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Desde Rusia con Josep Pla

Destino rescata las crónicas que el escritor ampurdanés escribió en 1925 y su perfil de Andreu Nin

  • Josep Pla es uno de los mejores periodistas del siglo XX. «Viaje a Rusia» demuestra su maestría como reportero. Foto: La Razón
    Josep Pla es uno de los mejores periodistas del siglo XX. «Viaje a Rusia» demuestra su maestría como reportero. Foto: La Razón

Tiempo de lectura 4 min.

09 de septiembre de 2018. 07:58h

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Víctor Fernández Barcelona. 9/9/2018

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Josep Pla no es solamente una de las mejores cosas que ha dado la literatura catalana del siglo XX. Es también un de los mejores periodistas, alguien interesado por vivir en primera persona lo sucedido en un mundo en constante evolución. En este sentido, la revolución emprendida en Rusia en 1917 era un episodio suficientemente importante como para querer acercarse hasta la naciente Unión Soviética. Allí se fue el entonces joven escritor en 1925 surgiendo de todo eso uno de sus primeros libros, «Viaje a Rusia», que ahora publica Destino por primera vez en castellano en traducción de Marta Rebón. El volumen se completa con el retrato que Pla trazó de Andreu Nin, el político y sindicalista catalán con el que mantuvo una buena amistad y cuyo final sigue siendo uno de los grandes enigmas de la Guerra Civil.

Para Pla, este viaje a Rusia supone encontrar el material con el que escribe el segundo de sus libros. El de Palafrugell se une, de esta manera, a la serie de escritores y periodistas que ponen su tinta al servicio de la información, del querer saber qué ha ocurrido en Rusia. Pla es nuestro John Reed, nuestro Manuel Chaves Nogales, alguien que quiere andar por las mismas calles por donde han pasado Lenin y sus huestes. Y lo hace con un extraordinario talento.

El mismo Pla explica, a la manera de introducción, en este «Viaje a Rusia» el por qué de este libro: «En un momento dado, los amigos de la peña del Ateneo barcelonés creyeron que el diario “La Publicitat” tenía que publicar unos artículos sobre Rusia elaborados a través de un contacto directo. La idea de aquellos señores era que los artículos tenían que ser informativos, declaradamente periodísticos, sin engagement apriorístico, y estar redactados con el criterio que los ingleses quieren dar a entender cuando pronuncian la frase: “Wait and see”. Quizás algunos creyeron que la persona que podría intentar redactar esos escritos era yo, que ya hacía más de seis años que recorría el continente ejerciendo la profesión de periodista. Todas estas ilusiones se produjeron en los primeros meses del año 1925».

Gracias a los buenos oficios de Joaquim Borralleras, Pla pudo acceder a Andreu Nin quien llevaba años viviendo en Moscú y que sería en un importante apoyo en su excursión soviética. Al lado del autor de «El quadern gris» también estará durante esas semanas el periodista Eugeni Xammar y su esposa.

Cuando Pla llega a Rusia, Lenin ya lleva muy poco tiempo muerto y es Stalin quien se ha hecho con el poder. El escritor admite en su libro que la información que tenía del país hasta ese momento se limitaba a lo leído en los periódicos. Ya en el terreno se da cuenta que «en general, todo en Rusia –a pesar de que era verano– me pareció glacial; en general, me dio la impresión de que, entre las personas, pasaba una corriente de aire gélida».

El joven reportero de 28 años sigue el consejo que se le da desde la dirección de «La Publicitat»: «¡Cuente lo que vea!» Eso es lo que hace cuando habla de Moscú, de Leningrado, de sus ciudadanos, de los campesinos, del partido, el sindicato, el papel de la industria, el comercio e, incluso, el vodka, una bebida que, en ese momento de 1925, se elabora «rebajado y, en relación con el que se puede beber en Varsovia, muy aguado».

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