Rajoy apela al voto útil para recuperar terreno en Lleida

El presidente del Gobierno en funciones y del Partido Popular, Mariano Rajoy, saluda a un simpatizante.
El presidente del Gobierno en funciones y del Partido Popular, Mariano Rajoy, saluda a un simpatizante.

El PP se disputa un escaño con PSC y CC en la provincia catalana.

A Mariano Rajoy llegaron a apodarle «el catalán» en casa por la infinidad de veces que viajó a Cataluña en la campaña de 2011 para desmontar el mito de que el PP es el enemigo de los catalanes y recortar distancias con los socialistas. Los 17 escaños de ventaja que el PSC le sacó al PP en 2008 fueron claves para aupar a Rodríguez Zapatero a la Moncloa y si los populares tuvieron que arremangarse para reducir esa distancia. De eso hace ya cinco años, en los han irrumpido nuevas fuerzas políticas que han firmado la hoja de defunción del bipartidismo. La llave del Gobierno para el PP ya no depende de superar a los socialistas; entran en juego otros actores. Pero en Lleida, el PP revive el cuerpo a cuerpo con el PSOE para recuperar el escaño que perdió el 20-D –aunque no debería menospreciar a CDC, que está invirtiendo muchos esfuerzos para sumar aquí el segundo diputado–.

Lleida es una de las diez circunscripciones donde el último escaño estuvo muy reñido el 20-D y puede cambiar de manos por un puñado de votos. El PSC arrebató ese diputado al PP por apenas 2.000 votos. Para recuperarlo, los populares no han escatimado esfuerzos. Con excepción de un desayuno-coloquio el martes en Barcelona, Lleida es el único punto de Cataluña que Rajoy incluyó en su «tournée» electoral.

Pedro Sánchez también debía venir, pero igual que Santa Coloma o el desayuno-coloquio en Barcelona, que ha anulado para salir en «El Hormiguero», Lleida se cayó de su agenda. «No ha venido porque dan el escaño por perdido», subrayó el candidato popular de la provincia, José Ignacio Llorens. Pero aunque en campaña se bata en duelo con Sánchez, el PP sigue prefiriendo un pacto con el PSOE para formar Gobierno y evitar unas terceras elecciones que, según dijo Rajoy en una conversación informal con la Prensa, serían un ridículo mundial. La fórmula en la que se inspira para forjar esta gran coalición es la alemana, integrar ministros socialistas a su ejecutivo.

Antes de negociar, toca pelear. Y para hacerse con el diputado de Lleida y con otros tantos de 25 provincias en las que ni PP ni Ciutadans obtuvieron representación, Rajoy pidió el voto útil de los moderados. De socialistas, ciudadanos, pero también de los 4.839 ilerdenses que el 20-D optaron por Unió.

Lo hizo tras analizar todas las encuestas que salieron ayer domingo. Alertó de que «los radicales y extremistas van a ser segunda fuerza en España», y para evitar que Pablo Iglesias le releve al frente del Gobierno pidió a los ciudadanos moderados que no quieren gobiernos a la griega ni a la venezolana que concentren sus votos en el PP. «Concentrar voto inteligente en el PP es lo que nos va a permitir ganar», proclamó.

Rajoy insistió en que los extremismos no traen nada bueno. Como muestra expuso las políticas de los ayuntamientos de Madrid y Barcelona. En la capital catalana, recordó por ejemplo que «no se pueden construir hoteles hasta que lo diga la alcaldesa», una decisión que a su parecer «perjudica la economía de la ciudad». También puso el ejemplo el calvario que está viviendo Carles Puigdemontpor haber pactado con la CUP.

El portavoz de Comú de Lleida, marca que representa a Podemos en la Paeria, Carlos González, le hizo un regalo a Rajoy cuando irrumpió junto a compañeros de la PAH en el mitin para protestar en contra los desahucios. El concejal fue invitado a marchar al empezar el mitin, pero dos activistas de la PAH pasaron desapercibidos e interrumpieron el discurso del candidato popular. Su actuación sirvió al popular para reforzar el mensaje de «Podemos igual a radicales».

En su paso por Cataluña, no pudo obviar el conflicto territorial. En juego no sólo está la recuperación económica, avisó, también está la soberanía nacional, porque «hay quien quiere hacer un referéndum para romper España». «Y la unidad de España no se toca», advirtió. Por si los ciudadanos no le hacen caso, lanzó un mensaje a sus rivales para desencallar la formación de un nuevo Gobierno. Introdujo una variable al mensaje que el Círculo de Economía trasladó a los candidatos, que gobierne la lista más votada haya o no acuerdo.