La maravilla de pintar con las manos

La Fundación Mapfre acoge la exposición: «Tocar el color. La renovación del pastel» donde se reivindica una técnica pictórica ninguneada dentro de la historia del arte oficial

La Fundación Mapfre acoge la exposición: «Tocar el color. La renovación del pastel» donde se reivindica una técnica pictórica ninguneada dentro de la historia del arte oficial

Jean François Millet regresó a casa intentando no hacer ruído. Abrió el portalón temeroso del crujido de sus juntas y agradeció que todo estuviese a oscuras al entrar dentro del salón. Iba a dirigirse al fregadero de la cocina cuando una vela se encendió en el comedor y su mujer apareció con el rostro descosido. «¡Enséñame las manos!», exclamó, acercándose al pintor. «Déjame en paz mujer», contestó Millet a la defensiva e iba a encender el grifo cuando vio que su mujer ya le había agarrado las muñecas. Miró sus palmas y vio que estaban cubiertas de polvos de múltiples colores. «¡No habíamos dicho que no ibas a perder más el tiempo con el pastel!», exclamó ella fuera de sí.

El pintor se enrojeció, sintió vergüenza, pero en segundos esa vergüenza se transformó en rabia y después en auténtica furia. Aquello no tenía buena pinta con un temperamento como el suyo. Pero no quería perder el control, sólo quería que su mujer viera lo que había hecho. «Maldita sea, Catherine Lemaire, que tiene de malo», gritó. «Lo hago por y para ti», añadió y le acercó el cuadro en el que había estado trabajando, un retrato de su mujer tendida sobre una cama sin deshacer, vestida, ligeramente en escorzo, como si estuviese descansando después de un largo día. «¿No te gusta?», preguntó Millet esperanzado, feliz de ver que su mujer parecía emocionada ante su obra. Sin embargo, la mujer contrajo lo que había parecido una sonrisa y se limitó a romper la tabla del cuadro por la mitad ante la estupefacción de su marido. «¡Ahora repítelo al óleo, por favor, y deja los pasteles a los niños», dijo con seriedad y se fue a estirar a la cama que había pintado su marido.

La técnica del pastel ha sido una de las más subestimadas por la historia del arte, que a veces ha esquinado sus obras como simples estudios preparatorios o trabajos secundarios dentro del corpus del trabajo de los grandes artistas. Sin embargo, desde el siglo XIX, se conviritó en un auténtico hito expresivo, con tintes poéticos y simbólicos mucho mayores que la pintura al óleo.

La Fundación Mapfre acoge ahora la exposición «Tocar el color. La renovación del pastel», una muestra que pretende reivindicar una técnica maltratada por la historia y que, además, su fragilidad ha semiocultado lejos del público. A partir de la cesión de obras de más de 70 coleccionistas e instituciones diferentes, la exposición propone un viaje alternativo por la historia del arte a través de las obras al pastel de genios como Millet, Picasso, Miró, Degas, Redon o Boudin, entre muchos otros. «Es muy complicado ver juntas estas obras porque su fragilidad inherente hace muy difícil que viajen. Por eso es una exposición extraordinaria», comenta el comisario de la exposición, Philippe Saunier, que fue responsable entre 2008 y 2011 de la colección de pasteles del Museo de Orsay de París.

Un centenar de piezas

En total se exhiben 96 obras de 68 artistas, en diez secciones diferentes, en las que se profundiza en la historia del resurgimiento del pastel, poniendo de relieve sus figuras más destacadas y sus principales episodios hasta inicios del siglo XX, cuando, por ejemplo, Picasso la empleó en un clásico como «Estudio de manos», de 1921, o Miró en «Bosque de Bellver», de 1910. «La técnica fue salvado en el siglo XIX por los paisajistas, que lo utilizaron mucho, en parte porque los bastoncitos de pastel son muy fáciles de transportar, no necesitan secado y ofrecen unos tonos de acabado mate, pero con colores muy vivos», dice Saunier.