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El hombre de las dos culturas

C. P. Snow presentaba en 1959 el error de separar ciencias y humanidades en un discurso mítico

  • Charles Percy Snow nació en 1905 en Leicester, Inglaterra
    Charles Percy Snow nació en 1905 en Leicester, Inglaterra
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

29 de octubre de 2018. 08:29h

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Carlos Sala.  Barcelona. 29/10/2018

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Todavía no sabía qué estaba haciendo en aquella universidad o, mejor dicho, todavía no sabía por qué no cogía un autobús y decía adiós para siempre. Aquello no le gustaba. Sabía de sobras los privilegios asociados con estudiar en Cambridge, lo que no sabía era por qué no podía renunciar a ellos. ¿Y si soy pobre, y si soy tonto, qué, cuál es el pecado? Si soy un cobarde, qué valor puede tener cualquier cosa que haga aquí, tenga Cambridge la aureola que tenga, se decía. La respuesta era siempre la misma, «¡Vete! ¡Huye!». Ni aún así.

Sin ánimo, se dirigió a al auditorio donde se iba a realizar la Sir Robert Rede´s Lecturer, acontecimiento anual que se remontaba a 1550.. Era el 7 de mayo de 1959, el día de su 20 cumpleaños, y pensó que ir a una conferencia el día de su aniversario era la representación perfecta de su desesperado aburrimiento vital. A partir de aquí, no se puede caer más bajo, pensaba.

El protagonista de la conferencia era el físico y escritor C. P. Snow con un discurso titulado «Las dos culturas». Él odiaba la dialéctica y los discursos binarios y toda simplificación de la vida a esencias, porque eso significaba que sólo era una persona triste, ni más ni menos, y no había más profundidad psicológica a la que agarrarse. Bostezó tan fuerte al sentarse en la séptima fila que dos de sus profesores, a los que reconoció porque suspiraron con la misma decepción que solían hacer al verle, le llamaron la atención. «Es mi cumpleaños», estuvo a punto de decirles.

Y entonces Snow empezó a hablar y por primera vez en mucho tiempo , el chico sintió algo de fuego en la sangre. «Muchas veces me he encontrado con personas en reuniones que, por las normas de la cultura tradicional, se piensa que tienen una elevada educación y miran con incredulidad a los científicos», decía Snow, «Una o dos veces, ha llegado al extremo de sentirme provocado y les he preguntado cuántos de ellos podrían recitarme la segunda ley de termodinámica. La respuesta siempre era fría, y simplemente era la pregunta equivalente a si le preguntabas a un científico por una obra de Shakespeare», concluía. El chico tenía ganas de levantarse y aplaudir, pero se contuvo. «Ahora creo que si yo hubiera hecho una pregunta aún más simple como ¿Qué entiende usted por masa, o aceleración?, que es el equivalente científico de decir ¿sabes leer?, no mas de uno de cada diez habrían sentido que yo estaba hablando el mismo idioma. Por lo tanto, mientras el gran edificio de la física moderna crece, la mayoría de la gente inteligente en Occidente tiene el mismo conocimiento científico que habría tenido su antepasado del neolítico»

El chico no pudo contenerse y con una sonora carcajada se levantó y empezó a aplaudir. En realidad no, claro que se contuvo, pero algo se había despertado en su interior, un odio primario reafirmado hacia sus profesores elitistas de filología clásica, que según Snow eran imbéciles por lo menos porque no sabía lo que era la masa y la aceleración. El chico quizá nohabía entendido del todo aquel discurso, pero quizá sí.

Ahora en catalán

La editorial Àtic dels Llibres recupera ahora en catalán el icónico discurso de Charles Percy Snow «Les dues cultures» que en los 60 inició la conversación de la necesidad de unir puentes entre la llamada cultura científica y las humanidades. Considerado uno de los 100 libros más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, la conferencia insta a influir en la educación para evitar la ramificación absoluta de los dos papeles troncales de la cultura. «Como esta división artificial lo único que hace es crear ghettos y limitar el conocimiento, evita que completemos nuestra educación como deberíamos. Esto es lo que pedía Snow a gritos, pero con mucha educación», escribe el divulgador científico en el prólogo del libro.

El libro también incluye los escritos que hizo después de aquel célebre 7 de mayo de 1959 en los que incidía todavía más en el fondo de su tesis, que la división del conocimiento sólo crea hombres deformes, amputados y, por tanto, monstruosos. «La división de nuestra cultura nos hace más obtusos de lo que hemos de ser. No podremos entender el mundo como lo hacían Piero della Francesca, Pascal o Goethe, pero podemos educar a nuestras mejores mentes para que no se cierren a la experiencias de la imaginación de las artes y las ciencias», concluía.

En realidad, la conferencia pasó en un principio desapercibida, pero las críticas que recibió unos años después por parte de célebres críticos literarios la puso en el centro de la opinión pública. En cualquier caso, su discusión sigue tan relevante hoy como aquel entonces. Por supuesto, Snow, como físico, se ponía claramente a favor de los científicos, a los que les otorgaba el papel principal de conformadores y definidores del futuro, mientras a los intelectuales les otorgaba una extraña y mal disimulada segunda posición, incluso llegando a deconfiar de ellos, poniendo como ejemplo a Erza Pound, Yeates o Wyndham Lewis y sus supuestas simpatías por la extrema derecha. ¿No se podía fiar de los poetas? ¿Acaso la ciencia no lo hacen hombres con las más diversas tendencias? ¿La ciencia es pura, la poesía es barro? Snow era, en realidad, un mal escritor porque se tomaba la escritura como hobby, eso está clarísimo y quería un mundo de científicos y malos novelistas.

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