Realidad y mito de Paco Martínez Soria

La producción sobre el intérprete empezó a rodarse el pasado 2015 en barcelona

Un documental recorre la biografía de uno de los nombres más emblemáticos de la cinematografía española.

Está considerado como uno de los nombres míticos del cine español de todos los tiempos. Sus películas siguen logrando altas audiencias cada vez que llegan a la pequeña pantalla. Algo debe tener este actor, cuyos restos reposan en Cabrera de Mar, el pueblo del Maresme en el que tuvo casa durante muchos años.

La pasión y el sacrificio de Martínez Soria se recogerá por primera vez en un documental que repasa la trayectoria del cómico a través de los testimonios de compañeros de oficio, familiares y críticos de cine. Bajo el título «El precio de la risa», la cinta, que se encuentra en fase de postproducción, hace referencia a «todo lo que tuvo que sacrificar durante su vida, tanto en lo personal como en lo profesional para conseguir la risa del público al que se entregaba en cada función y en cada película», relata a Efe el director del documental, Gabriel Lechón.

«Largas giras fuera de casa sin ver a su mujer y sus hijos, la dura etapa de la posguerra, incluso se arruinó varias veces hasta que finalmente consiguió ser un empresario de éxito», explica el director, que junto a su compañero, el guionista Pablo Urueña, se empeñó en mostrar en imágenes la figura del cómico, que todavía no se había plasmado en un documental biográfico.

Así, a principios de 2015 los dos jóvenes comenzaron la andadura fílmica y, «con cero medios», realizaron un «viaje exprés» a Barcelona, para conocer a una de sus hijas, Consuelo. También se reunieron con el autor de la biografía de Martínez Soria, Javier Lafuente.

Lo que más les llamó la atención es el amor que sentía el turiasonense por el teatro. De hecho, recuerda Lechón, «empezó representando a Shakespeare y Moliere», algo que contrasta muchísimo con lo que hoy en día se recuerda de él, «que es posiblemente la escena de “La ciudad no es para mí” de las gallinas y el semáforo», bromea.

«Era una persona apasionada por el teatro y que se hizo famoso por el cine, aunque el dinero que ganaba lo seguía invirtiendo en su compañía teatral», apunta la productora María López Insausti. Ella hizo énfasis en lo «valioso» del testimonio, ya que «fue un cómico desprestigiado por la época en la que desarrolló su trayectoria» y que, sin embargo, conectaba y sigue conectando muy bien con el público, por lo que pretenden «poner en valor su figura».

Un personaje que reflejó en el cine asuntos como la inmigración del pueblo a la ciudad o el cambio generacional y que se recuerda, junto a su personalidad, con entrevistas a críticos de cine como Juan Mariné y a compañeros de profesión como los actores José Sacristán o Gutiérrez Caba, que rememoran al actor con «inmenso cariño», destaca el director. Testimonios también de sus allegados y familiares, como su hijo Francesc, que es monje de clausura en el monasterio de Santa María de Poblet y que les brindó «una entrevista muy especial», resalta el director.