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El infierno son los otros

El argentino Pablo Messiez dirige en el Teatre Lliure la obra «El temps que estiguem junts»

  • Los jóvenes de la Kompanyia Lliure protagonizan el espectáculo de Pablo Messiez
    Los jóvenes de la Kompanyia Lliure protagonizan el espectáculo de Pablo Messiez
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

14 de febrero de 2018. 08:46h

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Carlos Sala.  Barcelona. 14/2/2018

Cada día, a las nueve de la noche, Pablo de la Nuez se levanta de su siesta y se toma una gran taza de té con leche. Luego va al lavabo, se ducha, mira su rostro envejecido en el espejo y se corta un poco el pelo para que no parezca que ha perdido el tiempo. Es una manía que tiene, que responde a una lógica un poco errónea, difícil de entender, pero que nadie debería juzgar. «¡Qué pasa, eres idiota!», le grita cada día su mujer, cinco minutos después, antes de que Pablo cierre la puerta de casa y se marche. Parece una declaración un poco arbitraria, difícil de entender, pero tampoco nadie debería juzgarla. Como llega tarde a su trabajo, Pablo es portero de noche en la sede de una gran empresa editorial, sale pitando de casa y deja el lavabo hecho un desastre. Su mujer tiene que limpiarlo después. No importa cuántas veces y con cuánto ardor le ha dicho que no lo haga más, Pablo siempre reincide. A veces ella no entiende por qué diablos lo limpia todo después. «¡Qué pasa, eres idiota!», se dice, pero no debería juzgarse con tanta inquina.

Una cosa está clarísima, la convivencia entre contrarios nos hace a todos idiotas. Nunca ocurre al revés, nunca nadie convive con otro y los dos realzan sus partes positivas, sino que se enbrutecen y envilecen unos a otros. Y nadie debería juzgarlos, porque la alternativa, la soledad, la pureza, la limpieza y libertad cristalina de ser uno y sólo uno en el mundo es sinónimo de locura. Cuando Sartre decía que «el infierno son los otros», estaba afirmando que sólo en el infierno somos conscientes de ser, porque los que no están en contacto con contrarios, no tienen ese espejo donde verse. O sea que todos buscamos la idiotez y el infierno, más que la claridad y el paraíso, y nadie debería juzgarnos por ello. Somos idiotas.

El Teatre lliure investiga el drama de la convivencia en «El temps que estiguem junts», una obra creada y dirigida por el argentino Pablo Messiez y que ha convertido a los jóvenes actores de la Kompanyia Lliure en personajes en busca de entender mejor qué hay de bueno en buscar el contacto con nuestros semejantes. «La obra se pregunta si para estar juntos es mejor callar o es mejor hablar, qué movimiento hacemos para hablar y acercarnos unos a otros», dice Messiez.

El Espai Lliure acoge del 16 de febrero al 11 de marzo una obra que podría dividirse en dos. Por un lado, en un plano más realista, vemos la vida en común de una joven pareja y todos los procesos por los que pasa su relación en base a sus pequeñas rutinas diarias. Paralelamente, en una serie de monólogos, asistimos a una reunión de los llamados «inconsolables», jóvenes traumatizados por un pasado horrible que se juntan como terapia para buscar la luz en tanta oscuridad. Como si de una reunión de alcohólicos anónimos se tratara confesaran sus problemas, pero también iniciarán una serie de ejercicios y juegos para intentar romper la conexiones lógicas que los mantienen tristes y atenazados, liberándolos por fin de la conmiseración y la falacia de la tristeza. «Me interesaba explorar un teatro de múltiples lenguajes, donde no todo esté basado en la palabra y la razón. Me interesa plantear que no sólo hay un teatro y que el movimiento, la música, la luz y puesta en escena, todo puede afectar directamente al espectador sin necesidad de un discurso lingüístico”, dice el director.

El proceso de creación del montaje ha sido singular. Messiez realizó una serie de talleres con la compañía «para conocerlos y ver qué podíamos hacer juntos». Durante diez días, en encuentros que duraron cinco días, fueron probando cosas, realizando ejercicios o proponiendo juegos para que los actores revelaran poco a poco su idiosincrasia interior. Luego, en diciembre, empezaron los ensayos con las cartas sobre la mesa. El director presentó entre 15 y 20 monólogos y los actores empezaron a escoger qué personajes querían representar. Una vez decididos los papeles y los monólogos, empezó el trabajo de orfebre de juntar unos con otros y completar el puzzle. «El proceso me permitió intuir y empezar a conocer a los actores, descubrir qué les movía por dentro. Son un grupo joven, pero muy sólido y variopinto, lo que me iba de fábula para pensar en la función», asegura Messiez.

Dónde: Teatre Lliure de Montjuïc. Barcelona.

Cuándo: del 16 de febrero a 11 de marzo.

Cuánto: De 22,50 a 26,50 euros

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