Historia

Cuando la cultura apostó por fomentar la creación de lazos entre Cataluña y España

La Razón
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A lo largo de las décadas, especialmente durante el siglo pasado, fueron muchos los artistas e intelectuales que trataron de fomentar un diálogo constructivo y creativo entre Cataluña y España. Fue una manera de entender que se podía continuar dialogando, aunque en ocasiones fuera desde la discrepancia de ideas y planteamientos. Eso es lo que, por ejemplo, demuestra uno de los epistolarios más interesantes e intensos del siglo XX, como fue el mantenido entre Miguel de Unamuno y Joan Maragall. De él diría Dionisio Ridruejo que es «la perfecta ecuación que se da en ella entre la sinceridad y el afecto, entre la singularidad indomable del pensamiento de cada uno y la gran admiración recíproca que esa misma singularidad produce».

Desde «La Gaceta Literaria», la ambiciosa revista creada por el controvertido Ernesto Giménez Caballero, se intentó también fomentar el diálogo entre Cataluña y España, como lo demuestra la visita de intelectuales a Barcelona, en una comitiva encabezada por Ramón Gómez de la Serna e integrada por nombres como José Castillejo.

Homenaje a madrileños

Aquella era una propuesta puesta en marcha por Joan Estelrich que, en nombre de la intelectualidad catalana, «invita a los intelectuales madrileños a un homenaje en Barcelona, para corresponder a actos de simpatía madrileña en estos últimos años».

Entre los catalanes que apoyaron a Estelrich en su cometido se encontraba Santiago Rusiñol. Quien fuera una de las principales figuras del modernismo, convirtió el Cau Ferrat en uno de los escenarios más destacados de un entendimiento entre dos culturas, con la presencia en su casa de Sitges de autores españoles como, por ejemplo, comprobó personalmente Manuel de Falla.

En Sitges, en los años 20, se editó una revista de vanguardia que supo colaborar literaria y artísticamente entre España y Cataluña. «L'Amic de les Arts», la publicación promovida por Salvador Dalí, Sebastià Gasch o J. V. Foix, no dudó en contar también con autores como Federico García Lorca, Luis Buñuel o Pepín Bello, fomentando lazos y puentes, especialmente con el grupo de creadores de la Residencia de Estudiantes.

Durante los años del franquismo hubo quien trató de saltarse la norma de la dictadura e impulsar la cordialidad entre literaturas con diferencia de la lengua empleda. Pese a la prohibición del uso del catalán por parte de las huestes de Franco, algunos intelectuales quisieron promover en una serie de congresos de poesía la conversación que otros querían interrumpir. De esta manera, en Salamanca pudieron encontrarse Carles Riba y Vincente Aleixandre, Sebastià Gasch y Dionisio Ridruejo. Desde un planteamiento más artístico, pero también incluyendo a artistas se propuso algo parecido desde las míticas ediciones de la Rosa Vera dirigidas por Víctor María de Imbert y Jaume Pla. En una serie de trabajo desde Barcelona destinados a un público bibliófilo, pudieron coincidir el talento creativo de Josep Maria de Sagarra, Josep Pla o Josep Granyer con el de Blas de Otero, Luis Rosales o José Hierro. Otra publicación, en este caso desde Palma de Mallorca, la revista «Papeles de Son Armands» de Camilo José Cela tampoco renunció a reivindicar Cataluña pese a las trabas franquistas.