Bill Viola o cómo hacer del tiempo una obra de arte

La Fundació Catalunya Pedrera acoge una gran retrospectiva dedicada al artista contemporáneo, gran totem del videoarte, que también contará con actividades en el Palau, el Liceo o la Fundació Sorigué, entre otros

Una visitante frente a una de las obras de Viola

La Fundació Catalunya Pedrera acoge una gran retrospectiva dedicada al artista contemporáneo, gran totem del videoarte, que también contará con actividades en el Palau, el Liceo o la Fundació Sorigué, entre otros

Las imágenes de Bill Viola consiguen abrir un extraño vínculo del espectador con un arcano sentido del tiempo. La vida se ralentiza, los ojos se abren y la imaginación descubre nuevas experiencias y viejas experiencias a un tiempo, como si recuperases de pronto una memoria dorada de otros tiempos. Nadie puede defenderse ante esta abrumadora sensación de pertenencia y allí se desarrolla una euforia tímida, tan increíble que uno ha de superar prejuicios y vergüenzas y aceptar que no eres el mismo de antes de ver uno de sus piezas. «Se que he triunfado si las personas salen de alguna de mis obras con una idea o sentimiento nuevo, aunque ni siquiera sepan quien soy ni quién ha hecho esta pieza», asegura Viola.

Muchos hablan de la espiritualidad de las obras del videoartista, pero no hay lógica física en sus piezas, por tanto no hay aburridas disertaciones metafísicas. Lo que hay es una sublimación de los elementos esenciales, o sea una teatralización perfecta del fuego, del agua, de la tierra, del aire. Esto hace que sus obras se miren de la misma forma que lo haríass frente a un cuadro de Vermeer o de Botticelli, o sea convierte al tiempo, a la sucesión, en una auténtica obra de arte. «El sigue el principio zen de que el nacimiento no es un principio y la muerte no es un final», descubre Kira Perov, mujer del artista y directora del Bill Viola Studio.

La Fundació Catalunya Pedrera acoge ahora la mayor retrospectiva dedicada al artista. Bajo el título, «Bill Viola. Espejos de lo invisible» se acogen más de 40 piezas, de 1976 a 2014, en un gran proyecto expositivo que se extiende por todo el territorio catalán e incluyen al Bòlit, Centre d’Art Contemporani de Girona,; al Museu de MOntserrat; al MUseu Episcopal de Vic; la Fundació Sorigué; así como el Palau de la Müsica y el Gran Teatre del Liceu. «Él está convencido que el trabajo del artista es hacer visible lo que está allí, peor nadie puede ver o quiere ver», señala Kerkov, cocomisaria de la exposición junto a Llucià Homs.

Entre lo que se podrá ver en la Pedrera destacan obras significativas de sus inicios como «The Reflecting Pool» hasta creaciones recientes como «The Quintet of the Astonished», «Self Portrait, Submerged» y la serie «Mártires», con cuatro piezas derivadas del encargo hecho para la catedral londinense de Saint Paul. «Sobre todo quiere que el espectador cuestione su percepción obligándoles a observaciones largas de objetos sencillos», recuerda Perov, que disculpó la ausencia de Viola a causa de su actual enfermedad, aunque recordó que su relación con Barcelona es larga y se remonta a 1984. «Nos encantó la posibilidad de hacer comunicar estas obras con la suntuosidad de la arquitectura de Gaudí», añadió.

Para el cocomisario de la exposición, Llucià Homs, era toda una «anomalía» que Barcelona no hubiese expuesto todavía una monografía a uno de los auténticos gurús del arte contemporáneo y que en 2009 recibió el Premi Internacional Catalunya. «Su obra habla directamente al corazón», comentó. El plato fuerte de esta temporada Viola llegará el 4 de diciembre con una noche con proyecciones de sus obras en La Pedrera, Palau y Liceu.