Carmen Laforet, al descubierto

RBA recupera la biografía de la autora de «Nada», escrita por Anna Caballé e Israel Rolón-Barada, con documentación desconocida

Carmen Laforet

RBA recupera la biografía de la autora de «Nada», escrita por Anna Caballé e Israel Rolón-Barada, con documentación desconocida

En 2010 se publicaba la primera biografía completa sobre una de las figuras más enigmáticas de la literatura española de posguerra. Anna Caballé e Israel Rolón-Barada se alzaban con el Premio Gaziel de Biografías y Memorias con «Carmen Laforet. Una mujer en fuga», libro que publicaría RBA. Aquel trabajo permanecía descatalogado y regresa ahora a las librerías en una nueva edición revisada y ampliada con interesantes novedades. Los dos autores siguen la huella de aquella mujer que decidió desaparecer del mundo cultural y no volver a publicar. Y es que el objetivo principal de la responsable de «Nada», la primera obra galardonada con el Premio Nadal, fue la búsqueda de su propia voz.

Uno de los motivos para dar nueva vida al libro es la aparición de nueva e interesante documentación. Poco después de la aparición de «Carmen Laforet. Una mujer en fuga» los autores recibían un sobre con un total de 44 cartas escritas por la novelista a Elia María González-Álvarez y López-Chicheri, más conocida por el gran público como Lilí Álvarez, una escritora y periodista española, además de ser una de las grandes tenistas de todos los tiempos. En ese epistolario se expone, como dice Anna Caballé en la introducción de la edición de 2019, «la intensidad de los sentimientos cruzados entre ambas mujeres en un tiempo tan represivo de la libertad moral de los individuos como fue el franquismo».

Las dos protagonistas se habían conocido en junio de 1951 cuando Laforet, por entonces casada con el periodista Manuel Cerezales y madre de tres hijos –estaba embarazada del cuarto– asistió a una tertulia en casa de los escritores Claudio de la Torre y Mercedes Ballesteros en la que leyó algunas páginas Lilí Álvarez, dieciséis años mayor que aquella que se convirtió en su amiga. Ese encuentro cambió la vida y la obra de Carmen Laforet al encontrarse con una realidad que le resultaba desconocida hasta aquel momento. De todo ello hay muestras en la correspondencia de la que se reproducen no pocos fragmentos en esta biografía, como cuando la autora de «Nada» se confiesa a su amiga para exponerle que «antes pensaba que esta confianza espiritual se debería tener solo con el marido. Ahora estoy totalmente segura de que ningún hombre la merece, ni la quiere, ni sabe qué hacer con ella». Más adelante, al rememorar aquel primer encuentro, Laforet diría que «Lilí, a quien yo imaginaba una horrible musculosa al estilo de la Chávarri, resulta ser una señora guapísima, pero guapísima de verdad, alta, esbelta y con unas piernas de maravilla. Y una naturalidad y un encanto personal grandísimos».

En otro epistolario publicado recientemente, Laforet le comentaba a Elena Fortún, la conocida autora de «Celia», lo que le había supuesto conocer a Lilí Álvarez: «He conocido a una persona que ha influido en mi vida de una manera muy extraña y muy buena ( ...). No es ningún espíritu seráfico ni mucho menos; sino alguien ha vivido y ha sufrido y que vive plenamente aún». Álvarez influiría en un episodio insólito y revelador como fue el recomendar a Laforet que durante una semana realizar un retiro espiritual en un convento madrileño para mejorar su formación religiosa.

Que la amistad entre ambas iba tomando otro rumbo hay huella en las cartas que la primera ganadora del Nadal escribe a la deportista e intelectual como cuando le notifica que «yo vivo mi cariño por ti preparándome a despedirme de ti todos los días. No hay cosa más desgarradora... Poco te he contado de esto que por ti sufro, porque sería idiota hacerlo. Pero Dios lo sabe. He ido a Él con la cobardía de este sufrimiento muchísimas veces y le he dado mi carga. Así poco a poco has llegado a ser querida en mi alma, y lo que empezó por cobardía se va convirtiendo poco a poco en valor. Ahora me parece que soy capaz de intentar seguir a Cristo con mi Cruz a cuestas... Hablo en parábolas, como el Evangelio. Tal vez no me entiendas. Al principio quería apartarme de quererte oara que todo me fuera más fácil. Esto es sabio, prudente y... tan sabia como antes».

También gracias a estas cartas, como señalan Caballé y Rolón-Barada, ahora podemos saber que la propia obra de Carmen Laforet bebió de aquella relación, como se vislumbra en la novela «La mujer nueva». ¿Su trama? Paulina, una mujer de mediana edad que decide independizarse de su marido y su hijo para iniciar una nueva vida en la que también cabe una apasionada relación amorosa.

Cuando en 1956 Carmen Laforet vuelve a estar embarazada de su quinto hijo, la relación se enfiará. Cuando se entera, Lilí no dudará en señalar que se siente traicionada. «Hay que querer purificarse», contestó Laforet en una carta.