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Los autos sacramentales son puro cabaret

Xavier Albertí dirige en el TNC «El gran mercado del mundo», el gran clásico de Calderón de la Barca

  • El elenco de “El gran mercado del mundo” en acción
    El elenco de “El gran mercado del mundo” en acción /

    May Zirkus

Tiempo de lectura 4 min.

12 de mayo de 2019. 21:06h

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12/5/2019

Ricardo subió al tren que le tenía que llevar a Toledo algo renqueante. Un señor muy grande le había pisado el pie malo y oyó al instante un crack horrible y matador. Él no blasfemaba nunca, no, pero blasfemó, hasta una señora que le oyó se le murió un poquito el corazón. Guardó su equipaje y se apoyó en la ventana para dormir un poco y así poder olvidar el dolor. No pudo. No le dejaron. En ese instante, el mismo señor grande se sentó a su lado y le sonrió con amabilidad. «Buenas tardes, me llamo Ira, espero que no le moleste que me siente a su lado», dijo. «¿Molestarme? A mí me llamaban Ricardo Dos Pies, pero ahora creo que seré Pie y medio. No, nada puede molestarme ya».

Ira sonrió sin entender, cuando en ese momento dos jóvenes señoritas se sentaron enfrente suyo. «Buenas tardes», dijo la más alta, «me llamo Lujuria y mi amiga Soberbia. ¿Saben si este tren pasa por algún teatro? Nos encantan los teatros. Los preferimos a los pozos incluso».Ira miró a Ricardo y éste miró por la ventana y pensó que sería maravilloso ver cómo se abría la tierra y se acababa todo. Le dolía mucho el pie.

En ese momento, un hombre con sombrero y bigote en forma de dedo que se levanta y te manda al infierno, entró al vagón y al ver a las dos señoritas se acercó extático. «¡Chicas, que estáis haciendo aquí!», exclamó, abrazándolas efusivamente, tanto que hasta unas ranas en el estanque se sonrojaron. A cierta velocidad, todo es erótico. Ricardo no apartó la mirada de la ventana en busca del fin del mundo. No apareció. «¡Avaricia, cuánto tiempo! ¿No está Gula contigo?», preguntó la más pequeña. «¿No te has enterado? Gula ha desaparecido. Hace años que nadie la ha visto. Yo estoy convencido que Envidia la mató, pero negaré que he dicho tal cosa», dijo Avaricia y se rió.

Ricardo ya no podía más. Le dolía demasiado el pie. «¡Y Decencia o Vergüenza o Estupidez, nadie las conoce, porque yo juraría que sí», exclamó de mal humor. Las chicas le miraron con pena. «Shhhh», gritó entonces Pereza, que estaba también allí, pero le había dado pereza presentarse. En ese momento, el tren descarriló matando a todos los pecados capitales. Sólo Ricardo sobrevivió, el muy rata, demostrando que las personas siempre pueden ser mucho peores que todos sus pecados.

Una mirada renovada

El director artístico del Teatre Nacional de Catalunya (TNC), Xavier Albertí, se une a la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) para insuflar nueva vida a los hoy semiolvidados autos sacramentales. De esta forma, a partir del 15 de mayo el TNC acogerá una nueva adaptación de «El gran mercado del mundo», de Calderón de la Barca, pero con un nuevo barniz, lleno de color yentusiasmo para quitar el lúgubre aspecto rancio que ha adquirido este tipo de obras con el tiempo. «Desde el respeto escrupuloso al texto, hemos intentado ofrecer una síntesis escénica alejada del oscurantismo donde ha estado encasillada», afirma Albertí, añadiendo que «creo que tenemos la responsabilidad de poner en valor los autos sacramentales, reivindicar su riqueza filosófica y sacarlos de la espesa niebla con fragancia eucarística en la que han estado escondidos».

De esta forma, Albertí, inspirado en la Commedia dell'arte, moderniza la puesta en escena y la sitúa en una vibrante feria de atracciones a medio camino de un gran cabaret exterior donde da la sensación que todo puede suceder. Allí veremos a personajes alegóricos como Fama, Soberbia, Humildad, Inocencia, Malicia o Desengaño realizar una parábola moral que todavía resuena en la contemporáneidad. «La obra anticipó la imposición de las doctrinas del mercado, mucho antes de que el capitalismo se volviera religión», asegura el director de escena.

En escena aparecerán catorce intérpretes, de actores especializados en el Siglo de Oro a músicos especialistas en cabaret y bailarines coreógrafos. De esta forma, veremos al contratenos Jordi Domènech interpretar a Herejía o al bailarín Roberto G. Alonso ser Lascivia. El propio Alonso se encarga del movimiento de los actores. «Es una gran fiesta teatral dirigida a un espectro amplísimo de la sociedad, como la tragedia griega o las revisas musicales del Paralelo barcelonés «, concluye Albertí.

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