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Odisea mon amour

La compañía Cor de Teatre lleva al TNC su espectacular fusión polifónica de los textos homéricos

  • Las coreografías en las batallas son un espectáculo de fuerza y energía expresiva que hará las delicias del público que se acerque a ver la obra / Foto: David Ruano
    Las coreografías en las batallas son un espectáculo de fuerza y energía expresiva que hará las delicias del público que se acerque a ver la obra / Foto: David Ruano
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de diciembre de 2018. 08:21h

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Carlos Sala.  Barcelona. 7/12/2018

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Cada noche, cuando Fran se iba a dormir, su madre le contaba una de las aventuras de Ulises, un héroe de extraordinarias proporciones que vivió en la antigua Grecia, siempre valiente en sus combates al borde del abismo. Le movía el amor, el deseo, el misterio, la violencia, la venganza y el desdén, la esencia de lo que es estar vivo, y era muy listo y astuto, capaz de lograr cualquier cosa. Fran se quedaba dormido cada noche creyéndose un león, con el pecho enchido y ganas de gritar, «¡por Ítaca!». Su padre insistía después a su madre que dejase de una vez de contarle esas historias, pero no le hacían caso.

Sus sueños siempre eran respuestas a esa intensa emoción que sentía al oir aquellas historias, la misma emoción que convertía a un niño en un hombre, a un hombre en un héroe, y a un héroe en un Dios. A veces, Fran se levantaba de madrugada gritando «¡nooo!» con el brazo extendido y el puño cerrado como si blandiese una espada contra sus enemigos. Su padre entonces obligaba a su madre a que fuese a ver qué le pasaba al chiquillo y le rogaba una vez más que dejase de contar esas historias. «No puedo, le encantan», contestaba ella. «Estamos forjando un carácter apasionado y vivo», añadía después. «¡Yo lo que quiero es forjar un niño dormido!», decía el padre y desistía de discutir.

Su madre, una profesora de lengua española del Instituto Josep Guarner de Les Corts, empezó a contarle aquellas historias cuando tenía 6 años. Comenzó con las hazañas de Ulises en la guerra de Troya, sus batallas, sus artimañas, su furor, sus asesinatos de Molión, Hipódamo, Deyopites, Toón, Énnomo, Quersidamante, Cárope, Soco y tantos otros. Y cada noche, el niño saltaba de la cama a las cuatro de la madrugada con ese «¡noooo!» histérico blandiendo su espada invisible y ganando la batalla. «¿Al menos siempre gana la batalla, no?», preguntaba temeroso su padre.

Tendría ya unos siete años cuando su madre le contó la trama del caballo de Troya. El niño estuvo una noche entera sin dormir reviviendo una y otra vez lo que acababa de oir, entusiasmado. Que listos y astutos eran esos griegos, pensaba, y cuando por fin se durmió dos días después se sintió un zorro que asaltaba la granja de su tío Antonio y se marchaba con la gallina más grande en la boca. «Auuuhhg», aulló aquella noche y su padre miró a su madre descorazonado. «Espero que sepas lo que estás haciendo», dijo, porque su mujer era la pedagoga, tenía que saber lo que era mejor para la educación del niño.

A los ocho años sabía todos los episodios del regreso de Ulises a Ítaca. Sus encuentros con sirenas, cíclopes, cicones, lotófagos, hechiceras, espectros. Y todas las noches su padre se levantaba a las cuatro de la madrugada y gritaba «¡basta!», después de que le despertasen los aullidos y jaleos de aquel niño al que había expulsado del colegio una semana por haber clavado un tenedor en la mano al infame Pedro el melón, hijo de Josep el tendero, que había intentado robarle la manzana del almuerzo. «¡Esto tiene que acabar ya!», dijo su padre aquella noche. Su madre le tapó la boca con la mano y le aseguró que el furor de Zeus caería sobre él si no dejaba en paz al niño. El padre , tembloroso, empezó a entender entonces que nunca debió de preocuparse por el niño, sino por la madre. Aquella noche fue papá quien le explicó el cuento al niño, pero no fue lo mismo.

La compañía Cor de Teatre lleva al Teatre Nacional de Catalunya (TNC) el espectáculo polifónico-teatral «Troia, una veritable Odissea!», una brillante fusión de las cúspides de la pética homeriana, la «Ilíada» y la «Odissea», que mezclan con música coral de Wolfgang Amadeus Mozart, Giuseppe Verdi y Johann Sebastian Bach, entre otros. Del 13 al 30 de diciembre se podrá ver una obra que explica esta historia fundacional de la cultura «como nunca la habían explicado antes».

Voces y coros y dioses

Con 30 cantantes e intérpretes en escena, el montaje, totalmente inmersivo, acerca la históricas visicitudes de Ulises a un público contemporáneo, con una estética moderna, pero una atmósfera atemporal a partir de las épicas partituras de monstruos como Wagner, Haëndel, Purcell, Bizet, Dvorak o Grieg. Entre la música que se podrá oir hay obras maestras de la talla de «Peer Gynt», «Carmen», «La flauta mágica», «Las valquirias» o los «Requiem» de Dvorak, Verdi y Mozart. «Es una fusión escénica y musical potente, expresiva y muy plástica de unas obras literarias y unas piezas musicales imprescindibles para las humanidades», afirma su director escénico, Joan Maria Segura. La obra arranca con una presentación de la acción desde el Olimpo de los dioses y a partir de allí se escenificarán los diferentes episodios sin apenas palabras, sólo una coreografía muy visual y potente y el canto coral hasta celebrar la llegada de la paz a Ítaca. Y el público creerá vivir este recorrido en primera persona. «La obra acaricia todos los sentidos y hará al final reflexionar al público sobre el odio, la guerra y la libertad», señala David Costa, director musical de la pieza y su adaptador.

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