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«El contacto con bacterias los mil primeros días de vida es clave para el sistema inmunitario»

Mª Carmen Collado, Investigadora del CSIC en transmisión del microbioma de madres a hijos: «Adquirimos nuestro primer montón de bacterias en el canal de parto. En un futuro el trasplante de heces se normalizará»

  • Mª Carmen Collado / Foto: Miquel González/Shooting
    Mª Carmen Collado / Foto: Miquel González/Shooting

Tiempo de lectura 5 min.

25 de junio de 2018. 14:44h

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Montse Espanyol .  25/6/2018

Para todas las generaciones que aprendieron biología con la serie de dibujos animados «Érase una vez la vida», los microbios, familia de la que forman parte las bacterias, eran unos bichos narigudos con el pelo «punky» de color naranja y malos, muy malos. Aunque en el colegio todavía se estudia a los microbios como enemigos, lo cierto es que nuestra relación con ellos es más beneficiosa que patógena. En nuestro cuerpo, además de las células humanas, viven 40 billones de microorganismos, forman un ecosistema al que llaman microbioma, son 100 veces más la cantidad de estrellas que hay en la Vía Láctea y tienen un rol importante en nuestro sistema inmunitario. De ello se habló en el congreso internacional organizado por IrsiCaixa, la Obra Social «La Caixa» y la Generalitat esta semana: «The Barcelona Debates on Human Microbiome». En el que la investigadora del CSIC, Mª Carmen Collado, informó de la transmisión del microbioma de madre a hijo.

-Ahora resulta que los microbios son amigos

-La palabra bacteria ha tenido connotaciones negativas para la salud porque hay infecciones y problemas causados por bacterias patógenas. Pero nuestro organismo contiene bacterias que han evolucionado con nosotros y ejercen efectos beneficiosos. Las bacterias que vivien en nuestro organismo se conocen con el nombre de microbiota. Es un complejo ecosistema que si se desequilibra por estrés, una infección vírica o bacteriana crea problemas. El símil para entender el cuerpo humano es imaginar un ecosistema como el de la selva, el león sólo nos puede parecer malo pero juega un papel muy importante en el equilibrio de esa fauna y cuando se rompe ese equilibrio las consecuencias son negativas.

-¿Cómo incorporamos las bacterias a nuestro organismo?

-Llegan a nuestro organismo en el momento del nacimiento, aunque cada vez hay más estudios que demuestran que estamos expuestos a bacterias durante la gestación, incluso, en la concepción. Se sabe que el aparato reproductor femenino y masculino tienen bacterias. Pero la exposición a las bacterias antes del parto es limitada. El entorno en el que vive el bebé en el útero es bastante estéril y es en el momento del parto cuando tenemos contacto con el fluido vaginal, sangre, heces de la madre y el ambiente que las adquirimos y estimulan el sistema inmunitario.

-¿Y qué pasa con los niños que nacen con cesárea?

- Al no pasar por el canal vaginal, su primer contacto son con las bacterias ambientales.

-¿Hay diferencias entre unos y otros niños?

-Tienen una exposición bacteriana distinta. El que nace por parto natural tiene unas bacterias más parecidas a las de la madre y una mayor diversidad bacteriana. El niño nacido por cesárea tiene bacterias adquiridas en el ambiente hospitalario y a través del contacto con la piel. Hay estudios epidemiológicos que señalan que niños que han nacido por cesárea tienen más riesgo de padecer enfermedades no transmisibles como la obesidad o la diabetes.

-¿Y más alergias?

-Sí. La exposición bacteriana en los primeros mil días de vida es clave porque esa colonización se desarrolla en paralelo a la maduración del sistema inmune. Si este sistema inmune no se desarrolla y madura correctamente, hay mayor riesgo de problemas de salud. Hablamos de riesgo, el ambiente y la dieta juegan un papel clave.

-¿Qué importancia tiene la lactancia materna?

-Mucha. Además de aportar nutrientes, proporciona compuestos inmunológicos. La madre le transmite todo su conocimiento inmunológico al bebé. La leche materna contiene una gran cantidad de compuestos bioactivos, proteínas, péptidos, bacterias, oligosacáridos... Cada vez que el niño se alimenta, recibe estos compuestos bioactivos que contienen dianas específicas que fortalece un intestino en evolución.

-¿La leche de fórmula tiene todos estos compuestos?

-No, aunque cada vez son más completas.

-¿Las personas que viven juntas comparten bacterias?

-Y los animales también.

-¿Es una bueno que los niños tengan contacto con los perros?

-Es fundamental el contacto con los animales, excursiones al campo... tener contacto con una variedad de bacterias. Vivimos cada vez en un ambiente más limpio, la comida está más procesada e utilizamos jabones y antibióticos. Nuestra exposición a las bacterias cada vez es menor y eso repercute en la respuesta de nuestro sistema inmune frente a ciertos agentes.

-Y ¿que hay de la utilización de la microbiota para combatir enfermedades como el cáncer o el VIH?

-Los estudios aún son muy incipientes, pero enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes están relacionadas con alteraciones de la microbiota. Si entendemos qué papel juegan las bacterias en estas enfermedades podremos tener más armas para combatirlas.

-¿Por eso son importantes los bancos de heces que reclaman algunos hospitales?

-Se está investigando mucho sobre el trasplante fecal. Hay un 98% de eficacia en diarreas causadas por «clostridium difficile», la más habitual. Ayuda a equilibrar la microbiota. Se está trabajando también para problemas de obesidad. Pero hace falta más investigación: cómo definir el donante; si son las bacteria o los metabolitos los que ejercen el efecto; con qué método de administran las heces si con un edema, una pastilla o con sondas para llegar al intestino. Es algo en movimiento y lo acabaremos viendo. Barcelona y Madrid ya tienen hospitales que guardan muestras para estudiarlas, aunque no se utilizan como terapia.

-¿Qué futuro nos depara el estudio de la microbiota?

-Aún estamos conociendo su capacidad de interactuar con nuestros genes y de modular nuestra salud. Hay quien dice que somos más bacterias que seres humanos. El genoma bacteriano es más grande que el humano y es la epigenética la que estudia cómo las bacterias pueden controlar a genes que intervienen en una enfermedad.

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