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La escuela no sabe motivar a los niños que sacan malas notas, según el 40% de sus familias

La Fundació Bofill alerta de que 3 de cada 10 padres temen no tener dinero para pagar estudios o refuerzo escolar a sus hijos

  • Los centros educativos deben tener más disponibilidad para las familias que lo necesitan y potenciar la figura del tutor, para eso, como reclama la USTEC, se requieren más profesores / Foto: Shooting
    Los centros educativos deben tener más disponibilidad para las familias que lo necesitan y potenciar la figura del tutor, para eso, como reclama la USTEC, se requieren más profesores / Foto: Shooting

Tiempo de lectura 4 min.

18 de octubre de 2018. 07:59h

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Montse Espanyol.  18/10/2018

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La educación de la generación del futuro es cosa de dos, de las familias y de las escuelas. Por eso es crucial el diálogo entre ambos. Pero mientras que en la guardería el 80% de los padres habla con el profesor siempre que lo necesita y es anecdótico aquel padre o madre que no sabe quién es el maestro de su hijo, a medida que los niños crecen la relación entre la escuela y las familias se va perdiendo. Sobre todo, cuando los niños acaban primaria, lo que es un sinsentido porque es en la ESO cuando se manifiestan los problemas que pueden derivar en fracaso escolar. En secundaria, el 60% de las familias admite que no se ve con el tutor de su hijo siempre que lo necesita. Es un dato a tener en cuenta del último edubarómetro de la Fundació Jaume Bofill que pregunta a las familias «cómo valoran el acompañamiento de los centros escolares a las necesidades de sus hijos».

La encuesta cuenta con una muestra extraordinaria: 9.794 padres y madres de menores entre 1 y 18 años. Y lo primero que deben anotar los profesores es que las familias reclaman más y mejor acompañamiento e información para poder ayudar a sus hijos. «La diferencia entre el éxito y el fracaso está en la capacidad que tenemos de acompañar al alumno», reflexionaba ayer el director de la Fundación Jaume Bofill, Ismael Palacin, durante la presentación del informe, liderado por la directora del área de investigación, Mònica Nadal.

Un 20% de las familias se muestra claramente insatisfecha con la información y las orientaciones que reciben de la escuela y con la atención que tienen sus hijos. Y lo más preocupante es que no confía en que el centro pueda resolver sus problemas. Además, otro 20% de las familias valora con puntuaciones mediocres la información y el acompañamiento de los profesores y echan de menos una orientación sobre cómo ayudar a sus hijos en los estudios. Las familias con los niños que no van bien en la escuela, que a menudo coinciden con las que tienen un nivel formativo más bajo, son las que están más descontentas.

Más del 40% de las familias con hijos en riesgo de fracaso escolar cree que su centro no entiende, no motiva ni se esfuerza para acompañarlos. Entre estas familias, un 45% dice no disponer de la información necesaria para ayudar a sus hijos en los estudios y un 36% teme que no pueda pagarles los estudios o el refuerzo escolar que necesiten. Esta cifra baja al 27% de padres y madres, «lo que muestra que el dinero puede llegar a ser un problema para las familias que temes no poder asegurar a sus hijos una trayectoria académica exitosa», precisó Nadal. Del informe se desprende que los centros educativos deben tener más disponibilidad para las familias que lo necesitan y potenciar la figura del tutor. Coincide con el sindicato Ustec en que faltan maestros para dedicar más horas a una atención personalizada.

Uno de cada cuatro niños vive en la pobreza

«Save the Children» alertó ayer con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza de que el 27,7% de los niños de Cataluña viven en situación de pobreza o de exclusión social. Uno de cada cuatro niños catalanes es pobre. La pobreza infantil y juvenil duplica a la de ancianos tras la crisis. La tasa de pobreza infantil sigue siendo mucho más alta que la del resto de la población. Y quienes lo viven con más dureza son los niños que viven en hogares de madres solas. En un año, la pobreza infantil ha crecido un 10,6%.

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