que engloba a más de 36.000 trabajadores, lo que supone más del 40 por ciento del total del personal al cargo de la mayor empresa de Castilla y León, la Junta. Los desafíos, muchos. El ánimo, intacto. Y el esfuerzo, constante. Obligado.

- El presupuesto para el próximo año será nuevamente restrictivo. Se contrae. Sin embargo, ustedes insisten en que la prioridad, que no es otra que garantizar servicios básicos, está asegurada.

- Estoy convencido de que contaremos con un presupuesto suficiente para abordar con garantías, en 2014, la Sanidad pública. De que afrontaremos bien el año. Nos enfrentamos nuevamente a un Presupuesto de base cero, que se marca como objetivo dar respuesta a lo imprescindible. La situación en la que seguimos impone esto. A partir de ahí, esperamos ir incrementando partidas. Pero, lo cierto es que en Sanidad, la mayor parte del gasto es imprescindible para mantener el funcionamiento de servicios que podemos tildar de inflexibles.

- Pese a las críticas, usted puede presumir de tener bajo el brazo un Paco por la Sanidad Pública con más de 60 colectivos.

- Ese acuerdo ha dado estabilidad y tranquilidad a todos. Ha blindado un modelo que seguirá adelante. A partir de ahí, sigo diciendo que, en Castilla y León, no ha habido reducción de derechos, servicios o prestaciones. El sistema se ha adelgazado algo en términos de organización de las plantillas, pero, desde el punto de vista de los servicios, todos los centros de salud siguen funcionando, con un nivel un poco más bajo de sustituciones -es cierto-, pero con una jornada laboral ampliada y las atenciones hospitalarias en términos parejos a anteriormente.

- En época de crisis, no parece fácil lograrlo, la verdad...

- Bueno, el sistema ha perdido algo de grasa, pero mantiene músculo, estructura y funcionamiento. En estos momentos, eso es clave, como tener clara la idea de que mantenemos el modelo.

- De su boca suelen salir palabras como sostenibilidad, eficiencia, productividad, entre otras...

- Sí (sonríe). Al descender a niveles intermedios de la Sanidad pública, encontramos cuestiones que nos hacen pensar que hay que cambiar para mejorar la productividad. Los recursos sanitarios han crecido, así como el número de trabajadores. Han mejorado las infraestructuras, hay más tecnología... y, sin embargo, la productividad tiene recorrido, porque hay una expansión más limitada, algo que, por otra parte, es típico en este ámbito. Con más recursos se hace lo mismo, porque las prestaciones sanitarias son muy intensivas. Por eso, tenemos que mejorar esa productividad y, sobre todo, la eficiencia en la Sanidad.

- Ahí es donde entra, imagino, el modelo de gestión clínica.

- Eso es. Las decisiones no las toman sólo los responsables políticos o los gestores, sino profesionales en el día a día. Y esas, son las más importantes, con efectos en los resultados, en que curemos más o menos, en la seguridad, satisfacción y gasto. Ahí hay que mejorar. Esa utilización de los recursos por los profesionales debe tener correlato, al trasladarles más capacidad de decisión.

- ¿Qué me dice del reto de eliminar duplicidades, consejero?

- Hemos planteado, por ejemplo, la integración de los tres hospitales de Sacyl en Valladolid, con ese fin, en un área única. Si se pueden agrupar equipos, no sólo reduciremos duplicidades, sino que se podrán hacer cosas nuevas, que grupos pequeños a veces no pueden materializar.

- ¿Qué le parece la polvareda que está levantando esa unificación?

- Tiene que ver con un ánimo que ha llegado a la sociedad en general, de temor a que cualquier medida tenga impacto en términos de ajustes. En Sanidad no podemos ser inmobilistas. Tenemos que seguir actuando para mejorar, sobre todo partiendo de que, como digo, vamos a mantener el modelo.

- No es algo nuevo en la Comunidad...

-No. No lo es. Hoy, salvo en Valladolid, en todas las áreas de salud, existen complejos hospitalarios. Con hasta cuatro hospitales que se gestionan en Salamanca. Con unas dimensiones u otras, con la única excepción de Segovia, donde sólo hay un hospital público. Eso quiere decir que, en el resto de provincias castellano y leonesas, hemos logrado dimensionar mejor las cosas.

- ¿Cuándo confía en resolver este asunto?

- No es algo que me obsesione. No me centro en que se haga en cuatro u ocho semanas. Lo importante es que se generen menos temores y más consensos. Me he reunido con ciertos críticos y, tras las explicaciones, se entiende mejor. Es en lo que trabajaremos a partir de ahora.

- La crisis y esos cambios a golpe de orden que también han afectado al profesional sanitario podrían hacer pensar a más de uno que pueda haber díscolos...

- En una organización como ésta, con más de 36.000 profesionales, puede haber de todo. Eso es cierto. Pero, globalmente, los sanitarios cumplen, pese a que los ajustes han afectado a todos. El esfuerzo que se les ha pedido ha sido muy importante. En algunos aspectos, mayor que al conjunto de los empleados públicos. Pero han mantenido la tensión en el trabajo y gracias a ellos funciona la Sanidad. El profesional sanitario es muy vocacional. Si no, los resultados serían diferentes. El ejemplo es que en centros donde se trabaja a turnos, se prolongan estos para hacer bien transiciones. Nos han recomendado, poco a poco, ir reconociendo el solapamiento de jornada, la entrega en el servicio.

- Usted se ha planteado reducir en una tercera parte el volumen de las listas de espera. Todo un desafío, ¿no cree?

-Sí, lo es. Tenemos un problema con las esperas quirúrgicas. Eso es evidente. Es algo general en el Sistema Nacional de Salud. He tenido la impresión, no obstante, de que se ha magnificado un poco este asunto en Castilla y León. Siendo algo importante a abordar, no ha sido ni es mayor que en España. De hecho, la demora media en Castilla y León siempre ha estado por debajo de la del conjunto del país. Hemos identificado causas estructurales y concretas, que surgen el año pasado, con la eliminación de peonadas y conciertos, algo que estamos revirtiendo. Pero, siempre hemos mantenido garantías en los casos más graves. Porque, no es lo mismo una intervención leve que una oncológica. Al haber más en el primer grupo, eso tiende a aumentar la demora media.

La clave, priorizar

- Cualquiera diría que, con esas mimbres, se enfrenta a un dilema complicado.

- Aquí hay dos alternativas: operar más procesos leves -lo que bajaría la demora media- o seguir incidiendo en casos graves, que como tienen poco tiempo de espera, tienen escasa traducción en las listas. Hemos comprometido hacer esto último, pero al mismo tiempo seguir rebajando el retraso medio. No obstante, creo que es momento de ir discriminando un poco. Por eso, ampliaremos el sistema de información, planteando datos en función de la gravedad, no sólo de la especialidad.

- Cambiando de asunto, consejero, hablemos de las urgencias médicas en los consultorios locales. Hace casi un año que se acordaba la supresión de ese servicio en 17 pueblos de la Comunidad. No le pido que se siente en el diván, pero, a toro pasado, cómo ve todo este asunto...

- Lo primero que analizo es que en los meses en que se suspendieron esas urgencias, la atención facilitada ha sido la razonable y adecuada. No ha habido incidencia alguna y se ha atendido a las personas en los centros de salud, abiertos las 24 horas. Verá: no fue una medida temeraria, vinculada al ahorro, sino con el fin de cumplir el objetivo del déficit. Las decisiones se analizan, se ve qué se está haciendo y qué es más o menos eficiente. Por eso tomamos la decisión, porque había un exiguo nivel de utilización y había dos puntos de guardia. Una vez que el techo de gasto se flexibiliza y accedemos a más recursos, revertimos esa situación. ¿En qué mejora esto? Fundamentalmente en accesibilidad y en la sensación de seguridad. Pero, insisto, ésta nunca se se vio comprometida.

- Coincidirá conmigo en que no fue esa la percepción de los vecinos...

- Sí. Se produjo una incomprensión y esa sensación de la que hablo. Parece lógico, pero, vuelvo a decirle e insisto, era una sensación. En términos objetivos, la atención estaba ahí y se prestó bien, rápidamente, cuando ha hecho falta.

- Otras autonomías siguen en el empeño privatizador. Usted ha dejado claro que no es esa la vía a seguir en Castilla y León, de hecho hace unos meses tiraba de frase lapidaria al decir, «No somos Madrid».

- (Sonríe) Cada comunidad autónoma afronta una situación diferente. Decía eso porque el modelo es distinto, como lo es la realidad demográfica y territorial que presentamos. En Castilla y León sería muy difícil incorporar iniciativa empresarial importante a la Sanidad pública. Sólo le digo una cosa: los funcionarios del medio rural que optan por la asistencia mutualista o de aseguradoras en Castilla y León, la reciben, pero la iniciativa privada nos la compra a nosotros. Ahora bien, creo que se ha magnificado la alternativa que supone que una empresa gestione un hospital.

- En román paladino, como quedó plasmado en aquel pacto, que no lo ve para Castilla y León.

- Ese esquema, no. El Gobierno de Castilla y León entiende que la Sanidad pública tiene otras ventajas y, además, no está muy claro que la gestión privada mejore la eficiencia. El entorno público aporta garantías de equidad, igualdad en el acceso y estabilidad, por lo que apostamos por mantener el funcionamiento de los centros y su gestión, intentando mejorar. Eso sí.

- Era usted muy crítico con el funcionamiento del Sistema Nacional de Salud y señalaba que el anterior Gobierno apenas les convocaba. Este fin de semana, sin ir más lejos ha estado usted en Bacelona, en un encuentro con la ministra Ana Mato...

- Va cambiando. Más lento de lo que nos gustaría, pero se avanza en asuntos como la puesta en común de la base de datos de tarjetas sanitarias, en su compatibilidad. O en el calendario unificado de vacunación. Ahora bien, habría que avanzar más en materia de recursos humanos. Las retribuciones deberían ser más homogéneas, porque hay diferencias de hasta el 15 por ciento, según el lugar. Y no es sólo una cuestión cuantitativa, sino cualitativa.

- Explíquese.

- La carrera profesional retribuye cosas distintas en cada autonomía. Hemos de llegar a acuerdos en cómo incentivar a los trabajadores igual. Es cierto que ha habido acuerdos con el Ministerio que apuntaban a la gestión clínica o la central de compras que aquí tenemos.

- La investigación, como el presupuesto del que hablábamos al principio, parece que está de capa caída...

- Es cierto que se ha contraído un poco, pero el mayor déficit que presenta es la transferencia de resultados y el papel y el esfuerzo del tejido empresarial en esta materia. En Castilla y León tenemos muy buenos centros. El presidente Herrera ya ha dicho que el reto pasa por vincular la investigación que en ellos se lleva a cabo con la clínica. Que se traduzca en resultados con rapidez y el sector privado se implique más, porque al final el medicamento lo hace la industria farmacéutica y el test genético, la biotecnológica. Esa conexión es básica.

- Sí, pero, desde fuera, parece que hay cierta dispersión en este asunto...

- Uno de los problemas sin duda es la diversidad de esfuerzos. Tenemos centros del CSIC, de las universidades, los hospitales... Y cada uno hace sus cosas. Pero también siguen su camino las empresas tecnológicas. Debe haber un esfuerzo de integración y, como digo, trasladarlo a la clínica. De la investigación básica a la práctica real, que es la que se aplica al paciente.

- Lo que no parece que se frene, consejero, es la actividad en trasplantes.

- Al contrario. Seguimos siendo líderes mundiales en ese ámbito. Es un ejemplo de que la Sanidad pública resiste la crisis. Esto requiere de recursos elevados y de priorizar, de frenar donde hay ineficiencias. En concreto, este asunto lo veo como el ejemplo de lo que debe ser el Sistema Nacional de Salud. Cohesionado. Donde lo importante no es la Organización Nacional de Trasplantes, ni las comunidades, sino los pacientes, la donación y el orden, lo que permite que España lidere este capítulo, y Castilla y León dentro de ella, pese a contar con una piramide poblacional madura.