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Cartas a su musa

Un libro recoge el epistolario cruzado entre Màrius Torres y Mercè Figueras, la joven que inspiró al poeta «Cançó a Mahalta»

Màrius Torres y Mercè Figueras en el Mas Blanc, en 1942
Màrius Torres y Mercè Figueras en el Mas Blanc, en 1942larazon

Si usted no conoce la obra de Màrius Torres créame que lo envidio. Poder tener la fortuna de disfrutar con la palabra poética del escritor es un verdadero placer porque nos encontramos ante uno de los mejores poetas catalanes de todos los tiempos, aunque su voz se apagara prematuramente.

Si usted no conoce la obra de Màrius Torres créame que lo envidio. Poder tener la fortuna de disfrutar con la palabra poética del escritor es un verdadero placer porque nos encontramos ante uno de los mejores poetas catalanes de todos los tiempos, aunque su voz se apagara prematuramente. Eso hace que la aparición de un libro nuevo suyo sea una buena noticia, algo así como un acontecimiento literario. Club Editor acaba de publicar «Cartes a Mahalta», un volumen en el que se reúne la correspondencia cruzada entre Màrius Torres y Mercè Figueras, la musa inspiradora del poeta. El libro es una invitación a acercarse al poeta y a sus años luchando contra la tuberculosis, con una serie de misivas que se mueven entre la Guerra Civil y los primeros momentos del franquismo.

El volumen, preparado por Meritxell Guimet y Margarida Prats, además de contar con un prólogo de Montserrat Casals, está formado por 86 cartas de Torres y 30 de Figueras, una cata respecto a las 503 que se conservan. Son seis años de un epistolario prodigioso y apasionante para cualquier lector.

Son dos amantes en el peor de los escenarios. Cuando se conocen ambos son jóvenes enfermos que residen en el sanatorio de Puig d’Olena, en el término municipal de Sant Quirze de Safaja. Les une la pasión por la lectura y por la música, además de una gran sensibilidad y una nada disimulada sensibilidad hacia la naturaleza. Sin embargo, como subraya Margarida Prats en la introducción, «ella es risueña, expansiva, impulsiva y melancólica; él es más reservado, irónico y reflexisivo». En el momento de ese primer encuentro, la muchacha lleva casi una década luchando contra la enfermedad mientras que el poeta apenas hace un año que la tuberculosis lo ha aislado de su mundo, de la vida literaria en Lériida.

Son dos amigos inseparables que incluso se escriben incluso cuando la enfermedad los obliga a estar aislados. Lo comparten todo, pensando en un mundo diferente y mejor más allá de los muros del sanatorio. Cuando las tropas de Franco ganan la guerra, ellos son dos derrotados de un mundo que ha desaparecido para siempre.

En las primeras misivas vemos un tono respetuoso, donde no hay espacio para el tuteo. Es el caso de la carta en la que Màrius felicita a su amiga por su santo: «No cal dir, em penso, que la meva negligència a felicitar les amistats un dia fix és deguda a que les divideixo en dues categories. Aquelles a les quals no desitjo ni bé ni mal, i no m’interessa quedar-hi bé, i aquelles a les quals desitjo tota mena de ventures, no un sol dia a l’any, sinó cada dia, cada dia, encara que tampoc vegi la congruència d’expressar en data fixa, i reglamentada, un desig constant del meu esperit. Cal que digui (que digui, bis) que l’he posat a la segona categoria? –Si així cal, ho dic i ho signo».

La respuesta de Mercè está a la altura: Molt agraïda del vostre record i de la bona voluntat que heu tingut per mi. Tan ben dit quasi que em caldrà creure que es pot ésser feliç». En la misma carta, la joven agradece el envío de unos versos escritos por Torres. «Fa molt bonic, em va agradar molt si no fos qie també deixa, com les coses de Schubert, una mica de recança. Suposo que podrem parlar-ne aviat, no?», pregunta ella.

Y es que una de las virtudes de esta edición es que nos permite conocer la voz de Mercè Figueras, hasta ahora solamente intuidas en las cartas que le escribe el poeta enfermo. Ella se convierte en la confidente, en la inspiradora, en la musa que necesita Màrius Torres para tratar de soportar su agónica situación. Ella sabe cómo darle ánimos, cómo ofrecerle la esperanza hacia un mundo mejor, pese a que la Guerra Civil se haya encargado de hacer añicos los sueños de futuro. En las cartas ella se convierte en la «noia maca» o la «estimada vàlvula» mientras que él es el «estimat Nen».

Torres la escribe hasta el final, hasta que le quedan pocas fuerzas para redactar unas letras con las paredes de su habitación en Puig d’Olena como testigos. «Vine prest amb mi!», fue lo último que apuntó el poeta a su Mahalta.